La industria automotriz mundial cambió en los últimos dos años y todavía sigue arrastrando consecuencias. Por si esto no fuera suficiente, no hubo una sola variable que impactó en el mundo del automóvil, sino varias, y todas en paralelo.
Esto hizo recalcular planes y cancelar inversiones millonarias que las compañías asumieron como pérdidas, que tienen un piso de USD 15.000 millones y superan los USD 20.000 en algunos casos, y plazos de recuperación que no llegarán antes de 2030.
En ese camino está también Volkswagen Group, que anunció la semana pasada el inicio de la segunda fase de su plan estratégico de reestructuración total, que le permita recuperar niveles de rentabilidad cercanos al 5%, que duplicarían los valores actuales, apenas por encima del 2 por ciento.
Lo cambios que se dieron en la industria automotriz mundial fueron la creciente competencia debido a la expansión china, las previsiones incumplidas del éxito de los autos eléctricos que hoy rondan entre el 12 y el 15% del mercado mundial, y la aplicación de nuevas imposiciones arancelarias en distintos mercados como Estados Unidos, que elevaron los costos de los automóviles y redujeron las ventas para las marcas importadas.
Curiosamente, o no tanto, hay un paralelismo inevitable que se puede trazar con la industria automotriz argentina, que también enfrentó un cambio de paradigma total en los últimos dos años, tanto por la apertura de las importaciones, como por la necesidad de exportar más, y por lo tanto, de producir vehículos “exportables” como son las pickups, pero también por el cambio de la situación arancelaria propia, con sistemas de cupos.
La semana pasada, Volkswagen Group anunció el inicio de la segunda etapa de su reestructuración global, no solo con la marca que da nombre a la compañía, sino también de las subsidiarias como Porsche, Audi, Seat, Cupra, Skoda, Lamborghini y Bentley.
A pesar de haber logrado grandes avances en la primera fase de este profundo programa de reducción de costos operativos que duró tres años, la decisión anunciada por el Consejo Ejecutivo del grupo es la de aplicar una reducción de la gama de modelos hasta en un 50%, concentrando esfuerzos en los segmentos de mercado más atractivos, y reducir la oferta en un 75% en lo referente a versiones de cada modelo.
“A pesar del progreso alcanzado, las reducciones de costos previstas hasta la fecha en el marco de los programas acordados no son suficientes en el actual contexto económico y geopolítico. Debemos, en cambio, reestructurar fundamentalmente nuestro modelo de negocio y lograr mejoras estructurales y sostenibles», dijo Arno Antlitz, director financiero del VW Group.
Explicó que el modo de hacerlo es “mejorar la estructura de costos de nuestros vehículos sin comprometer la calidad del producto, reducir significativamente los gastos generales, aumentar la eficiencia de nuestras plantas y acelerar el desarrollo tecnológico y la toma de decisiones. Solo podemos lograrlo reduciendo sustancialmente la complejidad: en nuestra cartera de productos y plataformas tecnológicas, en el número de unidades y en los niveles de toma de decisiones”, explicó.
Por su lado, Oliver Blume, CEO de la compañía, señaló que “nuestro objetivo es claro: para 2030, convertiremos al Grupo Volkswagen en la compañía automotriz más atractiva del mundo, con marcas icónicas, productos inspiradores, tecnologías de vanguardia, sólidos resultados financieros, un desempeño confiable en el mercado de capitales y un espíritu de equipo en acción”.
El ejecutivo, que reemplazó a Herbert Diess, anterior CEO que pronosticó esta situación y fue despedido en 2023, dijo que “estamos haciendo que el Grupo Volkswagen sea más rápido, más resiliente, y más competitivo: mediante una menor complejidad, tecnologías especializadas, una alineación aún mayor de productos, desarrollo y producción con los mercados regionales, la reducción de la sobrecapacidad, una cartera de acciones optimizada y estructuras significativamente más ágiles”.
Parte de esa reestructuración es la de adaptar la producción anual a la nueva realidad mundial del sector. Para eso, se ha trazado un objetivo de cerca de 9 millones de unidades al año, que es casi un millón de autos menos que la actual producción anual. Antes de la pandemia, Volkswagen Group había hecho una inversión con la finalidad de producir aproximadamente 12 millones de vehículos, lo cuál ya ha reducido en 2 millones de unidades desde entonces.
El caso argentino
Fabricar menos modelos, solo los de mayor demanda, que estos a su vez tengan menos versiones distintas, y localizar los productos en base a la realidad de cada región. Si no fuera el resumen de las directivas del Grupo Volkswagen a nivel mundial, perfectamente podría decirse que es el plan que tienen las compañías automotrices argentina, incluida la propia Volkswagen también.
En los últimos dos años la especialización se convirtió en la principal arma que una fábrica local de autos utiliza para ganar escala industrial, que es la base de costos menores, mayor eficiencia y rentabilidad.

Toyota fue líder en tomar ese camino, porque solo fabrica Hilux y el SUV derivado de la pickup, el Toyota SW4. Ford la siguió dejando únicamente la pickup Ford Ranger en la planta argentina de General Pacheco; Volkwagen dejó de fabricar Taos para concentrar toda su producción en la nueva pickup VW Amarok; Renault dejó de fabricar Logan, Sandero, Stepway y Alaskan para quedarse únicamente con Kangoo y la nueva camioneta de media tonelada Niágara.
En ese camino están Peugeot, que dejó de fabricar en Palomar los furgones Partner y Citroën Berlingo (ahora vienen importados) para quedarse con dos modelos de la misma plataforma, Peugeot 208 y 2008; Chevrolet dejó de producir Cruze y se quedó solamente con el SUV Tracker; y Fiat, que todavía tiene el exitoso Cronos, pero en 2028 podría discontinuarse por tener 10 años de vigencia y pocas exportaciones, sumó a sus líneas de producción las pickup Fiat Titano y Ram Dakota.
Ahora queda la elección del vehículo más adecuado para dar sustento al plan, porque aún siendo un auto único en una planta, debe tratarse de un vehículo con mayor potencial de exportación que de venta en el mercado doméstico. Hoy, los productos más exportables son los utilitarios livianos, tanto sean pickups como furgones o vans. Entonces, las automotrices deben tomar una decisión que probablemente marque el resultado de los próximos diez años. Son los casos de Chevrolet en Rosario y Stellantis en Palomar. El resto, parecen estar encaminados en un plan sostenible y perdurable.













