
Durante mucho tiempo, la comunidad científica consideró que la anatomía asociada al habla en el ser humano se había mantenido prácticamente sin cambios desde la aparición de nuestra especie. Esta perspectiva tradicional afirmaba que la estructura de la mandíbula y la disposición dental permanecían estables, y que el aparato fonador moderno era un rasgo fijo en la evolución reciente.
El artículo publicado en la revista científica Science expone que, bajo esta hipótesis, las diferencias en los sonidos de las lenguas humanas se explicaban por variaciones culturales o históricas, sin considerar la posibilidad de transformaciones anatómicas posteriores al surgimiento del Homo sapiens. Así, la diversidad fonética observada hoy no se atribuía a cambios físicos recientes en la especie.
La influencia de la alimentación en los sonidos del lenguaje
Una nueva línea de investigación, recogida en el mismo estudio, sugiere que los hábitos alimentarios de las poblaciones humanas han tenido un impacto directo en la anatomía de la mandíbula y, por tanto, en los sonidos que las personas pueden producir. Los autores plantean que la transición hacia una dieta más blanda, asociada al desarrollo de la agricultura y domesticación, facilitó modificaciones en la estructura mandibular, lo que habría permitido la aparición de fonemas labiodentales en algunas lenguas.
El vínculo entre alimentación y anatomía bucal permite explicar la diversidad de sonidos en los idiomas humanos como resultado de la interacción entre cultura y biología. El estudio señala que las poblaciones con dietas tradicionalmente más duras presentan una menor incidencia de ciertos fonemas labiodentales, mientras que aquellas con acceso a alimentos procesados exhiben una mayor variedad fonética.

Diversidad fonética y origen de las lenguas
Hasta hace poco, la diversidad de sonidos en las lenguas del mundo se atribuía principalmente a la evolución cultural y a la dispersión geográfica de los grupos humanos. Se asumía que todos los seres humanos compartían las mismas capacidades anatómicas para articular sonidos, y que las diferencias observadas eran fruto de procesos históricos o sociales.
La hipótesis culturalista implicaba que la variación fonética era independiente de factores biológicos recientes, y que el repertorio de sonidos de una lengua podía modificarse libremente a lo largo de generaciones, sin restricciones impuestas por la estructura física del aparato fonador.
Este enfoque consideraba que fenómenos como la aparición o la desaparición de ciertos fonemas obedecían únicamente a dinámicas internas de las comunidades lingüísticas, sin que existiese un condicionamiento anatómico o fisiológico distinto entre poblaciones. Así, la explicación dominante sostenía que la variedad de sonidos existente en los idiomas era resultado exclusivo de la creatividad y la historia social de cada grupo.

Hipótesis, mordida y su relación con los sonidos labiodentales
El estudio publicado introduce una hipótesis histórica centrada en la evolución de la sobremordida tras el auge de la agricultura y la domesticación. Según sus autores, las dietas basadas en alimentos más blandos favorecieron la aparición de una sobremordida, en la que los dientes superiores cubren ligeramente a los inferiores.
Este cambio biomecánico habría facilitado la producción de fonemas labiodentales, como la “f” y la “v”, que requieren contacto entre los dientes y el labio inferior.
La investigación sostiene que la mordida de los cazadores-recolectores, acostumbrados a dietas más duras, provocaba un desgaste dental que impedía la formación de la sobremordida en la edad adulta. En cambio, la alimentación blanda permitió que más individuos conservaran esta estructura, lo que amplió el repertorio de sonidos posibles en las lenguas de ciertas poblaciones.

Modelos biomecánicos y el esfuerzo en los sonidos labiodentales
Para sustentar su hipótesis, los científicos recurrieron a modelos biomecánicos que simulan la producción de sonidos en diferentes configuraciones dentales. Science detalla que estos modelos demostraron que las personas con sobremordida pueden articular fonemas labiodentales con mayor facilidad y menor esfuerzo muscular que quienes tienen una mordida borde a borde.
El análisis biomecánico sugiere que la transición hacia una dieta más blanda no solo alteró la morfología mandibular, sino que también redujo el costo energético de ciertos movimientos articulatorios. Esto implica que la frecuencia de sonidos labiodentales en las lenguas humanas está, al menos en parte, condicionada por la configuración dental de la población que las habla.

Datos lingüísticos y la relación entre la dieta y nuevos sonidos
El estudio amplía la evidencia recurriendo a un análisis global de datos lingüísticos y antropológicos. Tras examinar más de 2.000 lenguas y múltiples registros etnográficos, los autores hallaron una correlación significativa entre la prevalencia de dietas blandas y la presencia de sonidos labiodentales en los sistemas fonéticos de distintas comunidades.
El trabajo muestra que los idiomas hablados por sociedades agrícolas o pastoriles tienden a incluir más fonemas labiodentales que los de sociedades cazadoras-recolectoras. De este modo, el patrón observado apoya la idea de que el cambio dietético postneolítico influyó en la evolución fonética de las lenguas humanas.
El artículo de Science concluye que la evolución del lenguaje humano es el resultado de una interacción entre la biología y la cultura. Los cambios en la dieta, derivados del desarrollo de la agricultura y domesticación, provocaron modificaciones anatómicas que, a su vez, afectaron las posibilidades fonéticas de las lenguas.












