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La violencia social de la desigualdad

Manifestantes con banderas y pancartas pidiendo paz y el fin de la violencia marchan por una calle urbana durante el estallido social - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

La sociedad puede ser una desgracia, aunque haya justos y pecadores, porque no depende de la calidad de las personas, depende de la calidad de sociedad que construyen esas personas. Algunas ideas de construcción social están lejos de la realidad porque no son más que reacciones políticas/sociales/económicas que no terminan de comprender la dimensión de los problemas que se desarrollan en nuestras sociedades, la interacción de elementos, sus fricciones y conflictos, sus estratificaciones que constituyen condiciones de crisis que generan pobreza y desigualdad ignoradas. Las individualidades pueden ser brillantes pero su dinámica política colectiva puede permanentemente fracasar, en gran parte por una enorme falta de sentido de justicia colectiva. La construcción política no inteligente ha costado incontables crisis a nuestras sociedades. Más que la lógica de fracaso es la razón de no tener mecanismos para procesos exitosos, la gestión del fracaso en realidad se hace de manera bastante eficiente, manteniéndolo en un estado estructural de no-cambio.

Por todo ello, quienes han trabajado y compiten con mayor profundidad suelen ser quienes se atreven a abordar problemas complejos y encontrar soluciones que sean sostenibles. A veces se omite que la riqueza es una solución, pero solo es sostenible si se implementan prácticas políticas de inteligencia social y colectiva; si la riqueza es genuina y no capturada, así como si significa un estímulo a la inteligencia sistémica. Pero puede ocurrir que el dinero explorará teorías de la acción social desde una perspectiva sociométrica, esto hace que, si bien las teorías pueden ser inconsistentes, los números y las medidas sirven como excelente material de fundamentación. El dinero resumirá la idea básica para todos, la explicará en un lenguaje comprensible y mostrará cómo desenvolverse en el mundo con la mayor claridad, su inmediatez es irrefutable aun cuando su comportamiento sea errado.

Un problema sistémico esencial es el capitalismo de prebendas existente por sobre un capitalismo de mercado, lo cual genera disfuncionalidades sistémicas prácticamente irresolubles. Para combatir la desigualdad es necesario crear riqueza para impedir que el sistema se transforme en una redistribución de la miseria, pero el capitalismo de prebendas no crea riqueza, sino que tiene de rehén la riqueza existente o posible en el sistema. El mal funcionamiento del dinero lleva al mal funcionamiento del sistema. Pero el dinero siempre podrá justificarse a través de la consideración de ideas que trascienden la moralidad y la disfuncionalidad. A lo largo de los años, el dinero ha asumido el papel de la ciencia y de la educación en la sociedad, con posiciones sin revisar que han sostenido políticamente las disfuncionalidades y los malos resultados económicos.

Para el análisis de las desigualdades, las cuales en primer lugar aparecen bajo las disfuncionalidades de la lógica distributiva ya señaladas, ya que en esta dimensión es donde la asignación y reasignación de recursos va generando condiciones por las cuales se desarrollan vulnerabilidades y por las cuales se violan reglas fundamentales de integración social en beneficio de un experimento controlado por la distorsión que produce el capital cuando los beneficios que debería aportar a la sociedad son inexistentes. Ello se ha complementado con patrones de educación o ciencia social o política absurdos que proponen esquemas de erosión o desafectación a la creación de riquezas, con equivocadas lógicas de relativización por la acción pública.

El factor que conduce a la inferencia causal de la desigualdad es aquel que promueve la percepción social generalizada de inequidad, sea la inseguridad, sea la educación, sea la injusticia distributiva y que la acción social institucional no es del todo válida ni eficiente para resolver esos desajustes, sino que puede resultar incluso funcional a los mismos. Ello precisamente hace que las valiosas herramientas afirmativas sean desestimadas frente a resultados que surgen de diagramas causales/inducidos y dar preferencia a los resultados de los experimentos políticos naturales en que la igualdad se genera a través de la acumulación social de las reformas y la permeabilidad que genera en el sistema. Pero hay casas a las que nunca llegan esas reformas. Hay casas a las que nunca llega la estadística, e incluso la estadística tiene problemas de comprenderla por las condiciones psicológicas conscientes o inconscientes que llevan a las personas, o a las familias o a un grupo de personas a la lumpenización. Sin trabajar estas variables de dimensión psicológica de perder o perderse socialmente, la dimensión humana de la desigualdad nunca será resuelta.

Por ello debe decirse que el microgerenciamiento de las vulnerabilidades es imprescindible y permite extraer inferencias causales válidas a partir de las vidas observables sin necesidad de inducir experimentos sociales “matematizables”. El trabajo casa por casa en la política constituye una herramienta heurística, la cual permite ser usada inmediatamente antes de concluir que la desigualdad es causada por a, b y c a través de determinados procesos y, sin embargo, proveer soluciones concretas. La necesidad de trabajar y reformar otros factores que estén causando el aumento en las desigualdad y la pobreza puede ser utilizada en paralelo, pero es importante tener claro que hay gente que no es naturalmente recipiente de los resultados de reformas.

El controlar la desigualdad no se debe solamente a la observancia de la relación causal entre factores, sino también a que el sistema puede desencadenar una reacción negativa en las personas con determinadas vulnerabilidades (educativas, de locación, de origen económico, raza, sexo, exposición a la violencia y al crimen organizado), no necesariamente debido a algún factor moral oculto soslayado en el presente, aunque algo de eso puede haber en muchos casos. La ideología juega su papel negacionista desde la derecha y desde la izquierda. Es imprescindible no dejarse engañar por datos sesgados, ello generalmente es uno de los primeros problemas que se transforma en el principal; cuando la realidad deja de coincidir con el plan ideológico entonces se hace necesario distorsionar los datos de la realidad o ignorar dimensiones humanas de la realidad.

La lógica de la justicia científica en la acción social debe partir de la ‘teoría del perdedor social” y la argumentación de que la probabilidad no es solo una frecuencia, sino que mide con precisión la fuerza con la que las instituciones deberían tomar determinadas acciones dada la evidencia. La dimensión científica de la desigualdad puede ser vista desde la teoría de la probabilidades de James, recreando los supuestos más vinculados a las variables aleatorias y las secuencias de las mismas, y sobre los espacios de probabilidad estadística y variabilidad. Todo ello tiene un necesario impacto en el trabajo institucional.

El problema es que muchas veces se cae en categorizaciones institucionales que no reflejan las realidades conscientes del perdedor social. A medida que se descubren nuevas evidencias, las instituciones deberían actualizar sus políticas en función de una solidez real, pero el estado vegetativo en el que están hace eso imposible. Sin embargo, no debería ser imposible, en la región se podrían usar herramientas heurísticas permanentemente, pero siempre partiendo de una base o atacando un objetivo de vulnerabilidad concreto. Se deben evitar las trampas de la comunicación, que nos pueden hacer ver una solución como errada cuando es correcta y ver a una solución como correcta cuando es errada.

Por ejemplo, supongamos que una prueba para un determinado índice da positivo, y la prueba subyacente a eso es en realidad creada por la comunicación, y que si la comunicación falla ese índice no alterará la percepción existente. La precisión de la comunicación está casi con certeza relacionada con el apoyo social y político acumulativo que se cree. Pero si solo se trabaja reactivamente respecto a indicadores de vulnerabilidad la gente seguirá recibiendo alertas pues la verdadera percepción quedará relacionada únicamente con el nivel de pobreza. La medición de la evidencia de las desigualdades entonces resultantes nos envuelve en el uso del razonamiento de la información y los algoritmos de aprendizaje para medir la evidencia. Y, asimismo, debemos mencionar también que las capacidades tecnológicas y de uso de la tecnología ensanchan la brecha desigualdades de una manera multidimensional en el plano cultural, generacional, político, social y cultural, al alterar completamente las posibilidades de realizar denuncias, reclamos, participar políticamente, hacer trámites e integrarse socialmente, por ejemplo.

La justicia en la acción social se basa en una idea simple y es que el mensaje se transmite solo cuando se reduce a través del mismo la incertidumbre sobre el apoyo social. Si algo es completamente predecible, el aprendizaje carece de sentido y la verdad que hay detrás es absolutamente efímera. Pero aquí las políticas heurísticas que se adapten pueden ser muy muy útiles. Es decir, la retroalimentación solo confirma lo que ya se espera porque los datos en sí mismos no proporcionan información cuando todos están de acuerdo, cuando se esté aprendiendo o tomando decisiones deliberadamente, lo más importante son las señales inesperadas que dan las disfuncionalidades del sistema. A esos resultados que no coinciden con las expectativas de quienes predicen, que no descubren que ahí se esconden todos los mensajes importantes. Hoy en día, la desigualdad económica revela una trampa en la que incluso las políticas inteligentes caen y es parte integral de las intervenciones estatales, en la acción social, la búsqueda des-institucionalizada de justicia, sea en su estructura como en su funcionamiento, es al presente una forma de discriminación notoriamente cruel pues desajusta elementos interactivos del sistema que sostienen a muchas personas.

Uno de los problemas que tiene que ver con desadaptaciones se refiere a un fenómeno que se puede describir como el sobreajuste basado en una visión política, es decir, cuando la acción social se nutre de una idea política que afecta dinámicas de integración social. La idea es que, si se construye un modelo lo suficientemente complejo como para explicar completamente cada variación en los datos de apoyo social pasados, eventualmente se ajustará al ruido aleatorio a su visión y fallará cuando encuentre contradicciones que no puede asimilar. Las necesidades sociales nos demandan capacidad heurística esencial para atacar la desigualdad sobre la base de una percepción real y no sobre una incertidumbre de ideas (por mejor fundamentadas que estén), y una vez que se perciben condiciones de desigualdad se debe ser escéptico de cualquier diseño que pretenda explicar completamente los problemas multidimensionales de la desigualdad desde el punto de vista ideológico. La polarización tiene que ver con el abordaje de soluciones en temas que generan condiciones de desigualdad, la polarización actual ni siquiera lleva a ser menos malo que el otro, sino que lleva a ser aún peor que el otro. Ello ocurre por la permanente intencionalidad política de medrar electoralmente con el tema, lo cual lleva al liderazgo al populismo y a la demagogia, así como a contradicciones disfuncionales.

En otras palabras, la predicción verdadera de las acciones sociales depende esencialmente de la capacidad de generalizar desde una base real concreta y de conocimiento de campo, no conocimiento “matematizado” que es un instrumento de soporte pero que no constituye la esencia de la verdad material de las vulnerabilidades. Por lo tanto, la insignificancia de los detalles puede distorsionar las percepciones y con ello las políticas posibles pueden en realidad generar más problemas e inducir crisis. Ello ha sido recurrente en la región. Una vez que comenzamos a tener cuidado con el sobreajuste desde la estadística, la acción en el terreno sobre la desigualdad cambia la forma en que pensamos sobre el apoyo social. El supuesto más básico sobre la probabilidad de eventos es que, en un sistema social dado, la justicia está asegurada dentro de un marco dado de aprendizaje social. El aprendizaje social formaliza una propiedad peculiar pero liberadora en muchos sistemas reales, el siguiente estado de menos desigualdad depende no solo de las especificidades de los resultados sino de cómo se llega a él. El problema de las instituciones vegetativas es que se niegan a formar parte del proceso de aprendizaje social, al contrario, muchas veces intentan imponerlo. La disfuncionalidad de este proceso es máxima cuando se intenta imponer desde instituciones con recursos humanos fosilizados en estructuras burocráticas dependientes de su ineficiencia, de recursos materiales o inmateriales disfuncionales a las necesidades de acción y recursos financieros que son funcionales a los recursos humanos y materiales/inmateriales descritos. Estas instituciones de la región no es que tengan cometidos y acciones específicas para sostener determinada elite o determinados privilegios o posición, sino que simplemente existen en coma inducido y disfuncional.

Es imprescindible tener en cuenta a la desigualdad en la región para predecir el comportamiento futuro de las sociedades, pues antes de predecir el siguiente paso, debemos ser claros sobre algo tan relevante como es el comportamiento histórico sistémico y qué clase de conciencia ha generado esa historia y ese sistema. Cada persona tiene su propia historia, y sin sus recuerdos es imposible tratarla como un ser humano que necesita soluciones. La verdadera habilidad para brindar capacidades nuevas reside en poder distinguir el tipo de sistema que se está analizando, si se trata de un sistema de eventos independiente, un sistema de eventos interrelacionado o el sujeto de otras desigualdades dinámicas, no lineales, justicia caótica, mala comunicación, falta de comunicación y situación financiera crítica. En sistemas no lineales con alta intensidad y sin capacidades institucionales y procedimentales, las relaciones sociales son casi equivalentes al caos del proceso político y humano, y las linealidades que surgen de esos puntos de partida son un reflejo de ello y conducen a resultados muy coherentes con esa situación. Lo preocupante es que esto puede ocurrir incluso si el sistema sigue un proceso con cierto determinismo político (como ser el caos que surge de las dictaduras que incurren en procesos de desinstitucionalización importantes).

Las curvas de aprendizaje de una sociedad en su conjunto sobre sus propios problemas forman una pendiente suave, aunque no hay sistema que aprenda con la misma dinámica, ya que algunos adelantan (el mejor ejemplo el Uruguay batllista) y otros retroceden con saltos repentinos (sobran los ejemplos), otros se estancan en problemas frustrantes (también sobran los ejemplos). Las personas quedan estancadas en un sistema y a veces son incapaces de evitar el efecto del grupo, por ello es necesario considerar sus procesos ambientales endogámicos. Es importante resistir la tentación de aplicar una “matematización intensiva” a nivel de grupo sobre cómo impactar a la sociedad y revertir dinámicas de desigualdad, ello puede hacer perder como aprenden, piensan o se comportan las personas a individuos específicos o grupos con contexto social débil o prácticamente inexistente, puede ser que induzca al error. Artigas, seguramente sin un estadístico, pero indudablemente con mucho más conocimiento del terreno, definió en 1815 las vulnerabilidades de su sociedad con mucha precisión: las viudas con hijos, la población indígena, la población afrodescendiente. Como he dicho antes, 211 años después tenemos la misma estructura de pobreza, las madres solteras y la población afrodescendiente, la población indígena fue exterminada luego de la independencia y por lo tanto dejó de contar. Tomemos el ejemplo de la población afrodescendiente, la tasa de pobreza entre la población afro-uruguaya de Uruguay es del 28,7%, significativamente superior a la tasa nacional del 16,6%. Significativamente superior al 10,6% que representan en la sociedad. Además, la desigualdad es particularmente grave en la infancia, ya que aproximadamente el 46% de los niños afro-uruguayos uruguayos menores de seis años viven por debajo del umbral de pobreza. Todos los contextos sociales no son iguales, no todos los que viven en un barrio son iguales y tienen los mismos problemas. Debemos decir que Artigas hizo más por resolver este problema que todo lo que se hizo en los 211 años posteriores, salvo la notable excepción de José Batlle y Ordóñez. Y Uruguay es el país más igualitario en la región…

Los fracasos de la acción social se reconocen muchas veces en los «elementos de la libertad (mal entendida)», que cuentan con numerosos casos bien documentados en la ética o en la falta de ética, casos sistémicos de transformación por la positiva integración social del dinero, así como los problemas que se reflejan en involución por el mal uso del mismo. Existen, asimismo, casos de desajuste negativo y no porque la sociedad esté en contra, sino porque no se sabe qué significaba realmente la dimensión colectiva de retroalimentación del dinero en el sistema para generar acceso a Derechos. El mal funcionamiento del dinero en el sistema social describe mejor que nada el significado del mal uso de la palabra libertad, lo cual genera desigualdad en progresión geométrica y se constituye en sí mismo en la palanca de retroceso.

El dinero no es otra cosa que discriminación legalizada. Entonces se necesita tiempo para comprender la desigualdad y sus variantes, observar estos elementos vinculados al dinero que no están orientados a resolver el costo social de la falta de acceso a derechos, sino a sostener la definición de políticas asistencialistas que retroalimentan los procesos de estratificación y de concentración. No hay signo ideológico que no sea culpable de esto.

La libertad es el instrumento social más importante para resolver la desigualdad, no obstante, en la región se ha visto la libertad distorsionada hacia lógicas de libertad económica que no producen riqueza, sino que la tienen de rehén. En otras palabras, estos elementos distorsionados de la libertad económica se afirman sin más en cada vez más desigualdad, todo se argumenta basándose en los propios axiomas, diciendo cosas como «obvio», «evidente por sí mismo» o «por lo tanto, es», y luego sigue adelante. Pero la realidad de la gente ha demostrado la impracticabilidad de esto, pues durante 200 años de décadas perdidas se siguen teniendo las mismas estructuras de pobreza mientras cada laguna en los datos es rellenada con subsidios y asistencialismos sin definir correctamente los procesos clave para el apoyo social y explicar con precisión qué significan éxito, eficiencia, equidad e incluso buen manejo de los riesgos.

Y no es casualidad que el poder se convierta en uno de los pilares fundamentales del conflicto, pues el progreso social ha sido impulsado o limitado por la necesidad profesional política/privada para las cuales el principio de gestión es contingente. Por eso los patrones de desigualdad están tan profundamente arraigados en la interacción que lleva a comprender el juicio humano. Incluso los críticos ideológicos acérrimos, aquellos que han pasado de las posibilidades, de la incertidumbre y la vulnerabilidad, están tan preocupados por la desigualdad porque esta no se queda solo en el papel, sino que juzga activamente cómo se manifiesta la política en las redes morales de la sociedad y cómo se pondrán límites al sistema a través de la elección de populistas iconoclastas que prometen la destrucción del sistema actual. Algo cuyo resultado solo puede ser más retroceso.

La realidad es muy dura en su claridad de que, si no se sale del capitalismo de prebendas al capitalismo de mercado, si no se estructuran mercados financieros responsables, si no se saca a las instituciones de su estado vegetativo entonces las soluciones para resolver la desigualdad seguirán dando los mismos resultados que en 200 años de décadas perdidas. Mientras la Democracia se arrastra herida de muerte por este flagelo.