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El antisemitismo del régimen iraní no es discurso: es una política de Estado

Irán institucionalizó el antisemitismo a través de su ideología, educación, propaganda estatal y redes terroristas internacionales. (REUTERS/Khaled Abdullah)

Mientras la República Islámica de Irán vuelve a situarse en el centro de una guerra regional cada vez más amplia, hay una realidad que merece más atención: el antisemitismo del régimen no es solo retórico ni ideológico. Es sistémico, patrocinado por el Estado y plenamente operativo.

Teherán no solo ha propagado el odio antijudío: lo ha institucionalizado dentro de sus fronteras y exportado al exterior mediante propaganda, incitación, terrorismo y violencia por delegación. Ese odio se ha traducido en política, propaganda y violencia.

La campaña antisemita del régimen comenzó inmediatamente después de la revolución de 1979. El 9 de mayo de 1979, el prominente líder de la comunidad judía y filántropo Habib Elghanian fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento tras un juicio sumario de 20 minutos, acusado de “espionaje sionista” y de ser un “corruptor en la Tierra”. Su ejecución conmocionó a la comunidad judía iraní y desencadenó un éxodo masivo que redujo la población de aproximadamente 80.000 personas a menos de 10.000. Desde entonces, al menos 17 judíos iraníes han sido ejecutados por el régimen.

Los libros de texto estatales iraníes enseñan sistemáticamente contenidos antisemitas, presentando a los judíos como astutos enemigos conspirativos del islam y recurriendo a estereotipos sobre la supuesta codicia, deslealtad y conspiraciones de dominación mundial. En 2025, el régimen obligó a los judíos iraníes a asistir a manifestaciones progubernamentales para denunciar a Israel y al sionismo, mientras los medios estatales promovían simultáneamente la negación del Holocausto y citaban escritos de Adolf Hitler sobre los judíos.

La negación del Holocausto es una política oficial iraní. En diciembre de 2005, el entonces presidente Mahmoud Ahmadinejad calificó el Holocausto como “un mito”. En 2006, el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní organizó una conferencia internacional de negación del Holocausto a la que asistieron 67 personas de 30 países. El régimen también ha patrocinado tres importantes concursos internacionales de caricaturas sobre el Holocausto en 2006, 2016 y 2020, organizados a través de instituciones culturales financiadas por el Estado.

El régimen opera medios de comunicación en varios idiomas para difundir el antisemitismo a nivel global. Press TV, fundada en 2007, apunta a audiencias de habla inglesa con teorías conspirativas antisemitas, negación del Holocausto y entrevistas con figuras como el líder del Ku Klux Klan, David Duke. Un informe de 2023 de ADL y el Center for Countering Digital Hate concluyó que el sitio web de Press TV recibe alrededor de un millón de visitas mensuales, con más de la mitad provenientes de países occidentales, y que su proyecto “Palestine Declassified” funciona como una “operación de odio de un Estado extranjero”.

En febrero de 2026, la ADL informó que HispanTV, el canal propagandístico en español de Irán con un alcance potencial de casi 600 millones de personas, intensificó de forma drástica su contenido antisemita tras el 7 de octubre de 2023. Según el informe, el medio recicló sistemáticamente teorías sobre el supuesto poder global judío, promoviendo conspiraciones sobre el control “sionista” de gobiernos y medios, y difundió libelos de sangre, equiparó el sionismo con el nazismo y glorificó a las organizaciones terroristas de Hamás y Hezbollah.

Las marchas anuales del Día de Quds, establecidas por el ayatolá Jomeini en 1979, sirven como plataforma global de incitación antisemita. En Teherán y en varias ciudades del mundo, estas manifestaciones incluyen consignas de “Muerte a Israel” y “Muerte a Estados Unidos”, la glorificación de grupos terroristas aliados del régimen y la difusión de teorías conspirativas antisemitas.

El denominado “Centro de Estudios Judíos” de Irán, fundado en 2016, ha publicado más de mil artículos, informes, columnas, libros y videos de carácter antisemita como parte de un intento por dar apariencia de legitimidad a la negación del Holocausto y a la ideología del régimen.

Pero el antisemitismo del régimen de los ayatolas va más allá que la retórica. A través de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y su Fuerza Quds, Irán ha cultivado una red de grupos proxy cuya ideología incluye el antisemitismo, entre ellos Hezbollah en el Líbano, Hamás y la Yihad Islámica Palestina en Gaza, y los Hutíes en Yemen. En el período previo a los ataques del 7 de octubre 2023 y la guerra posterior, la República Islámica de Irán financiaba a Hezbollah con aproximadamente 700 millones de dólares anuales. Para estos grupos, el antisemitismo y la destrucción del Estado de Israel son principios fundamentales.

El antisemitismo y el terrorismo del régimen iraní no se limita a Israel. El 17 de marzo de 1992, la organización Yihad Islámica bombardeó la embajada de Israel en Buenos Aires, causando 29 muertes. Dos años después, el 18 de julio de 1994, un atacante suicida de Hezbollah, actuando bajo órdenes iraníes, destruyó la sede de la AMIA en Buenos Aires, causando 85 muertes y más de 300 heridos, en el peor atentado antisemita fuera de Israel desde el Holocausto. En 2024, la justicia argentina dictaminó que el régimen iraní dirigió ese ataque y lo calificó como un crimen de lesa humanidad.

Este terrorismo antisemita sigue hasta hoy en día. En 2024, la Guardia Revolucionaria estuvo detrás de ataques incendiarios contra un restaurante kosher en Sídney y una sinagoga en Melbourne, Australia. En Suecia, el régimen utilizó redes criminales para atacar blancos israelíes, y en el Reino Unido, el MI5 reveló al menos 20 complots vinculados a Irán entre 2022 y 2024, incluyendo operaciones de espionaje contra ciudadanos judíos.

El antisemitismo violento de la República Islámica de Irán no es incidental. Es estructural: está entretejido en su ideología fundacional, su sistema educativo, en su aparato mediático y su política exterior. Desde los concursos de caricaturas que niegan el Holocausto hasta los atentados contra centros comunitarios judíos y el incendio provocado de sinagogas, la evidencia es clara: durante casi cinco décadas, Teherán ha convertido el antisemitismo y la violencia contra los judíos en un pilar central de su política de Estado.

Mientras el mundo observa hoy su poder militar, no debería perder de vista otra amenaza global igual de persistente: la exportación sistemática del odio.

*Marina Rosenberg es la vicepresidenta sénior de Asuntos Internacionales de la Liga Antidifamación (ADL). @_MarinaRos