
El tiroteo escolar en San Cristóbal, Santa Fe, expuso las redes de la True Crime Community en Argentina. Se trata de una subcultura digital creada tras la masacre de Columbine que venera los delitos violentos y está integrada mayormente por jóvenes que buscan emular a los autores de ataques fatales.
Su expansión en el país fue alertado en un informe reciente elaborado por la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT), de la Procuración General de la Nación, el cual cobró especial relevancia luego de que se confirmara que el tirador de la Escuela Normal Superior N° 40 “Mariano Moreno” formaba parte tanto de la “TCC” como del movimiento Incels.
El documento detalla que en estos espacios virtuales -de los que participaba el adolescente que mató a un compañero e hirió a otros ocho con la escopeta de su abuelo- se producen narrativas que reconstruyen la figura del agresor como un héroe “trágico, icónico o incomprendido”.
En el análisis, los expertos detectaron que el fenómeno se desarrolla en distintas etapas: arranca con el consumo pasivo de documentales y foros, y escalan hacia espacios digitales cerrados donde se comparte material cada vez más extremo, como manifiestos, videos de ataques y memes violentos.
En el caso de San Cristóbal, la fiscalía busca determinar cuáles fueron los contactos del tirador con estos círculos y en qué medida lo incentivaron a perpetrar el ataque. Entre las tareas para esclarecerlo, peritaron su celular y hallaron a un presunto cómplice: otro joven, quien fue detenido e imputado por partícipe secundario del atentado escolar.
Los indicadores tempranos de alerta, según la Justicia
La SAIT elaboró una lista de señales de alerta —de observación indispensable para familias, docentes y operadores judiciales— que permiten identificar un proceso temprano de inmersión en la TCC y su posible escalada hacia conductas de riesgo.
Estos indicadores que surgen del informe judicial al que accedió Infobae son, más que ideológicos, de orden conductual:
- Consumo intensivo y obsesivo de contenido “True Crime” centrado específicamente en los perpetradores de crímenes, no solo en los casos policiales.
- Seguimiento y recopilación sistemática de información sobre tiroteos escolares u homicidas seriales, incluyendo documentales, archivos, reconstrucciones cronológicas y material gráfico sobre ataques previos.
- Participación en hashtags vinculados a tiradores, así como la interacción en foros, canales de mensajería o redes temáticas.
- Interés especial en detalles de la planificación y ejecución de ataques, superando el mero análisis forense y entrando en la admiración o la emulación.
- Referencias positivas y de admiración hacia los autores de hechos violentos, empleando apodos, frases o avatares inspirados en ellos, y compartiendo “tributos” que estetizan los ataques.
- Circulación de memes, imágenes icónicas, y lenguaje interno propio de la subcultura
- Expresión de fantasías violentas, interés en armas o tácticas, redacción de manifiestos o listas de objetivos, junto a mensajes de despedida o “testamentos digitales”.

Las autoridades remarcan que la detección temprana de estos comportamientos —que suelen observarse en adolescentes y adultos muy jóvenes con antecedentes de aislamiento social, bullying o baja autoestima— es clave para prevenir hechos de mayor gravedad.
El efecto “copycat” y las cuatro etapas de la “TCC”
Entre los mayores peligros señalados por el informe está el llamado “efecto copycat”: cada nuevo ataque analizado y glorificado en estos espacios se convierte en un hito que busca ser superado por otros posibles agresores. Así, la notoriedad mediática y digital de los autores alimenta un ciclo de imitación, radicalización y escalada de la violencia.
De acuerdo al informe, la pertenencia a la TCC suele atravesar cuatro etapas de involucramiento:
- Consumo de contenido: en este primer nivel, las personas se limitan a consumir material relacionado con crímenes reales, como documentales, series o podcasts. El interés es mayormente por curiosidad o entretenimiento, sin evidencias de riesgo.
- Admiración e identificación con los perpetradores: en el segundo nivel, los participantes empiezan a mostrar admiración hacia los agresores, imitan su estética, difunden sus manifiestos y comparten material sobre los ataques. Acá aparecen señales de riesgo, ya que esta etapa implica una vinculación psicológica más profunda.
- Radicalización y celebración de la violencia: esta etapa ya corresponde a subcomunidades radicalizadas, donde los ataques son abiertamente celebrados, se comparte material extremadamente violento y se alienta a que otros miembros pasen a la acción. Las interacciones suelen ocurrir en espacios privados o poco moderados, como chats cifrados.
- Planificación y ejecución de ataques: es el último estadio, alcanzado por una pequeña minoría que pasa a la acción directa. En este nivel se planifican atentados, se elaboran manifiestos justificando las motivaciones y se busca dejar una huella dentro de la comunidad, en un intento de ser admirados o recordados como sus predecesores.
A este punto llegó el tirador de San Cristóbal, que está alojado en un instituto de menores mientras la Justicia evalúa su caso. Además de él también detuvieron a otro adolescente, sindicado como partícipe secundario del hecho. Las autoridades llegaron a él tras un análisis al celular del atacante escolar, donde determinaron su conexión con la TCC y otros miembros.
Los posteos del tirador de San Cristóbal
















