
La guerra en Medio Oriente impactó fuertemente los precios de la energía, el suministro global y las finanzas internacionales, afectando disparmente a diferentes regiones y países. Según el Fondo Monetario Internacional, los efectos varían mucho entre importadores y exportadores de energía y entre países con distintos niveles de ingreso y reservas.
En un documento elaborado por su economista jefe y varias departamentos internos, el Fondo marcó que se trata de “un nuevo shock global” que frena la recuperación de naciones que empezaban a estabilizarse tras crisis recientes. Las infraestructuras y los sectores productivos de los países directamente involucrados, dice, sufrieron daños de largo alcance, que complican sus perspectivas de crecimiento.
Los precios de la energía han sido el principal canal de transmisión, según la Agencia Internacional de Energía. El cierre parcial del estrecho de Ormuz y los daños a la infraestructura regional provocaron alteraciones sin precedentes en el mercado internacional del petróleo. Para los países que dependen de importar combustible, el aumento de los precios, dice el Fondo, equivale a la imposición de un impuesto sobre los ingresos nacionales.
Por regiones
En Asia y Europa, los principales importadores de energía soportan el mayor peso del encarecimiento de insumos y combustible. Cerca del 30% de la producción global de petróleo y el 20% del gas natural licuado (GNL) pasan por Ormuz, lo que expone especialmente a economías de África y Asia.
El aumento en los precios de la energía también pegó en regiones como Oriente Medio, África, Asia-Pacífico y América Latina, donde se combinan el alza de alimentos y los fertilizantes y un endurecimiento de condiciones financieras. Los países de bajos ingresos resultan especialmente vulnerables ante la inseguridad alimentaria y podrían requerir una mayor asistencia internacional, a pesar de la tendencia decreciente de ese tipo de ayuda.
El informe alerta sobre el riesgo de un escenario de incertidumbre prolongada, energía cara e inflación persistente y continuidad de tensiones geopolíticas
La situación se agrava por las perspectivas de inflación y menor crecimiento global. El FMI advierte que un conflicto breve puede provocar un aumento temporal de los precios del petróleo y el gas y uno prolongado mantendría elevados los precios de la energía, presionando aún más a los países importadores. El informe alerta sobre el riesgo de un escenario de incertidumbre prolongada, energía cara e inflación persistente y continuidad de tensiones geopolíticas.
En el plano fiscal, las economías importadoras de energía de África, Oriente Medio y América Latina, ya afectadas por limitaciones de reservas y espacio presupuestario, enfrentan costos crecientes de importación. En el caso de las principales economías manufactureras de Asia, el aumento en el precio del combustible reduce el poder adquisitivo y eleva los costos de producción y la presión sobre la balanza de pagos afecta el valor de sus monedas.
En Europa, la crisis revive la emergencia del gas de 2021-2022, en particular en países como Italia y Reino Unido, que dependen del gas para generar energía. Francia y España, con mayor capacidad de generación nuclear y renovable, están menos expuestas.

Los países exportadores de petróleo en Oriente Medio y partes de África y América Latina que mantienen sus rutas de comercialización activas pueden beneficiarse de la mejora en sus balances fiscales y externos. Sin embargo, matiza, algunos miembros del Consejo de Cooperación del Golfo vieron restringidas sus exportaciones, lo que añade incertidumbre y obstaculiza la inversión y el crecimiento, incluso después de la reanudación del tránsito.
Las cadenas de suministro globales también fueron alteradas profundamente. Las rutas de buques cisterna y contenedores deben desviarse, aumentando los costos de flete y seguro y retrasando entregas. El tráfico aéreo en los principales centros del Golfo sufrió interrupciones, dañó el turismo internacional y complejizó el comercio.
El impacto más grave
Además, cerca de un tercio de los fertilizantes globales circulan por el estrecho de Ormuz y la interrupción de estos envíos coincide con el inicio de la temporada de siembra en el hemisferio norte, lo que amenaza los rendimientos agrícolas y eleva los precios de los alimentos.
“Los habitantes de los países de ingreso bajo son quienes corren el mayor riesgo cuando suben los precios”, ya que los alimentos representan hasta el 36% del consumo en esas economías, comparado con el 20% en los mercados emergentes y el 9% en las economías avanzadas. Por esta razón, cualquier aumento en los precios de los fertilizantes y los alimentos puede derivar en problemas económicos y sociales, sobre todo donde los recursos fiscales para amortiguar el impacto son limitados», subraya un pasaje.
La industria manufacturera enfrenta riesgos de escasez y aumentos de precios de insumos clave. El Golfo es un proveedor importante de helio, esencial en la fabricación de semiconductores y equipos médicos. Indonesia, responsable de la mitad del suministro mundial de níquel, podría tener problemas para conseguir azufre, necesario para procesar el metal. Las economías de África Oriental dependen de los vínculos comerciales y las remesas de los países del Golfo, lo que implica una posible caída en la demanda de sus exportaciones de servicios y menos recursos provenientes del exterior.
Si los precios de la energía y los alimentos persisten en niveles elevados, la inflación global tenderá al alza. El FMI recuerda que el encarecimiento sostenido del petróleo ha empujado históricamente la inflación y restringido el crecimiento. Con el tiempo, el aumento en el costo del transporte y los insumos termina reflejándose en los precios de bienes manufacturados y servicios. Esto podría iniciar una nueva ronda de presiones inflacionarias, especialmente en países que apenas comenzaban a acercarse a sus metas de inflación y en aquellos con una inflación más persistente.
Inflación por región
El panorama inflacionario varía según la región. En Asia y zonas de América Latina, donde la inflación se mantuvo baja durante el último tiempo, la subida de los precios de la energía y los alimentos pondrá a prueba la estabilidad de las expectativas. En Europa, un nuevo repunte de los precios energéticos intensificaría la crisis del costo de vida y podría alentar demandas salariales más firmes. En África, Oriente Medio y América Central, donde los alimentos absorben una gran parte del ingreso, el encarecimiento tiene un impacto social y económico considerable.
Según el FMI, “si las personas y las empresas en cualquiera de estas regiones temen que la inflación se mantenga alta por más tiempo, es posible que trasladen esta percepción a los salarios y los precios, lo que haría más difícil contener el shock sin provocar una mayor desaceleración”.

En los mercados financieros, la guerra ha generado volatilidad y endurecimiento de las condiciones de financiamiento. Las cotizaciones bursátiles globales bajaron, los rendimientos de los bonos aumentaron en las principales economías avanzadas y en muchos mercados emergentes, y la volatilidad se intensificó. El FMI detalló que, aunque hasta ahora se ha evitado una liquidación masiva similar a crisis anteriores, las condiciones financieras se han tornado más restrictivas a escala mundial.
El impacto también resulta desigual en el ámbito financiero. En Europa y varios mercados emergentes, el aumento de los rendimientos y la ampliación de los diferenciales de crédito incrementan la carga de la deuda y dificultan el acceso a financiamiento tanto para gobiernos como para empresas. En África subsahariana y algunas economías de Oriente Medio y Asia Meridional, las reservas limitadas y el acceso restringido a los mercados agudizan la vulnerabilidad frente a shocks externos, ya que el aumento del costo de las importaciones de energía y alimentos agrava los déficits comerciales y presiona las monedas.
Por su parte, las economías avanzadas con mercados de capital sólidos y algunos exportadores de materias primas con amplias reservas, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Brasil y Ecuador, cuentan con mejores herramientas para enfrentar la volatilidad del mercado, aunque tampoco son inmunes al incremento de las primas de riesgo.
El FMI explica que estos canales de transmisión muestran por qué las consecuencias económicas de la guerra son de alcance global y al mismo tiempo extremadamente desiguales. Algunos países obtienen beneficios extraordinarios por los términos de intercambio, mientras otros padecen presiones en la balanza de pagos y un agravamiento de la crisis del costo de vida. Todo esto se produce en un contexto de alta fragilidad, donde muchas economías ya enfrentaban niveles de endeudamiento récord y dudas sobre la sostenibilidad fiscal.
Medidas a medida
En este escenario, el organismo destaca la importancia de que los países adopten políticas calibradas según sus necesidades específicas, en especial aquellos que disponen de reservas limitadas y poco margen fiscal.
El FMI ha intensificado su apoyo a los miembros más expuestos, mediante asesoramiento en política económica, fortalecimiento de capacidades y, cuando corresponde, asistencia financiera. Como resumió la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva: “En un mundo incierto, son cada vez más los países que necesitan nuestro apoyo. Estamos aquí para ayudarlos”.














