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La decisión definitiva de Kicillof, la nueva propuesta de Uñac y la avanzada del peronismo anti K en el norte

Gustavo Sáenz, Axel Kicillof, Sergio Uñac, Cristina Kirchner y Carolina Moisés, protagonistas de una semana agitada para el peronismo

El jueves, ante un auditorio lleno y necesitado de un candidato a presidente opositor, Axel Kicillof probó el tono de un discurso que empezará a multiplicarse en sus actos de campaña. Porque, en definitiva, lo que está haciendo el gobernador bonaerense es instalar y reforzar su proyecto nacional en el camino hacia las elecciones presidenciales del año que viene. Puso en sus palabras el ímpetu de un lanzamiento pero, al mismo tiempo, la apertura a la convivencia de quien sabe que su conducción está limitada a un sector del peronismo.

“Axel entendió que en la calle se empezó a vivir una situación diferente respecto al gobierno de Milei y que no puede mantener su discurso de la misma forma. Hay que subirse a ese momento y empezar a acelerar”, sostuvo un funcionario de estrecha relación con el Gobernador, respecto al descontento con la gestión libertaria que se empieza a visibilizar en las encuestas. En su discurso Kicillof puso énfasis en el fracaso del Frente de Todos cuando aseguró: “No nos puede pasar que logremos una expresión electoral que pueda ganar las elecciones y después tengamos dificultades para gobernar”.

En el peronismo bonaerense hay quienes creen, con cierta lógica, que el mensaje fue para todos los participantes de frente que explotó por los aires en el 2023, pero, especialmente, para Cristina Kirchner. No puede haber conducción bifronte. El peronismo, en el caso de llegar a la Casa Rosada, necesita un solo jefe. Y ese tiene que ser el Presidente. El doble comando que se intentó en el 2019 se chocó con una pared de piedra. El mensaje, creen algunos, fue directo al departamento ubicado en San José 1111. Ya no existen los dedos todopoderosos y la delegación del poder.

Más allá de las interpretaciones, las necesidades y las hipótesis, Kicillof tiene en claro cómo debe ser el futuro de su relación con Cristina Kirchner. Está convencido de que la ex presidenta debe estar adentro de la coalición opositora y le otorga un lugar importante para intentar alcanzar el triunfo. Cree que para poder ganar ella tiene que ser parte de la propuesta.

Kicillof avanza en la construcción de su candidatura presidencial y en la consolidación del MDF a nivel nacional

“Esperar una ruptura de Axel con Cristina es una fantasía que no tiene asidero. El que intentó romper definitivamente con ella, desapareció del mapa. No tiene razón de ser que algunos piensen que hay que tirarla por la ventana. Es algo que no va a pasar”, se sinceró un funcionario de extrema confianza del Gobernador.

Kicillof no habla con CFK. Tampoco con Máximo Kirchner. Más allá de esa distancia y sus enojos guardados por la interna con La Cámpora, el economista no va a renegar de su origen kirchnerista. No va a negar su historia porque, en definitiva, esa su matriz política. Ese pasado es el que algunos dirigentes creen que le traerá problemas para hacer pie en el centro del país, donde hay una resistencia muy grande con el kirchnerismo y su dirigencia reconocida.

El mandatario provincial ha tomado una distancia de la conducción de Cristina Kirchner que es evidente. Ya no lo conduce políticamente. Su diferenciación con el estilo y el liderazgo de la ex presidenta está a la vista. Esa postura es la que indigna a todos los sectores del camporismo, que lo siguen viendo como un precandidato presidencial apresurado y confundido. Una mesa más chica y dura lo sigue considerando un traidor y un desagradecido por su trato para con la ex presidenta de la Nación. El enojo es profundo. La decepción, también.

“Axel no hace lo que quiere Cristina y no por eso es un traidor”, explicó a Infobae un ministro de la primera línea de confianza del Gobernador. Con una impronta irónica fuerte, un funcionario de la gobernación aseguró que al kicillofismo “le sirve que Mayra y Máximo sigan diciendo que Axel no es Cristina”, ya que con esa afirmación no hace falta marcar las diferencias entre el gobernador bonaerense y su mentora política. “Nos hacen el trabajo ellos”, agregó con sorna.

El gobernador bonaerense no tiene en sus planes romper con CFK ni echar a los ministros de La Cámpora, pese a la nula relación que tiene con los Kirchner

Hay relaciones que en el peronismo están rotas y parecen no tener retorno. La de Kicillof con Mayra Mendoza y Máximo Kirchner parece ser una de esas. Pero en las arterias peronistas, los más experimentados suelen decir que siempre hay tiempo para volver a hablar, que nada es lo suficientemente definitivo para llegar al punto final. Tal vez el problema aquí es que lo personal atraviese lo político. Una cuestión que, en todo caso, debe resolverse puertas adentro.

En las últimas horas en La Cámpora cayó mal la reunión que tuvo el jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco, con referentes del MDF en Quilmes, en la previa del acto que Kicillof protagonizó en la Ciudad de Buenos Aires. La suspicacias alrededor de ese encuentro tienen que ver con la posibilidad de plantarle una interna a la intendenta quilmeña en uso de licencia. “Axel dijo en su acto que hay que perder el menor tiempo posible en internas. Entonces hay que predicar con la palabra y el ejemplo. Pero, sobre todo, con el ejemplo”, se quejaron en el camporismo.

La relación se ha tornado inviable pero, aún así, se mantienen algunos lazos políticos. La mayor muestra de eso es que los cuatro ministros camporistas que tiene el gabinete bonaerense continúan en su cargo. Nunca estuvo en los planes de Kicillof sacarlos. Y no lo está hoy tampoco. Son varios los dirigentes del peronismo, incluso del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), los que consideraron durante este tiempo que el Gobernador tenía que echar a los ministros de La Cámpora para hacer valer su rol de jefe político. Era un pedido interno más que una necesidad del propio mandatario. Nunca ocurrió.

En La Plata aseguran que lo más importante entre tantos tironeos es que las decisiones de la gobernación las tomó siempre el mandatario. Y resaltan como ejemplo la determinación de desdoblar los comicios provinciales de los nacionales, acción política que desató una guerra interna en el peronismo bonaerense. “Mostró que es jefe el día que decidió adelantar las elecciones, pese a que CFK no quería. No le hace falta echar a los ministros”, sentenció un funcionario de extrema importancia en el esquema político kicillofista.

Sergio Uñac se reunió en Buenos Aires con un grupo de dirigentes que integran la Red Federal Peronista

Enfrente de Kicillof, empezó a construir su precandidatura, con un poco más de velocidad, Sergio Uñac. El sanjuanino viene recibiendo dirigentes y empresarios en un departamento que tiene como base de reuniones en el bajo Belgrano. Allí ha montado su base operativa para trabajar la rosca política. Justamente a ese piso con vista a los Lagos de Palermo llegó un grupo de dirigentes que forman la Red Federal Peronista, donde se concentran dirigentes justicialistas de todo el país.

En ese encuentro el sanjuanino reafirmó su idea de que el peronismo debe organizar una interna partidaria abierta. Y que la clave tiene que ver con ordenarla a la par de que se negocie ,en distintas oficinas, los votos por el futuro de las PASO. El Gobierno ya avisó que va a avanzar por su eliminación, mientras que la mayoría de la oposición quiere conservarlas. Hay varios articuladores juntando voluntades. Uno de ellos es Emilio Monzó. El ex diputado, de basta experiencia en la rosca política, está buscando votos en todas las terminales opositoras para mantener las elecciones primarias. Ese trabajó lo llevó a volver a hablar con el ex presidente Mauricio Macri después de un tiempo.

Uñac entiende que el peronismo debe ganarle de mano a Milei y tener organizado un plan de acción por si las PASO se caen. Pero ahora avanzó un pasó más sobre su idea inicial. El ex gobernador propone que la interna partidaria abierta se divida en cuatro regiones y en cuatro días. Una elección por día y por región de los candidatos nacionales del peronismo. Es decir, a modo de ejemplo, que en noviembre se vote en el Noreste (NEA), en diciembre en Noroeste (NOA), en febrero en la región centro y marzo en la Patagonia.

Luego de charlarlo con algunos dirigentes del peronismo, decidió empezar a proponerlo en algunas reuniones políticas como la que tuvo el miércoles por la noche con los integrantes de Red Federal Peronista. El sanjuanino tomó como ejemplo las elecciones internas de demócratas y republicanos en los distintos estados de Estados Unidos. Cree que de esa forma el peronismo puede ocupar seis meses la agenda política. En ese tiempo, los candidatos pueden ordenar sus propuestas por región y centralizar el debate en un determinado grupo de provincias.

Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo. Gustavo Sáenz y Carolina Moisés, integran un polo político que ha decidido romper relaciones con el kirchnerismo

El ordenamiento del peronismo es un debate en si mismo. Sobre todo por el grado de conflictividad que hay en algunas provincias. Esta semana la Justicia Federal de Jujuy anuló la intervención dispuesta por Cristina Kirchner en el PJ local, y dejó sin efecto las últimas resoluciones dictadas por los interventores del partido Aníbal Fernández y Gustavo “Tano” Menéndez, que entre las medidas tomadas habían suspendido, preventivamente, a 300 afiliados, entre ellos la senadora nacional Carolina Moisés.

La legisladora, una de las más apuntadas por el cristinismo, salió ganadora en la discusión política judicial que se trazó en el PJ jujeño, ya que fue ella quien impulsó la intervención de la justicia federal, luego de que se suspendieran las elecciones partidarias por cuarta vez y que los interventores la sancionaran por apoyar el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), incluido en la Ley Bases y en el proyecto de Presupuesto 2026.

Tanto Moisés, como otros nombres de peso en el peronismo jujeño, como Rubén Rivarola y Guillermo Jenefes, participaron en listas de fuerzas políticas distintas al PJ durante las elecciones legislativas de octubre y las provinciales de mayo. Las diferencias que existen desde hace tiempo se agigantaron durante la gestión de Milei, porque el kirchnerismo acusó de traidores y cómplices de las políticas libertarias a Moisés y el grupo de gobernadores que integran Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán).

Los tres mandatarios provinciales juegan juntos contra el kirchnerismo y recibieron un guiño de la justicia jujeña al momento de enterarse que el nuevo interventor designado fue Ricardo Guillermo Villada, ex ministro de Gobierno de Sáenz y hombre de su extrema confianza. El ex funcionario salteño estará a cargo del partido durante 180 días y tiene como objetivo llamar a elecciones internas durante lo que resta del año.

Gustavo Sáenz junto a su ex ministro de Gobierno Ricardo Villada, que fue designado como nuevo interventor del PJ de Jujuy

Es probable que haya una reacción desde el PJ Nacional en un plazo breve. Quienes conocen los vericuetos de la justicia electoral, aseguran que es posible que se recusé al juez federal de Jujuy en el Juzgado que controla la histórica jueza electoral María Servini, ya que es de su competencia la intervención de un partido nacional. Mientras tanto, el peronismo anti K del norte siente que ganó una batalla en las disputas por el control de los PJ locales y las intervenciones en curso.

En el grupo que integran los tres gobernadores y Moisés creen que el peronismo que subsiste dentro de Unión por la Patria tiene “una agenda vieja” y que el encono con ellos es injustificado porque las decisiones están asociadas a la gestión. “Somos peronistas y tenemos que gobernar”, suelen decir Jaldo y Jalil cada vez que escuchan quejas a la distancia, como una forma de marcar que no sacan los pies del partido, pero entienden que la gestión necesita de una mejor relación con la Casa Rosada.

Esta semana, durante una entrevista con el canal de streaming Gelatina, el catamarqueño Jalil aseguró que “el peronismo tiene que salir de la agenda del conurbano y del no”. Tanto él como sus otros dos colegas creen que el esquema principal del justicialismo no le dan relevancia a cuestiones centrales para las provincias, como fueron el RIGI o, durante esta semana, la Ley de Glaciares. Esas diferencias internas de criterio terminaron por romper los bloques del peronismo en el Senado y la Cámara de Diputados. Es una cadena de desencuentros y diferencias.

Esos gobernadores hoy están lejos de la posibilidad de integrar un frente común el año que viene con la mayor parte del peronismo. Tienen diálogos abiertos con otros gobernadores que no son del PJ, con los que se sienten más cómodos. Incluso, algunos de ellos pensó en la posibilidad de forjar una alternativa electoral conjunta el año que viene. Una tercera vía. Aunque, en las hipótesis más realistas, lo más ļógico sería que varios de ellos terminen logrando un acuerdo con la Casa Rosada, en una negociación que cruce los intereses nacionales con los provinciales, y que derive en el conocido toma y daca.