
Aunque el Centro Bancario Internacional de Panamá mantiene elevados niveles de liquidez y solvencia, la fotografía del crédito muestra un comportamiento desigual.
Mientras los préstamos destinados al consumo de las personas continúan creciendo y el financiamiento hipotecario mantiene una expansión moderada, sectores como construcción, industria, actividades financieras y agricultura pierden dinamismo, reflejando una mayor cautela tanto de los bancos como de quienes solicitan financiamiento.
Al cierre de mayo de 2026, la cartera de crédito del Sistema Bancario Nacional —es decir, el dinero que los bancos mantienen prestado dentro de Panamá— alcanzó $64,768.7 millones, apenas 0.18% más que un año antes. En la práctica, esto significa que el crédito local prácticamente se mantuvo estancado durante los últimos doce meses.

Los hogares continúan siendo el principal motor del financiamiento. El crédito para consumo personal aumentó $847.1 millones, equivalente a 5.85%, hasta llegar a $15,321 millones. Este segmento incluye préstamos personales, financiamiento para vehículos, tarjetas de crédito y otras facilidades dirigidas a personas naturales.
El segundo segmento con mayor crecimiento fue el hipotecario, destinado a la compra de viviendas, que aumentó 1.15% hasta $21,537.3 millones, seguido del crédito al comercio, que creció 0.76% y alcanzó $13,682.9 millones. Entre los tres concentran más del 81% de toda la cartera privada del sistema bancario.
En contraste, los bancos redujeron significativamente su exposición hacia algunas actividades económicas. El financiamiento destinado a la industria cayó 15.15%, mientras que los préstamos a la construcción disminuyeron 9.92%.
También retrocedieron los créditos dirigidos a actividades financieras y de seguros (-8.92%), ganadería (-1.34%) y agricultura (-0.98%). Para la Superintendencia de Bancos, este comportamiento refleja una expansión más selectiva del crédito hacia sectores considerados de mayor riesgo o más sensibles al ciclo económico.
Una fotografía aún más clara surge al analizar los créditos nuevos, es decir, los préstamos aprobados entre enero y mayo de este año. Durante ese período los bancos desembolsaron $10,289.7 millones, una reducción de 7.1% frente al mismo período de 2025.

La caída estuvo impulsada principalmente por una reducción del financiamiento al sector público (-29.9%), aunque también disminuyeron las nuevas hipotecas (-19.9%), los préstamos para construcción (-24.4%), comercio (-4.8%) y agricultura (-20.6%).
Solo dos grandes segmentos mostraron un mayor apetito: consumo personal, cuyas nuevas colocaciones crecieron 16.7%, e industria, que aumentó 10.6%, aunque este último incremento aún no logra reflejarse en el saldo total de la cartera debido a amortizaciones y cancelaciones de préstamos existentes.
Pese a ese menor dinamismo crediticio, la salud financiera del sistema continúa siendo una de sus principales fortalezas.
El Centro Bancario Internacional mantiene una liquidez legal de 60%, indicador que mide la capacidad de los bancos para responder a retiros de depósitos y otras obligaciones de corto plazo. El porcentaje duplica el mínimo de 30% exigido por la regulación panameña.

También conserva una sólida solvencia, indicador que refleja el respaldo patrimonial con el que cuentan las entidades para absorber pérdidas inesperadas. El índice de adecuación de capital alcanzó 16.04%, muy por encima del mínimo regulatorio de 8%.
El crecimiento del sistema continúa financiándose principalmente con depósitos de clientes y no mediante deuda. Al cierre de mayo, los depósitos ascendieron a $121,090.3 millones, un incremento de 7.4% respecto al año anterior.
Más de $49,700 millones corresponden a depósitos provenientes del exterior, una señal de que Panamá mantiene su atractivo como centro financiero regional.
En cambio, las obligaciones financieras —que incluyen préstamos obtenidos por los bancos y emisiones de deuda— crecieron apenas 1.2%, hasta $22,156.3 millones, lo que refleja que la expansión del sistema sigue descansando principalmente sobre el ahorro de sus clientes.onsu

Otro indicador que muestra estabilidad es la calidad de la cartera. La morosidad —es decir, el porcentaje de préstamos cuyos pagos presentan atrasos— bajó de 1.58% a 1.47%, mientras que la cartera vencida disminuyó de 2.27% a 2.19% del total de préstamos.
Paralelamente, los bancos incrementaron en 36.5% las provisiones para cubrir eventuales pérdidas crediticias, fortaleciendo así sus reservas frente a posibles deterioros futuros.
En conjunto, los resultados muestran un sistema bancario sólido desde el punto de vista financiero, pero con un crecimiento del crédito mucho más prudente que en años anteriores.
Mientras el consumo continúa impulsando la demanda de financiamiento, sectores tradicionalmente vinculados con la inversión y la producción muestran un menor dinamismo, un comportamiento que la Superintendencia continuará monitoreando por su impacto sobre la actividad económica en los próximos meses.













