La Argentina reúne algunas de las reservas de litio y cobre más atractivas del mundo, un Gobierno alineado con Estados Unidos y un régimen de incentivos pensado para captar grandes inversiones. Sin embargo, Estados Unidos todavía no logra capitalizar del todo esa ventana política en proyectos concretos dentro del negocio de los llamados minerales críticos.
Según un informe del Atlantic Council, la cooperación bilateral en litio, cobre y otros minerales estratégicos ganó densidad institucional en los últimos dos años mediante memorandos y, principalmente, el acuerdo de comercio e inversión que firmaron ambos países en febrero de 2026. Sin embargo, el documento advierte que “gran parte de esta cooperación sigue siendo declarativa y no operativa, con el riesgo de que el impulso político se disipe antes de lograr resultados concretos”.
El trabajo destaca el rol que puede tener el país en la puja de EEUU con China. «Para Estados Unidos, Argentina representa una alternativa potencial de alto volumen, segura y democrática frente a las cadenas de suministro controladas por China. Igualmente importante, Argentina es un caso de prueba para demostrar si la diplomacia económica estadounidense puede plantear un modelo competitivo de vinculación para el siglo XXI a través de un compromiso comercial sostenido, en lugar de una simple oposición reactiva a la influencia china», destacó el reporte.
Además, instó a Washington a movilizar inversiones, infraestructura y creación de valor local para apoyar a “un socio democrático orientado a reformas” algo que ofrecería un modelo replicable en la región y con otros países ricos en recursos “que debaten entre prioridades de desarrollo, alineamiento estratégico e integración en cadenas de suministro”.

El diagnóstico del think tank estadounidense –que viene de realizar un evento en Buenos Aires– resulta especialmente relevante porque coincide con uno de los momentos más receptivos para el capital extranjero en décadas. “Argentina bajo el gobierno de Milei representa las condiciones más favorables en años para demostrar un modelo alternativo en la región”, sostiene el informe a la vez que destaca el programa de reformas macroeconómicas «diseñado explícitamente para atraer inversión extranjera de largo plazo en sectores intensivos en capital como la minería».
El escrito destaca también la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI): “Representa un esfuerzo significativo para aislar los grandes proyectos de la volatilidad histórica argentina. Al ofrecer garantías de estabilidad por treinta años en materia fiscal, aduanera, cambiaria y de repatriación de capitales, el RIGI apunta directamente a los riesgos que más han disuadido la inversión minera a gran escala. Para proyectos superiores a 200 millones de dólares—y especialmente para los mayores a 1.000 millones, que reciben disposiciones reforzadas—el régimen altera de manera significativa el perfil de riesgo del país».
Para el Atlantic Council, este cambio de escenario no responde únicamente a nuevas herramientas regulatorias, sino también a una mayor credibilidad sobre su cumplimiento. En otras palabras, el mercado empieza a percibir un marco más confiable para inversiones de largo plazo en un país históricamente marcado por la volatilidad macroeconómica y los cambios de reglas.
Además, el informe advierte que, si Washington no logra movilizar capital bajo estas condiciones —alineamiento político, recursos estratégicos y reformas promercado—, “enviará una señal inequívoca al resto de América Latina de que la diplomacia económica estadounidense sigue siendo aspiracional y que solo Pekín ofrece el capital a escala necesario para un desarrollo basado en infraestructura”.
China avanza sin pausa
Mientras la estrategia estadounidense sigue concentrada en acuerdos diplomáticos, analiza el informe, “China ya consolidó presencia directa en la cadena de valor del litio argentino”. Así, el escrito sostiene que compañías chinas avanzaron mediante participaciones accionariales, desarrollo de proyectos propios y contratos de compra a largo plazo que aseguran abastecimiento para sus cadenas industriales.
La entidad resaltó los casos de empresas como Ganfeng Lithium, CATL, BYD, financiamiento en infraestructura logística, energética y ferroviaria y represas hidroeléctricas, además del swap bilateral de USD 18.000 millones vigente entre ambos países.
Contraataque de EEUU
Frente a ese avance, el Atlantic Council sostiene que Estados Unidos cuenta con herramientas de financiamiento al desarrollo, crédito exportador y asistencia técnica, pero todavía no logra desplegarlas con la velocidad y coordinación que exige la competencia por minerales críticos.
El informe menciona organismos como la US International Development Finance Corporation (DFC), el Export-Import Bank (EXIM) y la US Trade and Development Agency (USTDA), capaces de respaldar proyectos mineros e infraestructura asociada. La recomendación central es pasar de la diplomacia a una implementación más deliberada del capital disponible.
Entre las propuestas aparece incluso acercar la toma de decisiones al territorio, mediante equipos especializados dentro de la embajada estadounidense y nodos operativos en provincias mineras estratégicas, para reducir tiempos burocráticos y acompañar proyectos concretos desde etapas tempranas.
El informe señala que la oportunidad estadounidense está vigente. Mientras el litio argentino muestra un avance más acelerado de capitales chinos, el cobre permanece en una etapa más temprana de desarrollo, con grandes proyectos aún en búsqueda de financiamiento, infraestructura y socios estratégicos. Para Washington, ese segmento representa quizás la mejor posibilidad de transformar afinidad diplomática en presencia económica concreta.
“Argentina está lista. El gobierno de Milei ha implementado reformas políticamente costosas y ha señalado un claro alineamiento. La pregunta es si Washington puede estar a la altura del momento con coordinación, despliegue de capital y atención sostenida proporcionales a lo que está en juego estratégicamente. Los próximos años darán la respuesta—y toda América Latina estará mirando”, cerró el Atlantic Council.













