
La era de la Inteligencia Artificial está desatando la carrera por la automatización, pero velocidad no es lo mismo que progreso. Hoy, el verdadero punto de partida para cualquier avance tecnológico no es el software, sino la confianza. Transitamos un punto de inflexión que nos exige una gran responsabilidad: el éxito de la IA no se medirá por la sofisticación de los algoritmos, sino por la solidez de su gobernanza ética y la humanidad de quienes la lideran. Muchas personas en puestos jerárquicos aún observan a la tecnología como un mecanismo para sustituir colaboradores, buscando eficiencia en la mera reducción de costos. Es un diagnóstico equivocado. Las organizaciones que utilicen la IA únicamente para prescindir de las personas descubrirán, demasiado tarde, que han vaciado de propósito y creatividad el corazón de sus empresas.
El éxito de la IA no se medirá por la sofisticación de los algoritmos, sino por la solidez de su gobernanza ética y la humanidad de quienes la lideran
Esta discusión adquiere una urgencia particular en nuestro país. Recientemente, desde Salesforce presentamos el Índice Global de Preparación de IA. Las proyecciones globales son asombrosas: estimamos que la adopción de agentes de IA, trabajando mano a mano con humanos, aumentará un 327% en los próximos dos años, generando una ganancia en productividad del 30 por ciento. Sin embargo, en este índice la Argentina ocupa el último puesto en preparación para la IA agéntica entre los mercados analizados, significativamente por debajo del promedio global y detrás de Brasil y México.
Para acortar esta brecha, liderar con éxito y valores en este nuevo entorno, considero que existen tres mandatos:
1. La tecnología debe complementar a las personas (y debemos capacitarlas)
Los agentes autónomos son capaces de procesar volúmenes monumentales de información y ejecutar tareas a una escala sin precedentes. Sin embargo, su auténtico valor radica en liberar tiempo para que los profesionales se dediquen a lo que las máquinas nunca podrán replicar: el juicio crítico, la empatía, la creación de sentido y la estrategia.
Pero para que esto sea posible, debemos resolver una deuda urgente en educación y desarrollo. Nuestro índice reveló un crítico déficit en capital humano: la Argentina obtuvo una puntuación de apenas 2,9 sobre 10 en esta dimensión. De hecho, el 48% de los adultos encuestados en el país reporta que la escasez de trabajadores con habilidades digitales avanzadas está afectando negativamente sus lugares de trabajo. No podemos exigir una transición hacia la IA si seguimos formando competencias genéricas, ignorando habilidades clave para esta nueva era, como la escritura de prompts o el diseño de agentes inteligentes.
Al delegar lo rutinario a la fuerza laboral digital, devolvemos al trabajo humano su razón de ser, permitiendo que las personas asuman roles de supervisión y diseño creativo.
2. La innovación exige un marco ético irrenunciable, confianza y regulaciones claras
La confianza es el activo más valioso de la economía moderna. Sin embargo, el camino hacia la masificación de los agentes autónomos en el país se ve obstaculizado por una confianza pública y organizacional que todavía es baja. Las preocupaciones por la seguridad, la privacidad de los datos y los riesgos de decisiones automatizadas sin supervisión humana directa refuerzan la necesidad de contar con marcos de gobernanza sólidos y transparentes.
La confianza es el activo más valioso de la economía moderna
Una IA sostenible y de impacto positivo solo es viable si respeta las democracias, las leyes locales y la privacidad. En la Argentina, esto se traduce en defender el principio de finalidad de la Ley de Protección de Datos Personales (Ley 25.326). La información sensible de los ciudadanos y de los clientes le pertenece exclusivamente a ellos y nunca debe ser utilizada para entrenar modelos públicos sin su consentimiento.
Para hacer esto operativo, en Salesforce contamos con una Oficina de Uso Humano y Ético de la Tecnología que guía el desarrollo de cada una de nuestras herramientas bajo el principio de Inteligencia Artificial Explicable. Esto significa diseñar modelos transparentes que resuelvan el problema de la “caja negra” algorítmica: los operadores humanos y los clientes siempre deben comprender la lógica y las fuentes de datos detrás de cada decisión o recomendación de la IA. No se trata solo de cumplir con una lista de verificación técnica, sino de asumir un compromiso ético y de gobernanza de cara a la sociedad.
3. Mantener al ser humano en el centro de toda responsabilidad
La responsabilidad es un atributo intrínsecamente humano. Las decisiones críticas —comerciales, financieras, legales o sociales— requieren valores que no siguen la lógica de un código binario: compasión, ética y rendición de cuentas. En nuestra compañía, el principio de “Human-in-the-loop” (el humano en el centro del proceso) es la norma a seguir.
La Economía del Conocimiento es el tercer complejo exportador de la Argentina; esto habla de una resiliencia y un potencial global indiscutible
Este liderazgo humano requiere también de inversión concreta. El índice de Salesforce expuso que el país apenas registra una puntuación de 0,1 sobre 10 en inversión específica para IA agéntica, enfrentando dificultades para escalar proyectos debido a limitaciones en infraestructura (hardware, software y conectividad), bajo acceso a capital de riesgo y un déficit de integración entre la academia y la industria. No podemos competir con la IA en velocidad de procesamiento, pero sí podemos y debemos liderar desde aquello que nos hace irremplazablemente humanos: la formación en valores, el pensamiento crítico, la inversión en el talento local y la construcción de consensos a partir del diálogo.
El desafío por delante
Hoy la Economía del Conocimiento es el tercer complejo exportador de la Argentina; esto habla de una resiliencia y un potencial global indiscutible. Aunque estamos dando los primeros pasos explorando el uso de la IA en la administración pública, este crecimiento no se sostendrá solo con capacidad técnica o viento a favor macroeconómico. El presente exige a los líderes empresariales y gubernamentales salir de nuestra zona de confort para construir un camino común, con la valentía de adoptar la IA de manera responsable, transparente e invirtiendo en el talento de nuestros equipos.
La verdadera disrupción es cultural. El gran desafío de la Inteligencia Artificial no radica en las capacidades que adquieren las máquinas, sino en la oportunidad que nos brinda a los seres humanos de dejar atrás las tareas transaccionales y mecánicas para volver a enfocarnos en lo esencial. En esta nueva era, las empresas líderes de la Argentina serán aquellas que utilicen la potencia de los sistemas de IA para redoblar la apuesta por una gobernanza responsable, el valor del talento local y nuestra propia humanidad.
La autora es Directora General de Salesforce Argentina













