
La más reciente encuesta de opinión pública de la firma consultora CID Gallup, realizada a nivel nacional y presentada por su gerente general, Luis Haug, expone un panorama político devastador para las fuerzas tradicionales en El Salvador.
El estudio confirma que la oposición política del país se encuentra en su punto más crítico, mostrando una incapacidad crónica para levantar cabeza frente a la consolidación de un nuevo modelo político.
De acuerdo con los datos, compartidos por Haug en el espacio de entrevista de Frente a Frente, los partidos históricos que gobernaron el país por tres décadas han quedado reducidos a una expresión marginal en el imaginario colectivo.
Este estancamiento cobra una relevancia aún mayor debido al momento político en el que se publica: el país se encuentra a pocos meses de que se cierre el ciclo clave de elecciones internas y se realice la convocatoria oficial a los comicios generales. La cercanía del calendario electoral incrementa la presión sobre las filas opositoras, las cuales, lejos de mostrar síntomas de recuperación para competir, entran a la fase crucial del proceso democrático en una situación de extrema debilidad institucional.
El estudio estadístico, con fecha de corte al 24 de mayo, indica que la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) registran apenas un 4 % de apoyo popular cada uno.

Este empate técnico en el subsuelo electoral refleja el desgaste absoluto del tradicional bipartidismo salvadoreño, el cual ha sido desplazado de manera definitiva por la abrumadora popularidad del presidente Nayib Bukele y el fenómeno político que gira en torno a su figura.
El ocaso del bipartidismo histórico
Durante la presentación de los resultados, Luis Haug detalló que los movimientos opositores mantienen una “presencia mínima” en la mente de los ciudadanos. La caída en picada de ARENA y el FMLN no es un fenómeno temporal, sino la consolidación de una tendencia donde las estructuras partidarias del pasado han perdido toda capacidad de convocatoria.
El resto de las formaciones políticas minoritarias de oposición ni siquiera logra figurar con porcentajes significativos, quedando relegadas a una representación meramente testimonial que solo consigue algo de notoriedad efímera durante los periodos de campaña electoral gracias a candidaturas individuales.
En contraste con el desplome de la oposición, el partido oficialista, Nuevas Ideas, se mantiene a la vanguardia, aunque el estudio revela un matiz importante: solo un tercio de la ciudadanía se identifica formalmente con la bandera del partido. La gran mayoría de los simpatizantes del rumbo actual del país se definen como independientes o vinculan su lealtad de forma directa al jefe de Estado.

El desplome de la oposición al 4 % se entiende mejor al analizar el apartado de la encuesta que evalúa el impacto del liderazgo presidencial. Mientras los partidos tradicionales luchan por sobrevivir y contra el reloj electoral, el 87 % de los encuestados manifestó sentir orgullo por la figura de Nayib Bukele. Esta cifra resulta extraordinariamente alta al compararse con los registros históricos de mandatarios anteriores en El Salvador y con el resto de los líderes de la región latinoamericana, lo que ensancha aún más la brecha entre el oficialismo y una oposición estancada.
La encuesta también recopiló testimonios de salvadoreños, incluidos miembros de la diáspora que residen en el exterior, quienes justifican su alejamiento de los partidos tradicionales debido a la transformación del entorno social y de seguridad. Uno de los relatos destacados por CID Gallup corresponde a un ciudadano que, tras regresar al país después de quince años en el extranjero, describió el territorio actual como «otro lugar», sorprendido por la tranquilidad social.
Este tipo de percepciones han terminado por sepultar las críticas y propuestas de los partidos de oposición, las cuales no logran conectar con el sentir de la población en la víspera de la contienda en las urnas.













