En una entrevista con Los 40 durante una gira de prensa por España, María Becerra abrió una puerta que rara vez había entreabierto: la de su infancia en un barrio de clase media-baja, las amistades que terminaron en tragedias y el carácter violento que, según ella misma reconoció, definió sus vínculos durante años. La cantante habló sin eufemismos sobre una etapa que marcó su forma de relacionarse con el mundo y que solo pudo procesar con el tiempo y la terapia.
“Me crié en un contexto donde no estuve nunca rodeada de algodones. Caminé la calle desde que soy muy chica”, arrancó Becerra al repasar su historia. Nacida en el partido bonaerense de Quilmes, en un barrio de clase media-baja, con un colegio público a pasos de un monoblock y a cinco cuadras de la villa, la artista describió esa geografía como su normalidad de entonces: calles de tierra, realidades diversas y una familia que atravesaba distintos estratos sociales. “Viví todas las realidades, todas las situaciones que te puedas imaginar”, sintetizó.
A los 14 años, dijo, su conducta era la de alguien que no medía consecuencias. Repetía de año, se juntaba en la esquina con distintos grupos y actuaba más por impulso que por convicción. “Era más de inconsciente que de otra cosa, como que no le tenía miedo a nada”, explicó. Esa falta de miedo no era valentía calculada sino la despreocupación propia de quien todavía no dimensiona el peso de lo que lo rodea.

Pero el entorno tenía un costo real. La cantante recordó que algunos de los amigos de aquella época desaparecieron de la manera más brutal: “Me juntaba con un amigo de la esquina y a los dos años no lo veíamos más porque le metieron un tiro por salir a robar y lo mataron. Esas cosas pasaban”. La naturalidad con la que lo contó no le quitó peso a la frase; al contrario, subrayó cuánto de esa violencia circundante se había normalizado para ella durante esos años.
Fue esa misma exposición la que, según su propio análisis, moldeó su manera de vincularse. “Siento que siempre, de chica, yo era muy violenta”, afirmó sin rodeos. Esa violencia no quedó circunscripta al barrio sino que se trasladó a sus relaciones personales: “Tenía relaciones violentas, tóxicas, controlaba, era muy posesiva, era muy de enseguida reaccionar con bronca”. La descripción fue precisa y sin atenuantes, con la distancia que da el tiempo y el trabajo terapéutico.
“Me costó mucho… pero terapia. Pasar por personas a las que lastimé, lamentablemente, personas que me lastimaron también, y crecer”, cerró ese tramo del relato. La mención a quienes lastimó antes que a quienes la lastimaron a ella no pasó inadvertida: Becerra asumió su parte en esa historia sin trasladar toda la responsabilidad al contexto.
La entrevista en Los 40 no se limitó a ese capítulo autobiográfico. La cantante también habló sobre la escena musical argentina y su vínculo con Tini Stoessel, en un momento en que las especulaciones sobre una grieta entre Tini y Emilia Mernes todavía generaban ruido en la industria. Becerra fue directa sobre su posición: “La amo. Es una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Se maneja con moral en su vida”. Y fue más allá al describir el rol que siente que le toca: “Si algo le pasa, enseguida voy y la defiendo. Soy muy así”.
Sobre el ambiente musical en general, la artista reconoció tensiones que van más allá de las amistades personales. “Es un ambiente donde se juega mucho el ego, hay mucha envidia”, señaló, y admitió que la escena argentina está fragmentada por géneros, estilos y también por lealtades. “Hay gente con la que no compro, se lo digo en la cara. Si no me gusta cómo actúa, lo que le hizo a tal persona, yo me paro del lado de esa persona”, afirmó, sin mencionar nombres pero con una claridad que dejó poco margen para la ambigüedad.













