
La utilización de leche en polvo en la industria láctea no es una práctica exclusiva de El Salvador ni una innovación reciente. Así lo afirmó Mateo Rendón, coordinador nacional de la Mesa Agropecuaria Rural e Indígena, en la entrevista Frente a Frente, al abordar la reforma que habilita la comercialización de productos lácteos elaborados con leche en polvo reconstruida o recombinada.
El especialista sostuvo que se trata de un estándar mundial, implementado en países como Holanda, Noruega, Argentina e incluso Israel. Según explicó, la principal ventaja logística de la leche en polvo radica en su capacidad de almacenamiento prolongado. “Tú no puedes guardar leche fluida durante un año, dos años. La leche fluida tú la sacas de la vaca, cinco horas después tienes que ver qué haces con ella”, señaló. En contraste, la leche en polvo puede conservarse durante largos periodos siempre que se mantenga en condiciones óptimas de temperatura.

Rendón desmintió la creencia de que los productos lácteos puedan fabricarse únicamente con leche en polvo y agua. Detalló que la norma internacional exige la combinación de leche fluida y leche en polvo para elaborar derivados, y que tanto el sabor como la textura dependen de esa mezcla. “No se sustituye una leche por otra. La leche fluida sigue siendo la materia prima”, enfatizó.
A nivel regional, Rendón recalcó que todos los países de Centroamérica utilizan este tipo de mezclas. Subrayó que El Salvador depende en gran medida de productos importados de Nicaragua, país que desde 2020 se consolidó como el principal exportador de lácteos en la región y cuyos productos llegan ya mezclados con leche en polvo.
Reforma y abastecimiento: impacto productivo y laboral
Mateo Rendón insistió en que la reforma debe entenderse como una herramienta para asegurar el abastecimiento ante escenarios de déficit productivo y crisis climática. Explicó que la leche en polvo no reemplaza a la leche fluida, sino que la complementa.

Según su análisis, la medida permitirá reducir la dependencia de importaciones y garantizar la disponibilidad de productos lácteos durante periodos de sequía o caída en la producción nacional. “Este tipo de cosas se hace cuando tú quieres reservar, asegurar tu alimentación”, afirmó.
El dirigente enfatizó que la experiencia internacional muestra que la combinación de leche en polvo y fluida es una práctica extendida y técnicamente justificada. Ejemplificó con el caso de Israel, donde se almacena leche en polvo como medida de seguridad alimentaria ante posibles conflictos o emergencias.
Al referirse al impacto en la cadena productiva, Rendón reconoció el déficit de producción de lácteos en el país y la imposibilidad actual de procesar localmente leche en polvo. “No hay productores de leche en polvo en el país; todo debe importarse”, afirmó, aclarando que la inversión en tecnología podría generar empleo y fortalecer la industria nacional.
El entrevistado sostuvo que la reforma no implica una amenaza para los pequeños y medianos productores, ya que el mercado local demanda mayor volumen del que pueden suplir. “Los pequeños ganaderos no tienen ningún inconveniente. El mercado no da abasto para el consumo de nuestra misma gente. No hay ese fantasma de que las plantas ya no le van a comprar a los ganaderos”, explicó.
Asimismo, expuso que las plantas procesadoras mantienen cuotas de compra de leche fluida, y que la introducción de leche en polvo como insumo adicional no afecta la relación comercial con los proveedores locales.
Competitividad, consumo y salud: percepciones y garantías
Rendón subrayó que el principal reto para la ganadería salvadoreña es la competitividad frente a productos importados, especialmente de Nicaragua, donde los costos de producción y la mezcla con leche en polvo permiten ofrecer precios más bajos.
“¿Por qué el queso o la crema de Nicaragua es más barata que la nuestra? Porque viene mezclado”, sostuvo. Aclaró que la reforma busca igualar condiciones para los productores nacionales y evitar la desventaja competitiva que históricamente ha caracterizado al sector.
El dirigente remarcó que la percepción de riesgo entre los productores locales es infundada y responde más a la polarización gremial que a un análisis técnico del mercado.
El consumo de leche fluida en El Salvador ha registrado una disminución en los últimos años. Hace cinco años, el país consumía cerca de uno punto seis millones de botellas diarias; actualmente, la cifra ronda los uno punto cuatro millones de botellas diarias.

Rendón atribuyó este descenso a cambios generacionales en los hábitos alimenticios y a la eliminación de programas como el vaso de leche escolar. También señaló que el precio es determinante en la decisión de compra del consumidor: “Usted llega al supermercado y compra el más barato. Al final, la gente se acostumbra al mal sabor”.
El dirigente recordó que la preferencia por productos de bajo costo y la variedad de mezclas en el mercado han modificado la percepción de calidad y el consumo de lácteos en la población.
Consultado sobre el impacto nutricional de la reforma, Rendón reconoció que existen diferencias entre la leche fluida y la leche en polvo, aunque consideró que son mínimas en términos de salud si la mezcla se realiza correctamente.
“La nutrición de la mezcla con la leche fluida no es la misma, pero anda a escasos parámetros de salud”, indicó. Remarcó que la nueva normativa prohíbe el uso de adulterantes, análogos y grasas vegetales en la elaboración de productos lácteos, lo que, a su juicio, protege al consumidor y garantiza la calidad nutricional.
El dirigente recalcó que la competitividad debe ir acompañada de un marco regulatorio estricto para evitar prácticas engañosas y asegurar la transparencia en la industria.













