Italia se quedó sin Mundial, pero hay quienes desde ese país encuentran en Argentina un reflejo familiar, una nostalgia que cruza océanos y une historias. Durante una transmisión en vivo, la periodista Alessia Tarquinio sorprendió a la audiencia con una “declaración de amor” inesperada por la camiseta albiceleste, evocando lazos, memorias y canciones compartidas entre dos orillas.
En el programa que integra en DAZN Italia, la mujer pidió la palabra y, con la camiseta de la selección argentina puesta al revés y el nombre “Messi” visible en el pecho, recitó un mensaje que rápidamente se viralizó en redes sociales.
Con referencias a Fito Páez y a la historia de millones de inmigrantes italianos, describió a Argentina como “un lugar extraño, en el otro lado del mundo, pero nunca realmente lejos”, vinculando esa proximidad a la memoria de abuelos que partieron de Nápoles, Génova o Sicilia con una maleta de cartón y una foto en el bolsillo.
La comunicadora resaltó que en Buenos Aires la nostalgia “no es una herida, es una forma de amor”, y que el fútbol argentino no existe solo para ganar, sino para recordar quién se es.
“Por eso, Diego Armando Maradona no pertenece solamente a los argentinos ni a Nápoles, pertenece a todos aquellos que alguna vez necesitaron creer que el talento podía vencer al destino”, sintetizó.
También aludió a cómo cada Copa del Mundo reactiva ese puente de recuerdos, donde la Albiceleste sale a la cancha acompañada por sus fantasmas, canciones y sueños, y el himno parece traer la voz de quienes miraron el océano buscando una vida mejor.
“Argentina nunca entra sola al terreno de juego, lleva también las salidas, su nostalgia, sus canciones, sus fantasmas y sus sueños; y cada vez que sueña el himno de la Albiceleste parece oír la voz de quien hace muchos años mirando al océano y esperando una vida mejor”, continuó el mensaje.

El video con sus palabras se propagó velozmente en redes sociales y la respuesta de figuras ligadas al fútbol argentino no tardó en aparecer. Juan Pablo Sorín, ex capitán de la selección y actual comunicador, replicó el mensaje de la periodista en su cuenta de X y le agradeció en italiano: “Grazie mille”, acompañando el posteo con el enlace a la canción de Fito Páez y una mención a su disco “Giros”.
También se sumó Ezequiel Schelotto, futbolista nacido en Argentina y nacionalizado italiano, con pasado en Racing Club, Aldosivi y una extensa carrera europea que incluyó un paso por la selección azzurra.
Schelotto, hoy jugador del FC Paradiso de Suiza, compartió el fragmento en sus historias de Instagram y escribió en italiano: “Bellissimo quello che hai detto” (“Lo que dijiste es hermoso”).

El mensaje completo de Alessia Tarquinio:
Atentos por favor, porque esta es una declaración de amor: yo vengo a ofrecer mi corazón. “Io vengo a offerti il mio cuore”, canta Fito Paez. Quizás Argentina empieza por aquí, de un corazón ofrecido sin garantías, de un amor vivido sin prudencia. Argentina es un lugar extraño. Se encuentra en el otro lado del mundo; pero, sin embargo, para nosotros los italianos nunca está realmente lejos porque dentro de sus calles, en sus apellidos, en sus domingos alrededor de una mesa todavía hay los ecos de millones de salidas, de abuelos que dejaron Nápoles, Génova, Sicilia con una maleta de cartón y una foto en el bolsillo. Quizás por eso Buenos Aires sabe ser tan familiar, porque es una ciudad construida con nostalgia, y la nostalgia en Argentina no es una herida, es una forma de amor. El fútbol, en Argentina, no sirve para ganar, sirve para recordar quién eres. Por eso, Diego Armando Maradona no pertenece solamente a los argentinos, no pertenece solo a Napoli, pertenece a todos aquellos que al menos una vez en esta vida necesitaban creer que el talento podía vencer el destino. Cada vez que Argentina juega un Mundial ese puente se llena de recuerdos. Argentina nunca entra sola al terreno de juego, lleva también las salidas, su nostalgia, sus canciones, sus fantasmas y sus sueños; y cada vez que sueña el himno de la Albiceleste parece oír la voz de quien hace muchos años mirando al océano y esperando una vida mejor, una voz que viene de lejos y que todavía hoy susurra lo mismo: “Vengo a ofrecer mi corazón”.













