Violeta Urtizberea sorprendió en vivo al confesar la drástica decisión que tomó con sus redes sociales para cuidar su relación con su pareja, Juan Ingaramo. A pesar del amor entre ellos, la actriz reveló que durante las giras del músico optó por no seguir de cerca sus pasos ni publicaciones con la intención de no alimentar los fantasmas de su imaginación.
Todo sucedió cuando la artista visitó Otro día perdido (eltrece) y fue consultada por Mario Pergolini: “¿Sos celosa?”. Tras unos instantes de silencio, Violeta contestó: “No me considero una persona celosa, pero sí observo, no ando papando moscas”.
“Vamos con el padre de tu hija, con Juan, un tipo elegante, un tipo superagradable, fachero, encantador. ¿Sos de stalkear un poquito sus cuentas, de mirar?”, lanzó el conductor, a lo que la invitada comentó: “No, todo lo contrario. Lo tengo silenciado en Instagram. Desde hace muchos años. Él puede ver lo mío porque él considera que no le genera un conflicto. A mí me pasó muchas veces que cuento esto, la gente dice: “Ay, bueno”, como: “Qué tóxica”, pero para mí es al revés”.
Fue entonces cuando Violeta procedió a explicar su tajante decisión: “Yo me considero que no soy una persona que, por ejemplo, si Juan se va de gira, a cantar, podría ser algo como que a mí me podría angustiar. Se va, no tengo idea qué hace. Sale. No va del show al hotel. No me angustia eso. Pero yo si no veo algo, ojos que no ven, corazón que no siente. A mí me pasa eso”.


Para cerrar la situación, Urtizberea aseguró: “No me genero fantasmas como de qué estaría haciendo ahora. Si yo veo algo. Ahí me empieza a hacer mal”.
A mediados de marzo, en su paso por Infobae a las Nueve, el ciclo de Infobae en Vivo con Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, el cordobés abrió su rutina y su corazón para reflexionar sobre esta etapa de cambios en el que los vaivenes de la paternidad son apenas un aspecto.
Ingaramo se refiere a su pareja como un “lujo” y una “presión”, en referencia al ojo crítico que ella, actriz de larga trayectoria, aporta a cada proyecto. Sobre todo este último, en el que sus universos se acercaron más que nunca. “Es crítica en el buen sentido, es exigente y yo confío mucho en su criterio”, admite. Para él, tener a una compañera con una mirada tan formada es una ventaja, pero también un desafío: “Es tan buena actriz y tan inteligente y que tiene una visión muy clara. Por eso me sirve mucho cuando me da una devolución”.

La familia y el trabajo comparten un territorio común en la vida del músico. En este punto, la admiración mutua y la complicidad aparecen como motores de los proyectos compartidos. La referencia a la familia no se agota en la cotidianeidad: también se filtra en la creación. Ingaramo cuenta que le escribió una canción a Lila, “Shampoo”, incluida en su disco más reciente, y revela que el videoclip fue un proyecto realizado junto a ella: “De hecho, me ayudó a terminarla, porque yo tenía esta parte que era como: ‘Me gustas tú y tú’. Entonces ella me dijo: ‘Me gustas tú y yo’”. La experiencia de incluir a la niña en su proceso compositivo se transforma así en un recuerdo familiar que trasciende lo meramente artístico.
En este contexto, admite que el deseo de ampliar la familia aparece repetidamente en la charla. Ingaramo confiesa que le gustaría tener más hijos: “Yo tendría tres, cuatro, cinco”, pero también comprende las exigencias que implica la maternidad: “La mujer pone el cuerpo, hay ahí dos años más o menos de embarazo y lactancia”.














