
La publicación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a marzo, prevista por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) para el próximo martes, se produce en un contexto de renovada presión sobre los precios internacionales. Los datos oficiales de las principales economías del mundo y de la región ya reflejan un fenómeno de aceleración durante el tercer mes del año, impulsado fundamentalmente por el incremento en el costo de la energía y los combustibles a raíz del conflicto bélico en Medio Oriente.
En la Argentina, la dinámica inflacionaria del primer bimestre de 2026 mostró una estabilidad relativa en niveles del 2,9% mensual tanto en enero como en febrero. Sin embargo, el quiebre de la tendencia descendente en los indicadores globales durante marzo establece un nuevo piso de expectativas para el dato local.
La evolución del mercado petrolero, marcada por la volatilidad en las rutas comerciales del estrecho de Ormuz y el vencimiento de los plazos diplomáticos entre las potencias, ha impactado de manera directa en las estructuras de costos de transporte y producción a escala mundial.
El escenario global
Las estadísticas oficiales de diversos países confirman que marzo fue un mes de reversión en la tendencia de desaceleración de los precios. Según los datos del Bureau of Labor Statistics (BLS), Estados Unidos registró un salto significativo en su inflación mensual, que pasó del 0,4% en febrero al 0,9% en marzo, llevando la cifra interanual al 3,3 por ciento. Este incremento estuvo traccionado en gran medida por el rubro energético, que reaccionó a las fluctuaciones del precio del crudo en el mercado de Texas.
En la región, el fenómeno fue similar. En Chile, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) notó un salto de 1% en marzo. México, por su parte, reportó a través del Inegi una inflación del 0,86% en el tercer mes del año, frente al 0,38% del segundo. Brasil también mostró una curva ascendente, con un avance del 0,88% en marzo según el IBGE, superando el 0,70% registrado en febrero.
Incluso en la Eurozona, donde las presiones suelen ser más rígidas, los datos preliminares de Eurostat proyectaon un incremento del 0,4% al 0,6 por ciento.
En el ámbito local, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) ya ofreció un anticipo a través del Idecba, que reportó un IPC del 3,0% para marzo, lo que representa una aceleración respecto del 2,6% medido en febrero y una inflación acumulada interanual del 32,1 por ciento.
La suba del petróleo: la raíz de la volatilidad
El principal motor de la aceleración de precios ha sido el mercado de hidrocarburos. Durante marzo, el barril de crudo Brent, referencia para el mercado argentino, acumuló un incremento mensual del 63%, cerrando el mes en USD 118,35 por barril. Esta escalada respondió al conflicto militar directo que involucró a Estados Unidos, Israel e Irán, sumado al cierre parcial del Estrecho de Ormuz.
Si bien un breve acuerdo de tregua entre Irán y Estados Unidos logró descomprimir los valores de manera transitoria —llevando al Brent a tocar los USD 95,53 y al WTI a los USD 91,55—, la incertidumbre sobre la durabilidad del alto el fuego provocó nuevos repuntes en las últimas horas. El jueves, el WTI volvió a superar el umbral de los 100 dólares durante las últimas ruedas de negociación, manteniendo la presión sobre los costos logísticos internacionales a pocos días de que el Indec cierre el cómputo de marzo.
El impacto en los surtidores: Argentina en el ranking global
El traslado de estos costos internacionales a los precios internos ha sido desigual. Según un relevamiento global de precios de combustibles realizado por Global Petrol Prices, la Argentina se ubicó en el puesto 24 entre 124 países en cuanto a la magnitud de los aumentos registrados desde el inicio de la guerra. Con una suba acumulada del 23,8% en las naftas, el país quedó por encima de vecinos como Chile (16,8%), Brasil (7,6%) y Paraguay (7,9%), aunque por debajo de Perú, que lideró la región con un incremento del 35,6%.

En comparación con economías desarrolladas, la suba en los surtidores argentinos fue menor a la de Estados Unidos, donde los combustibles escalaron un 31,1%, ubicando a la economía norteamericana en el puesto 13 del ranking global. En el extremo superior del listado aparecen países como Myanmar y Filipinas, con alzas que superaron el 70% en el mismo periodo.
Para la economía argentina, el peso de los combustibles es central debido a su efecto multiplicador. Un incremento en el precio de la nafta y el gasoil impacta no solo de forma directa en el rubro de Transporte del IPC, sino también de manera indirecta en el precio de los alimentos y bienes de consumo masivo por el costo de los fletes.
Medidas de contención
Ante la posibilidad de que la escalada internacional impactara con mayor fuerza en el índice de marzo y abril, las empresas del sector energético en la Argentina implementaron mecanismos de estabilización. Por iniciativa propia y ante una merma sensible en el consumo interno —especialmente en el interior del país, donde el litro de nafta súper superó los $2000—, las principales compañías acordaron un esquema de “amortiguador” de precios.
Este acuerdo involucra a productoras como Tecpetrol y Pluspetrol, refinadoras como Raízen y Trafigura, e integradas como YPF y PAE (Axion). El mecanismo establece que los precios en los surtidores se mantendrán estables por un periodo de 45 días desde el 1 de abril. Para lograr esto, las empresas acordaron utilizar el valor del crudo de marzo como referencia para sus transacciones internas, acumulando la diferencia con el precio internacional en una cuenta compensadora.
Desde YPF señalaron que la petrolera estatal, que concentra más del 50% del mercado, ha trasladado hasta el momento solo un tercio del aumento del Brent al consumidor final. Según explicaron directivos de la compañía, la estrategia busca evitar la especulación y proteger el mercado interno en un contexto donde el 30% del crudo refinado se adquiere a terceros.

Complementariamente, el Gobierno resolvió postergar a fines de marzo la actualización prevista de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono para el mes de abril. Esta decisión fiscal se fundamentó específicamente en la necesidad de mitigar el impacto de la tensión energética global derivada de la guerra.
Qué mostrará el IPC de marzo
El dato que el Indec difundirá el próximo martes será el primer registro oficial que refleje el impacto pleno del shock energético de marzo sobre la economía doméstica. Tras el 2,9% mensual registrado en enero y febrero, el mercado analiza si las medidas de contención —como la postergación de impuestos y el amortiguador de las petroleras— fueron suficientes para disociar la tendencia local de la aceleración observada en Estados Unidos, Brasil y Chile.
Como anticipo, se puede recordar que los analistas que participaron del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA proyectaron una inflación del 3% en marzo. De cumplirse este pronóstico, el ICP habrá aumentado sólo 0,1 puntos porcentuales respecto al mes previo.
Lo que sí está claro, es que la persistencia de la volatilidad en Medio Oriente y la incertidumbre sobre la durabilidad de las treguas mantienen el precio del petróleo en niveles elevados. Con una infraestructura energética global dañada por el conflicto, los analistas advierten que, incluso si las hostilidades cesan, los costos logísticos podrían no retornar a los niveles previos de manera inmediata.













