El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) sostuvo que sus fuerzas navales y aeroespaciales llevaron a cabo una operación conjunta contra “85 emplazamientos militares clave de Estados Unidos”. Según el comunicado, entre los objetivos figuraban Bandar Salman, el Quinto Distrito Naval en Baréin y la base aérea Ali Al Salem en Kuwait.
La organización calificó la ofensiva como una “respuesta inicial” a lo que consideró una violación del alto el fuego y del acuerdo de Islamabad por parte de Estados Unidos. Según el IRGC, Washington lanzó ataques aéreos contra bases costeras y estaciones no militares en las localidades iraníes de Hormozgan y Mahshahr durante la jornada.
La Guardia Revolucionaria también vinculó la ofensiva estadounidense con el cortejo fúnebre del fallecido líder iraní y sostuvo que Washington buscó eclipsar ese “acontecimiento histórico”.
Además, el IRGC aseguró que un dron estadounidense MQ-9 que “intentaba interferir en la operación” fue derribado. Hasta el momento, no existen informes confirmados sobre víctimas o daños en Baréin o Kuwait.
Minutos antes del anuncio iraní, Kuwait informó que repelió ataques con drones y misiles. El Ejército kuwaití publicó en la red social X: “Las defensas aéreas kuwaitíes enfrentan actualmente ataques con misiles y drones hostiles”, sin identificar el origen de los proyectiles.
Las fuerzas armadas kuwaitíes también señalaron: “El Estado Mayor del Ejército avisa que cualquier explosión escuchada es el resultado de los sistemas de defensa aérea que interceptan ataques hostiles”.
Poco antes, el Ministerio del Interior de Baréin anunció la activación de las sirenas de alerta, aunque no precisó el motivo de la amenaza.
Kuwait y Baréin albergan bases militares estadounidenses y ambos países recibieron ataques iraníes en forma reiterada durante la reciente guerra en Medio Oriente.
La nueva escalada comenzó después de que el ejército estadounidense lanzara una ofensiva contra Irán tras acusar a Teherán de haber atacado tres buques en el estrecho de Ormuz, en el contexto de una ofensiva que incluyó la revocación de la autorización para que la República Islámica vendiera petróleo crudo abiertamente en el mercado internacional. El régimen persa respondió con las recientes ofensivas contra Bahréin y Kuwait.
El aumento de la tensión regional incrementó el riesgo de que fracase el acuerdo provisional para detener la guerra, lo que vuelve a situar a Medio Oriente ante la posibilidad de un conflicto de mayor escala. Los ataques a embarcaciones y los bombardeos posteriores coincidieron con el funeral del ex líder supremo iraní, ayatollah Ali Khamenei, fallecido el 28 de febrero a los 86 años, en primer día del conflicto. Durante las exequias, asistentes reclamaron el asesinato del presidente estadounidense Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.
Estaba previsto que, tras el entierro de Khamenei, se iniciaran negociaciones para alcanzar un acuerdo definitivo, incluyendo la reapertura total del estrecho y el desmantelamiento del programa nuclear iraní. Sin embargo, los nuevos ataques ponen en duda ese proceso.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, declaró en X: “Se acabó la era de la intimidación y la extorsión. Eso no lleva a ninguna parte. No nos rendiremos”.
El Comando Central del ejército estadounidense informó que los ataques se lanzaron “para imponer graves consecuencias por atacar buques mercantes tripulados por civiles inocentes en una vía marítima internacional”. Según el parte militar, se destruyeron objetivos iraníes incluidos sistemas de defensa aérea, radares y más de 60 pequeñas embarcaciones de la Guardia Revolucionaria.
El ejército estadounidense afirmó que mantiene su posición y su disposición para exigir responsabilidades a Teherán en caso de incumplimiento del acuerdo, y anunció el final de esta ronda de ataques. Irán reconoció los bombardeos, pero no ofreció información sobre bajas. Medios estatales iraníes reportaron explosiones en Bandar Abbas, Qeshm y Sirik.
A finales del mes pasado se produjo una serie similar de ataques y represalias en la región. Los nuevos incidentes coincidieron con la visita de Donald Trump a Turquía para una cumbre de la OTAN.
En paralelo, Estados Unidos revocó la licencia que permitía la venta de petróleo iraní en el mercado internacional, medida que había permitido a Irán comerciar abiertamente a cambio de dólares estadounidenses. La decisión siguió a los ataques a buques, uno de los cuales —un petrolero frente a Omán— resultó incendiado. El Centro de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido informó sobre el incidente, mientras que la televisión estatal iraní afirmó que el buque de gas natural licuado ignoró las advertencias antes de ser atacado.
Los otros dos buques afectados sufrieron daños menores y continuaron navegando, según la agencia marítima británica. Irán mantiene un control estricto sobre el estrecho de Ormuz, un paso clave para el comercio mundial de petróleo y gas. Las embarcaciones atacadas utilizaban rutas cercanas a la costa de Omán, diferentes a las designadas por Teherán.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar, Majed al-Ansari, denunció el ataque al petrolero qatarí Al Rekayyat como un acto inaceptable contra la seguridad energética mundial, y responsabilizó plenamente a Irán.
(Con información de Associated Press)














