Hernán Arbuco tiene 33 años, casi 17 de carrera y una historia que arranca en un vestuario de Vélez Sarsfield con un teclado Casio y canciones enviadas por Bluetooth. El creador de La Champions Liga pasó por Nunca me faltes, el ciclo de entrevistas de Infobae Studio que conduce Manu Jove, y habló como pocas veces: del éxito que llegó antes de que pudiera entenderlo, de los que se fueron cuando las luces se apagaron y de la crisis silenciosa que atravesó entre el fútbol que dejó y la música que todavía no sabía bien si era suya.
Esta vez, el invitado trajo una historia que va mucho más allá de los hits: la de un pibe de las inferiores que renunció a su sueño de ser futbolista profesional para apostar por una banda que nadie del ambiente tomaba en serio, y que terminó firmando un acuerdo con la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) para poder usar su propio nombre.

Aquí, los momentos destacados de la charla:
El éxito que llegó sin que nadie lo viera venir
— Sos pendejo, pero tenés una carrera. ¿Cómo llevás eso?
— Siempre digo lo mismo. Empecé a cantar a los 17 años, me empecé a profesionalizar, y ya voy a cumplir casi 17 años de carrera. Arranqué a los 17, tengo 33, voy a cumplir 34. Entonces mi cabeza me dice: vas a ser más tiempo Hernán de La Champions Liga que sin ser Hernán de La Champions Liga. Lo llevo con responsabilidad. Me siento un privilegiado. La gente me transmite mucho el tema de “marcaste una época” y eso a veces no lo termino de dimensionar, tal vez por la edad. Trato de subirme al escenario y darles todo, que se encuentren con ese sentimiento de escuchar y decir: esto me hace acordar a cuando iba al colegio.
— Me interesa mucho esas dos vidas, la vida antes y después de ser Hernán de La Champions Liga. ¿Cuánto cambió en ese momento, cuando estalló, cuando empezaste a pegarla?
— Muchísimo. Lo primero fue renunciar a un sueño, que era ser jugador de fútbol. Yo estaba en inferiores de Vélez jugando a la pelota y empecé a grabar canciones. Era suplente, nadie me aseguraba nada. Llegó un momento donde descubrí una pasión. Hoy, más grande, creo que mi misión es la música.

— ¿Cuánto tiempo llegaste a hacer las dos cosas en simultáneo? O sea, seguías entrenando, seguías con los partidos y ya habías empezado a cantar, a presentarte en boliches, en shows.
— Lo pude hacer dos meses con los chicos de la banda que había armado con los del vestuario. El técnico hasta nos preguntaba si tocábamos ese fin de semana. Después, en diciembre de 2009, llegó una propuesta para hacer una gira en Uruguay y todo empezó a cobrar otro vuelo. Hice la pretemporada en enero de 2010 y ahí estaba tocando un poco. De hecho, hace poco conté que me descubrieron en una que fui a tocar. Fui a jugar sin dormir. Había un amistoso con Independiente el sábado. Me llama el técnico y me dice: “Mirá, me dijo mi hijo que iba a ver La Champions Liga en tal lado”. Y éramos nosotros. En ese amistoso de verano citaron 22 jugadores. De los 22, dos no entramos. Yo y un amigo. Nos mandaron a correr y nos dijeron: “Última vez, última vez”.
— ¿Y eso fue un poco un quiebre también?
— Eran señales. En septiembre, octubre, noviembre, diciembre de 2009 hice algunos shows con los chicos del club. A partir de ahí lo pude sostener hasta abril, tres o cuatro meses, porque ya eran muchas las propuestas. Vino una muy grande en Uruguay, la Fiesta de la Cerveza en Paysandú, ante unas 20.000 personas. Cuando me paré ahí fue tremendo. Era ver una multitud gritando por la Champions. Había tres artistas antes: Karina, 18 Kilates, Chili, y yo cerraba el festival. Me temblaban las piernas cuando me subí al escenario. Después de esa gira, en abril de 2010, volví a casa, miré a mi viejo y me dijo: “Ya está, me parece que vas a tener que tomar una decisión”. Fue muy claro y muy crudo: “El fútbol es difícil, vos no sos titular, podés tener una lesión de rodilla”. Y lo otro, una vida útil más corta como futbolista.
— ¿Es cierto que hubo algún reclamo de la UEFA?
— Sí, es cierto. Tengo un acuerdo firmado con la UEFA para poder usar el nombre. Cuando presenté La Champions Liga, hay un convenio donde la UEFA te pone oposición. Todos se agarraban de eso: “No tiene registrado el nombre”. Como mi cara no estaba tan impuesta, aparecían otros diciéndose La Champion Liga. Me llegaron a tratar de trucho. Para pelear contra eso recurría a los programas de fútbol, porque venía de ese palo. Fútbol para todos, La patada descendente, Pura química. Era batallar desde ese lado. Yo inventé la Champion Liga.

La soledad después del furor
— ¿Hay un momento en el que te das cuenta, en el que te quedaste solo? ¿Cómo es ese momento en el que mirás para los costados y los que estaban ya no están?
— Duro. Es duro. Te lo cuento con 33 años, habiéndolo trabajado, pero en ese momento son desilusiones. Vos te bajás de un escenario con la adrenalina al palo, sos el número uno, todos quieren hablar con vos, todos quieren saber qué onda. Por ahí uno te cayó bien, dos también, confiaste. Lo invitaste a tomar un mate a tu casa, saliste una noche. Y después te diste cuenta o te pidieron un favor. Cuando las luces se apagan, miraba así y estaba solo. Solo. No había nadie que me iba a pedir una foto, no había nadie que me hablaba. Estaba solo con mi tristeza. Son muchas desilusiones, a veces de golpe.
— Y esto de la imitación, los imitadores, ¿conviviste un rato con ellos?
— Sí, hasta no hace mucho. En Bolivia hay un muchacho que usa mis dos nombres, Hernán Nicolás Arbuco, y se hace pasar por mí. Usa el piano blanco que yo uso, todo. Es una estafa. El nombre ya está registrado, tengo Hernán y La Champion Liga, con acuerdo y mediación de por medio. Pero en ese momento, ¿de qué me agarraba yo? Les cantaba y me decían: “Sí, vos sos la voz que yo escucho”. La movida tropical fue muy cruel con nosotros, porque yo venía del fútbol, nunca había pertenecido a una banda. Era como llegar de otro planeta. Y pegado, porque de arranque se pegó. Un representante me dijo: “En tu caso, nunca nadie había logrado que un fenómeno se hiciera tan grande sin ponerle dinero en difusión”. Lo mío fue un boca en boca. Me conectaba al MSN y veía que los estados decían: “La Champion Liga, No lo engañes más”. Pasaban coches escuchando. Decía: esto es una locura.

La crisis entre el futbolista y el cantante
— En algún momento te arrepentiste de decir: che, no, era el fútbol, le pifié.
— Tuve cuestionamientos serios, por eso terminé en terapia. Cuando empecé a cantar, me decían: aprovechá, esto dura seis meses, como mucho un año. Y yo los miraba pensando: si dura poco y largué mi sueño, va a ser complicado. Pero ya estaba surfeando la ola. Siempre que intentaba bajarme del escenario, lo intenté varias veces, tenía como señales de la vida que me decían: por acá no. Soy muy de fe por eso.
— ¿Quisiste volver al fútbol?
— Sí, intenté. Me fui a probar a otro club, pero no me daba el físico ya de tanta gira. Y también me cambiaron los horarios. Hasta los 17 años madrugaba: colegio, entrenamiento. Después me transformé en un artista. Ya no hay más cuestionamientos.
— ¿Lo pensás a veces, qué hubiese pasado si elegías el fútbol?
— Eso me pasó con el orgullo más grande, con los que me cumplieron el sueño: con la Scaloneta. Los veía y decía: creo que ellos me cumplieron el sueño. Lo de Catar lo disfruté como si yo estuviese en el plantel. Lloré mucho con ese mundial, soy una persona emocional. Después de eso fue como que realmente me cumplieron el sueño que de chiquito yo soñaba. Al mundial vamos como con la manito en el bolsillo. Pero a la pregunta, me cumplieron el sueño.
— Y en ese consejo de aprovechalo, que no sabés cuánto dura, es que llega todo eso de la gira es interminable, los diez boliches una noche. O sea, entraste también en todo ese mundo.
— Claro. Cuando dejé el fútbol ya tenía gente que me representaba en Uruguay, tenía una propuesta en Argentina. Mucha data para un chico de 17 años con todo ese proceso. Yo siempre a mi equipo le planteo lo mismo: nosotros no hacemos cantidad, hacemos calidad. No me gusta el “dale, que no llegamos al otro”, andar llegando a las seis y media, siete de la mañana. El público paga una entrada y no le podés llegar a cualquier hora porque venís tocando. Ese fue un concepto que siempre intenté romper. Soy exigente con mis compañeros: somos privilegiados de trabajar de esto y hay que tomarlo con seriedad, más allá de que es una fiesta el show. Arranqué al revés: arranqué con el éxito. El furor duró un año, un año y medio, y después hubo que volver a empezar. Eso me hizo construirme como artista. Lo que sube de golpe es muy probable que baje de golpe. Trabajé mucho en mí mismo esa caída. Mucha gente me ve y me dice: arriba del escenario sos un león. Y abajo sos re chill. Mi lugar en el mundo es el escenario. Es como entrar a la cancha.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna














