Un periodista del noticiero Latinus vivió un incómodo momento durante un móvil que intentaba retratar los festejos mexicanos tras el triunfo ante República Checa. Jorge Monroy se encontraba en el Ángel de la Independencia para cubrir la celebración de la Selección Mexicana tras su histórico pase a los 16avos de final del Mundial 2026, pero la multitud tenía otros planes para él.
Paseo de la Reforma fue el epicentro de una celebración sin precedentes. Más de 800.000 aficionados se congregaron en los distintos puntos de la Ciudad de México para ver el partido entre México y República Checa. El Tri cerró la fase de grupos con nueve puntos, sin goles en contra y con una goleada de 3-0 sobre los checos en el Estadio Ciudad de México. La euforia que se desató al pitazo final era proporcional a la magnitud del resultado.
Fue en ese contexto que Latinus abrió un enlace en vivo desde el Ángel. El conductor Carlos Loret de Mola, desde el estudio, cedió la palabra. “Vamos en este momento con Jorge Monroy, quien se encuentra en Paseo de la Reforma”, dijo, antes de que la pantalla se dividiera para mostrar al reportero en el lugar.
Lo que vino después no estaba en ningún guión. Apenas Monroy intentó articular las primeras palabras de su reporte, la multitud que lo rodeaba arremetió con aerosoles de espuma blanca. Los hinchas saltaban, gritaban y rociaban sin pausa al periodista, que intentó mantener la compostura frente a cámara mientras quedaba progresivamente cubierto de blanco. Alcanzó a decir, con la espuma ya escurriéndole por el rostro y los anteojos: “…nos mantenemos aquí, pero la gente muy ruidosa, muy animosa Carlos…”.

De vuelta en el estudio, Loret de Mola ya no podía sostener la formalidad del noticiero. Las carcajadas se apoderaron del conductor, que se cubría la cara con la mano mientras observaba la escena. “¡Qué maravilla! ¡Qué gusto ver a la gente así!“, alcanzó a decir entre risas. Luego anunció, en tono de broma, que restablecerían la conexión con el reportero una vez que “aterrizara bien”, dando a entender que la multitud lo había hecho “volar” por los aires.
La transmisión continuó. Monroy seguía en pie, estoico, con el micrófono en mano, aunque a esas alturas ya era difícil distinguir su ropa debajo de la cantidad de espuma acumulada. La escena alcanzó su punto más llamativo cuando un joven de entre la multitud se le acercó, lo miró fijamente a la cara y se quedó observándolo con curiosidad, como intentando descifrar qué era aquella figura completamente blanca parada frente a él. Loret de Mola, al verlo, soltó otra carcajada y lo remató desde el estudio: “¿Qué tal el tipo que llega y se le queda viendo a Monroy así y dice ‘tú qué eres’?”.
El segmento cerró con el conductor nuevamente en pantalla completa, todavía con los ojos húmedos de tanto reír. La broma final fue de corte político: “A partir de hoy, Latinus ya tiene más vuelos que el AIFA (Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles)… Llevamos cuatro en 25 minutos”, dijo Loret de Mola, en referencia a las múltiples interrupciones que sufrió la transmisión en vivo por los fanáticos que alzaron a su cronista.
La escena de Monroy se enmarca en una noche en la que los festejos en Paseo de la Reforma desbordaron cualquier previsión. A la espuma y el ruido de la celebración se sumó una tormenta que cayó desde el entretiempo del partido y que, lejos de dispersar a los aficionados, se integró a los festejos. El agua acumulada en la avenida llegó a reflejar los píxeles de las pantallas que transmitían el encuentro, y varios fanáticos se lanzaron al lodazal a celebrar el triunfo del Tri. Con el primer gol de Mateo Chávez al minuto 54, la tensión acumulada se convirtió en euforia colectiva, y la lluvia pasó a ser un elemento más de la fiesta.












