
Investigadores de la Universidad de Copenhague determinaron que niños que practicaron básquetbol con ejercicios matemáticos de fracciones integrados mejoraron un 15% su rendimiento en matemáticas en comparación con grupos de control, según un estudio publicado en la revista Educational Psychology Review.
El experimento, denominado Basketball Mathematics Project, reunió a 309 estudiantes de entre 11 y 13 años de dos escuelas noruegas durante dos años lectivos. Los participantes fueron divididos en tres grupos: uno que combinó básquetbol con matemáticas en clases de educación física, otro que solo practicó básquetbol y un tercero que siguió las clases habituales sin modificaciones. El grupo con la combinación de ambas disciplinas fue el único que registró mejoras estadísticamente relevantes en las pruebas de matemáticas al final del programa.
La dinámica de las sesiones era concreta: los alumnos lanzaban 10 tiros al aro y luego debían calcular la fracción de intentos exitosos frente a los fallidos, para después convertir ese resultado en porcentaje. Cada semana se presentaba un nuevo tema dentro del básquetbol —dribling, pases, tiro en bandeja— con un concepto matemático asociado: suma y resta de fracciones, multiplicación, división, conversión a decimales. Las clases duraban 60 minutos y se realizaban una vez por semana durante ocho semanas, sin añadir horas al horario escolar.
Los avances, además, superaron el área de fracciones: el grupo de intervención también mejoró un 5,4% en tareas matemáticas no relacionadas con ese tema, lo que los investigadores interpretan como un efecto de transferencia, es decir, que el aprendizaje activo favoreció habilidades matemáticas más generales al margen del contenido específico trabajado en las sesiones. El grupo de control, en cambio, no mostró avances en ninguno de los dos tipos de preguntas.

Motivación durante las sesiones, un factor diferencial
Más allá del rendimiento académico, el estudio midió también cómo se sentían los alumnos durante las sesiones. Mediante cuestionarios aplicados justo al terminar cada clase, los investigadores comprobaron que los estudiantes del grupo de intervención reportaron una motivación intrínseca (el deseo de hacer algo por el placer en sí mismo, sin presiones externas) un 24% más alta durante las clases de básquetbol con matemáticas que durante las clases convencionales de matemáticas en el aula.
La sensación de autonomía —sentirse dueño del propio aprendizaje— fue un 16% mayor, y la de competencia —sentirse capaz— aumentó un 5%. Los investigadores vinculan estas diferencias, en parte, al hecho de que los alumnos trabajaban con datos que ellos mismos habían recogido durante los ejercicios, lo que habría generado un sentido de pertenencia sobre el proceso de aprendizaje.
Jacob Wienecke, investigador de ciencias del deporte y ejercicio de la Universidad de Copenhague y coautor del estudio, afirmó en declaraciones recogidas por la revista Popular Science: “Estoy convencido de que el deporte y la actividad física pueden abrirle las matemáticas a alumnos que de otro modo no se sienten atraídos por la asignatura”. El investigador añadió que “puede hacer que los niños experimenten esa materia de una manera diferente, preservando al mismo tiempo su motivación y su disfrute del aprendizaje”.
Pese a esos datos positivos durante las sesiones, la motivación general hacia las matemáticas como asignatura no cambió de forma sostenida a lo largo de las ocho semanas. Los autores apuntan que los adolescentes, con años de experiencia en la clase tradicional de matemáticas, tienen percepciones más arraigadas que resultan más difíciles de modificar con intervenciones breves.

Rendimiento deportivo e integración académica
Los investigadores señalaron que integrar contenidos académicos en la educación física no perjudicó el aprendizaje de habilidades deportivas. Tanto el grupo que combinó básquetbol con matemáticas como el que solo practicó básquetbol mejoraron de forma similar en el dribling en slalom (una prueba que consiste en conducir el balón entre conos alternando ambas manos), lo que indica que la carga cognitiva añadida por los ejercicios matemáticos no restó calidad al trabajo motor.
El estudio fue financiado por la Fundación Nordea y contó con la participación de investigadores de la Universidad de Copenhague y la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte.
Los propios autores señalaron como limitación que el grupo de intervención recibió una sesión semanal adicional de contenido matemático respecto a los grupos de control, lo que dificulta separar el efecto del movimiento del simple aumento del tiempo dedicado a la asignatura. También advirtieron que la intervención fue conducida con apoyo de investigadores expertos en básquetbol, un recurso difícilmente replicable a gran escala en los centros educativos ordinarios.













