
Volodímir Zelensky aterrizó el domingo en Damasco en una visita no anunciada. Fue recibido en el Palacio del Pueblo por el presidente sirio Ahmed al Sharaa, con quien abordó la situación en Oriente Medio, el intercambio de experiencia militar y la cooperación en materia de seguridad alimentaria y energía. La escala cerró una semana de actividad diplomática que llevó al mandatario ucraniano desde Riad hasta Ankara y que consolidó a Ucrania como proveedor de tecnología de defensa para los países del Golfo sacudidos por los ataques iraníes.
El encuentro con Al Sharaa se centró en las circunstancias de la guerra rusa, las perspectivas de estabilización regional y las posibilidades de cooperación bilateral. Según informó Zelensky a través de Telegram, ambos presidentes mostraron “un gran interés en el intercambio de experiencia militar y en materia de seguridad”. El mandatario ucraniano también planteó el papel de su país como proveedor confiable de granos y señaló que Kiev comprende los desafíos energéticos e infraestructurales que enfrenta la Siria posterior a la caída de Al Asad.
La delegación ucraniana, encabezada por el ministro de Exteriores, Andrí Sibiga, y el secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Rustem Umérov, mantuvo también reuniones con el canciller sirio, Asad al Shaibani. Fruto de esas conversaciones, los dos países acordaron la reapertura de sus respectivas embajadas, según informó la agencia estatal SANA. El paso refuerza el comunicado conjunto firmado en septiembre de 2025 en la Asamblea General de la ONU, cuando Zelensky y Al Sharaa restablecieron unas relaciones diplomáticas rotas bajo la era de Al Asad.
La visita tiene un trasfondo geopolítico inequívoco. Al Asad, derrocado en diciembre de 2024 y refugiado en Moscú, fue uno de los aliados más fieles del Kremlin durante más de una década: Rusia lo sostuvo con bombardeos desde 2015 y conserva bases militares en suelo sirio que el nuevo gobierno no ha pedido que sean evacuadas. En enero, Al Sharaa recibió al propio Putin en Damasco. Para Zelensky, estrechar lazos con el nuevo gobierno equivale a erosionar uno de los espacios de influencia histórica de Rusia en la región.
La escala en Damasco llegó un día después de la reunión en Estambul con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, donde ambos acordaron pasos en cooperación de seguridad y proyectos conjuntos de infraestructura gasística. Turquía, que mantiene vínculos simultáneos con Kiev y Moscú, es un eje central de la diplomacia ucraniana en la región.
La gira arrancó la semana anterior en el Golfo Pérsico. Entre el 27 y el 29 de marzo, Zelensky visitó Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, donde firmó acuerdos de defensa por diez años que contemplan el intercambio de experiencia en intercepción de drones y misiles y el desarrollo tecnológico conjunto, según AFP y Reuters. Zelensky los calificó de “históricos” y subrayó que Ucrania nunca había firmado acuerdos de este tipo en la región.
La lógica descansa en una coincidencia de intereses: el Golfo sufre ataques con drones Shahed iraníes —los mismos que Rusia emplea contra Ucrania desde 2023— y Kiev lleva años perfeccionando sistemas de interceptación eficaces y baratos. A cambio, Ucrania aspira a misiles PAC-3 para sus sistemas Patriot y a financiación para sostener su esfuerzo bélico. Con las negociaciones de paz estancadas y el apoyo occidental mostrando señales de fatiga, la apertura hacia el mundo árabe es la apuesta de Kiev por ampliar su base de socios estratégicos más allá del eje atlántico.














