Floppy Tesouro se consolidó como una de las figuras más reconocidas de la televisión y el espectáculo argentino durante las últimas dos décadas. Nacida en Buenos Aires en 1985, su nombre completo es Florencia Tesouro. Su carrera tuvo un fuerte impulso a partir de su participación en el programa juvenil Gran Hermano Famosos en 2007, donde su carisma la llevó a ganar popularidad rápidamente.
A lo largo de su trayectoria, Tesouro se destacó como modelo, actriz, cantante y conductora. Su presencia en ciclos como Showmatch, Bailando por un sueño y diversas obras de teatro de revista marcó etapas clave de su desarrollo profesional. Su versatilidad la llevó a incursionar tanto en el modelaje como en la música, con la grabación de sencillos pop y colaboraciones en proyectos televisivos y teatrales de alto perfil.
En el plano personal, la vida de Floppy Tesouro estuvo marcada por una fuerte exposición mediática. Contrajo matrimonio con Rodrigo Fernández Prieto en 2017 con quien tuvo a su hija Moorea y, tras la separación, formó pareja con Salvador Beccio.

Acá, los momentos más destacados de la charla:
“¡Me reaccionó la historia un futbolista de la Selección!”
—“¿A Floppy Tesouro le escribió un futbolista de la Selección por Instagram…?»
—Unos aplausitos (risas).
—¡Eso no es que te haya escrito un mensaje! ¡Eso es una reacción! Si ponés aplauso querés que el otro… conteste algo. ¿Lo hiciste?
—¡Nada, nada! Por las dudas, que nada se malinterprete.
—¿Pero era un señor comprometido?
—Sí.
—¿Juega ahora en la Selección en este Mundial?
—Sí.
—(Suspiro) No, no vamos a decir nada.
—No.
—Para no desconcentrar a nadie.
—¡No, por favor, que vamos bárbaro!
—¡Por favor te lo pido!
—¡Por favor te lo pido! Capaz que es de buena onda, claro. No hay manera de que yo toque a un hombre casado. Y habiendo tantos hombres, ¿por qué te tenés que meter con uno casado? ¿Bajo qué concepto te puede atraer un hombre de familia? No la veo, no la haría y no me gusta que lo hagan. Y me parece que hay mujeres que les da morbo salir con alguien que está en pareja, porque si no… no entiendo. O sea, algo les tiene que pasar interiormente, pero yo veo un tipo casado ¡y para mí ya tiene bombacha!
—¡Ya está, está muerto!
“Me hice las lolas a los 23 porque el medio me lo pedía”
—Me hice las lolas a los 23, más que nada por una cuestión de que sentía como que el medio me lo pedía. Yo tenía mucha cola y tenía 85 de lolas: ¡hoy sería perfecta!
—Divina.
—Porque hoy se usa, ¿viste? “Menos es más”. Y me acuerdo que siempre me decían que me faltaba lolas. Cualquier contrato que cerraba era “Te falta un poquito más de lolas”, y lamentablemente, al ser chica, todo eso te va llegando, las ansias también de querer hacer un montón de cosas y de decir “a ver, no me están eligiendo porque tengo pocos pechos”, y bueno, me los hice. Después me sentía chocha porque me ponía algo sin corpiño y en esa época se usaba mucho tener lolas y cola. Y fue más que nada por eso. Hoy me gustaría tener un poquito menos.
—Qué pena no poder decidir uno con libre albedrío sobre su cuerpo, ¿no?
—Total. Por ejemplo, Silvina Luna, una mujer divina, una dulce, total. Bueno, hablando un poco de esto, ¿no? De la presión que por ahí la fue llevando a tomar esa decisión, ¿no? Sentía esa presión. Y contra eso a veces no hay con qué darle, ¿no?
—Y caer en las manos de equivocadas, una mala praxis.
—Fue con la persona equivocada, lamentablemente, sí. Muy duro, muy duro para todos. Todavía me cuesta entender que no está en este plano.
—Dejó muchos mensajes para las chicas jóvenes, como que su mensaje fue muy claro de “cuidá tu cuerpo”.
—Cuidar tu cuerpo y priorizar también el tema de la salud.
“Pasé un mal momento con el dueño de una agencia”
—Cuando fui a una entrevista con una agencia, pasé un mal momento con el dueño. Al principio me había sentido incómoda apenas llegué porque decía que me quería ver en ropa interior y yo le decía: “No, yo ya mandé un catálogo de todas mis producciones anteriores”. Yo ya venía trabajando en los medios, era más que nada por una cuestión que… nada, no lo quiero ni decir… pero de incomodidad. Me quedé tranquila cuando me dijo: “Bueno, está bien”. Pero al instante me dice: “Bueno, te va a ir muy bien”. Me hace así, me agarra la mano y me empieza a tocar dentro de la mano, todo muy incómodo. Me puse a llorar instantáneamente y estaba mi mamá esperándome afuera y mi papá abajo. Y me fui llorando, corriendo. Bueno, le conté a mi mamá, mi mamá quería entrar a hablar con él. Le dije: “No, nos vamos de acá, no voy a trabajar con él”.
—Es una situación de acoso sexual.
—Sí.
—Sí, porque si sos vulnerable y no reaccionás a tiempo, no sabés en qué podría haber decantado ese mimo en la mano, ¿no?
—Exactamente. Y esto que hablábamos antes de la contención familiar, de que esté mi mamá afuera cuando salí llorando, de que esté mi papá abajo, que obviamente estaba… que te imaginás. Los tuve que llevar a los dos porque querían subir. Pero yo dije: “No, no voy a trabajar acá, nos vamos”. No había pasado nada, pero yo me había sentido muy mal. Y después iba a todos lados con ese miedo y por suerte nunca más me pasó, jamás en la vida. Y trabajé en un montón de agencias.
—A cuántas sí les habrá pasado.
—Bueno, ahí está. Eso es lo que digo, ¿no? Cuántas mujeres vulnerables con ganas de llegar a los medios, de crecer, y les pudo haber pasado esto y por ahí no contaron con las herramientas. Yo, bueno, me angustié, salí corriendo, pero yo tenía todo muy claro en casa: qué estaba bien, qué estaba mal, hasta dónde, eso es muy importante.
—Igual uno nunca sabe cómo va a reaccionar tampoco. No podemos juzgar a ninguna mujer…
—Cero, porque cada una reacciona como puede.
“Se prende una cámara y se me ilumina la vida”
—Nunca le di lugar a un hombre para que me diga qué me tenía que poner o si yo tenía que aceptar tal o cual trabajo. Yo siempre digo: para mí el trabajo es salud. ¡El trabajo es lo que amo hacer! ¡Se prende una cámara y se me ilumina la vida! Nadie me va a poner…
—Te ponés de novio con Floppy y después no querés que sea Floppy. Es como que…
—Es una locura.
—O plantear todo al principio.
—Esta es mi vida, estas son mis cartas y el otro decide, ¿no? Porque después cuando dejás algo por alguien, a veces no te arrepentís, pero a veces sí te arrepentís. Entonces, después si eso no funciona, le echás la culpa al vínculo. En cambio, si vos seguís haciendo tu vida, tu rutina, obviamente cambian las prioridades cuando estás en pareja, lógico, pero siempre con respeto, pero seguís haciendo tu rutina de vida, como hacemos nosotras, que amamos lo que hacemos y tenemos pareja y somos respetuosas. Me parece que es por ahí.
—Es un trabajo como cualquier otro. Terminás y salís corriendo a casa a sacarte las pestañas y ponerte el pijama, obvio.
—Sí. ¡Re!
—¿Hay algo ahí de lo que te hayas arrepentido en tu carrera?
—Las típicas tapas hot de cuando éramos más chicas. Pero la verdad es que no me arrepiento.
—Yo las tengo con mucho orgullo, eh.
—Yo las tengo todas encuadradas, gorda.
—Yo las veo para decir “qué bien que estaba ahí”.
—Eso seguro. Pero digo, hoy por ahí, digo, sería como algo muy fuerte teniendo una nena de casi diez años.
—Ah, no, yo con hijos varones también. Se espantarían.
—Pero no me arrepiento de haberlas hecho en su momento. Nada de lo que hice hasta hoy, eso siempre lo recalco, en lo laboral y en lo personal, es algo de lo que me arrepienta, porque creo que todo lo que fui haciendo me llevó a ser la mujer de 41 años que soy hoy. Plantada, con experiencia, que sé que sí, que no, que cuando sos más chica por ahí tenés como más incertidumbre. Pero no, no me arrepiento.
—Acá dice: “Floppy Tesouro fue amenazada y tuvo un botón antipánico”. ¿Cuándo fue eso?
—Sí, en pleno Bailando por un Sueño…, fue hace muchos años. Tenía una persona que me seguía. Cada vez que yo salía del Bailando me mandaba un mensaje y me decía, ponele: “Qué bueno que estés agarrando Libertador, camino corto”. Y yo iba por Libertador y me entraba a transpirar, digo: “Este tipo me secuestra”. Entonces, iba todas las noches hablando con mi papá a través de Bluetooth, hasta llegar a mi casa. Me llegó a mandar una vela en forma de pene al camarín. Empezó con chocolate, flores, hasta que mandó eso obsceno y me pareció un montón. Además de que me siguiera, que me mande cosas. Entonces, sí hicimos la denuncia. Una vez que hicimos la denuncia y que Marcelo Tinelli lo dijo televisivamente, frenó. Se ve que se asustó. Pero digo, ¿cuántos casos hay que no frenan y que las mujeres no tienen la oportunidad de decirlo en la tele?
—Y qué suerte que la Justicia reaccionó rápido con tu botón antipánico.
—Total, eso también, porque no siempre pasa.
“Me estoy comiendo un pebete”
—Me estoy comiendo un pebete.
—Un colágeno.
— Es un bombón, es un bombón y lo conocí gracias a vos.
—Sí, porque hice una gala. Soy como una vieja tía celestina. Los solteritos los pongo todos juntitos. Y al día siguiente me dice: “Ay, ayer en la gala, tiqui, tiqui, tiqui, tiqui”. ¿Qué hubo, match ahí, qué pasó?
—Un match espectacular. Nuestro amigo, Max Orlandi, estaba ahí y él me dice: “Hay uno para vos que no para de mirarte. Es el típico hombre que a vos te va a encantar”. Bueno, obviamente, nuestros amigos conocen nuestros gustos y me dice: “¡Está allá!“ Y yo no quería mirar…

—Te hacías la interesada.
—Claro, y le digo “vos haceme mirar para allá”, no sé qué, y lo miro y me sonríe y le sonrío. Dije: “Ah, es una bomba total”. Me pareció relindo. Me daba como esa cosa de italiano. Yo soy chapada a la antigua, olvidate. Yo si no me venía a hablar, moría en decir “qué lindo chico que vi en la gala”, pero no iba a ir a hablarle. Entonces, Max se pone a bailar con ellos y yo dije no me voy a quedar sola acá parada, le digo te voy a matar. Salva miraba, pero no se acercaba, un caballero. Después entendí. Salva pensó que Max era mi pareja.
—¿Y en qué momento se dio cuenta de…?
—Nada, cuando él empezó a bailar.
—Con el baile se dio cuenta (risas).
—Empezó a bailar omo muy desesperadamente, hasta que en un momento dijo “no, no es la pareja”. Y así fue. Nos pasamos los teléfonos y no perdió un segundo. Me invitó a cenar al instante.
—Ya tenía agendado al día siguiente.
—Ya tenía agendado al día siguiente. Fuimos a cenar. ¿Viste esas cenas de charlas de cuatro horas, literal, en un restaurant que se tienen que ir y vos estás…?
—Sos el último enamorado ahí.
—Espectacular. Y desde ese día no nos dejamos de ver nunca. Como que nos pusimos de novios a la semana, nos fuimos a Córdoba un fin de semana, una estancia supertranquila, a relajar y ahí me escribió una carta y me pidió que sea la novia. Yo me morí de amor porque…
—Bien a la antigua como a vos te gusta, me encanta.
—Viste que yo soy muy susanita, entonces todo eso que está escrito en el librito a mí me enamora.
—¿Cómo se fusionó él con esta familia que eran vos y Moorea?
—Claro, yo vengo con el combo. Yo creo que estaba esperando un gran compañero. Y Salva es un gran compañero de vida y, y muy, muy bueno con mi hija.

“Nunca pensé ‘la gente se va a acordar que soy solo una cola bonita’”
—La que tenía la mejor cola era la chica del verano. Y de todas esas mujeres ganaste.
—Gané como la mejor cola. Gané y fue reloco. Yo fui con amigas a Mar del Plata un fin de semana. Mis amigas me decían: “Subite que lo ganás”. Me subí, éramos dieciséis y yo tenía el número diez. Y me acuerdo que yo escuchaba: “Marado, Marado”.
—Ah, ya tenías hinchada.
— Yo decía: “Pará”. Miraba el número y decía: “Soy diez, soy yo”. Y bueno, fue reloco porque lo termino ganando y ese mismo día me dicen: “Bueno, mañana nos tenemos que ir a Buenos Aires porque tenés que estar con Leo y Vero en AM”. Y dije: “Bueno”.
—Ya está, esa es la mía.
—Todo suma. No es que algún día dije: “Ay, no, ahora la gente se va a acordar que ahora soy solo una cola bonita y que voy a laburar solo por el lomo”. Yo nunca pensé eso. Viste que a veces pasa. Abrió un montón de puertas y también queda en uno después de mostrar que sí conducís, que sí desfilás, que sí bailás.
—Que sí te sabés la letra. Obvio.
— Viste que con todo lo que pasó ahora con el tema de los cuerpos y qué sé yo, me llaman y me dicen: “¿Qué opinás de que hayan sacado el concurso?”. Tipo como si fuera la referente de “Cola Reef”.
—Ay, yo no lo hubiera sacado, porque te digo, las mujeres también admiramos la belleza de otra mujer. A mí me pasa mucho en redes. Las fotos más jugadas, los likes son de mujeres.
—Sí, eso habla muy bien de nosotras, de las mujeres, ¿no?
—Y además ganarte el cariño de las mujeres, del público es todo.
—Es todo. El hombre ya medio que uno dice: “Bueno, lo tengo medio ganado”, (Ríe) pero la mujer es más, no sé, a mí me da más satisfacción. Está bueno.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Gastón Taylor














