
Insivumeh prevé que la canícula comience en julio en Guatemala y que este año sea más intensa y prolongada de lo habitual, un escenario que implicaría menos lluvias, menor disponibilidad de agua y efectos sobre actividades productivas y sociales durante julio y agosto.
El tramo más extenso se espera en la Franja Transversal del Norte, donde el fenómeno podría durar entre 35 y 40 días. En occidente y el altiplano central se proyecta una duración de 25 a 30 días, mientras que en los valles de oriente y la costa del Pacífico se estima entre 30 y 35 días.
Según el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología, la canícula no supone una ausencia total de precipitaciones, sino una disminución de las lluvias dentro de la temporada lluviosa. De acuerdo con el organismo, este comportamiento responde a factores climáticos que afectan la región.
El inicio variará según la región del país
El comienzo del fenómeno no será uniforme. Citado por Agencia Guatemalteca de Noticias, el climatólogo Alejandro Barillas explicó que en la Franja Transversal del Norte podría iniciar entre el 15 y el 31 de julio.
Para occidente, el altiplano central, los valles de oriente y la región del Pacífico, el inicio se espera entre la primera y la segunda semana de julio.
En otra proyección, esas zonas aparecen con un inicio en la primera quincena de julio y una finalización en la primera quincena de agosto, mientras que para la Franja Transversal del Norte se ubica entre la segunda quincena de julio y la segunda quincena de agosto.
El mismo pronóstico señala que el período habitual de canícula ronda los 20 días, por lo que una duración de hasta 40 días implicaría una extensión por encima de lo acostumbrado.
Rebeca Rodríguez, del Departamento de Investigación y Servicios Meteorológicos del Insivumeh, indicó que “por el momento tenemos estipulado que la canícula podría durar entre 25 y 40 días, y esto dependerá de cada región”.

El déficit de lluvia podría llegar al 63% en algunos departamentos
Las previsiones del instituto meteorológico también apuntan a un déficit de lluvia durante julio y agosto de entre 37% y 63%. Los departamentos mencionados como más afectados son El Progreso, Jalapa, Sacatepéquez, Sololá, Zacapa, Baja Verapaz, Chiquimula, Totonicapán y Guatemala.
El organismo recuerda que la temporada lluviosa en el país tiene un comportamiento bimodal: un primer pico entre mayo y junio, luego una disminución de lluvias conocida como canícula, y un segundo pico en septiembre y octubre. En Petén, la Boca Costa y el Caribe se espera un descenso menos marcado que en otras regiones.
Barillas advirtió al medio que “la canícula de este año podría presentar características más severas que las observadas en temporadas recientes. Esperamos que sea más intensa y prolongada respecto a lo que estamos acostumbrados”.
El aumento de temperatura se volverá más visible durante la canícula
La información compartida añade que 2026 tendría una temporada lluviosa irregular, con menos precipitaciones de las esperadas y un aumento de temperaturas de hasta 3 °C, un comportamiento asociado a la transición hacia un fenómeno de El Niño más intenso. Durante la canícula, esa subida térmica sería más evidente por la reducción de nubosidad y de lluvias.

Para julio y agosto, las temperaturas mínimas previstas en occidente y el altiplano central se ubican entre 10 y 18 °C. En la Boca Costa, el Pacífico, el Caribe y Petén, esas mínimas podrían situarse entre 18 y 26 °C.
Alex Guerra, director general del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático, citado por Prensa Libre, explicó que durante la temporada lluviosa la nubosidad atenúa la radiación solar y mantiene un ambiente más fresco. Cuando esa nubosidad disminuye en la canícula, la temperatura aumenta y el efecto es negativo para la agricultura.
Información del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación indica que por debajo de 25 °C las condiciones son más frescas y el estrés térmico para los cultivos es menor. También precisa que entre 20 y 27 °C se encuentra el rango ideal para la mayoría de las siembras, mientras que por encima de 29 °C aumenta el estrés térmico y la demanda de agua en las plantaciones.














