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El Loco de la Bandera: la historia del neonazi uruguayo que colgó una esvástica en su casa y mató dos personas en un día

Héctor Paladino, un conocido neonazi de Uruguay, es visto en esta imagen junto a una edificación con símbolos nazis, reflejando el oscuro periodo de terror que infundió en el país

El uruguayo Héctor Paladino decidió independizarse y se fue a vivir a Palermo, uno de los barrios de Montevideo que en la década del 80 era muy transitado. Su vivienda llamaba la atención de los transeúntes y su fachada llegó a las portadas de los diarios: allí ondeaba una bandera nazi. El 21 de diciembre de 1987, Paladino salió a recorrer la ciudad con la idea fija de cometer una matanza.

A sus 37 años, el hombre de ideología neonazi subió a su Ford Escort y realizó tres ataques con una escopeta recortada: mató a Simón Lazovski, un empresario judío dueño de una mueblería, y a Enrique Delfino, un empleado del Canal 4, uno de los tres canales privados de Uruguay. También hirió en el antebrazo a Nicolás Scheck, hijo del entonces administrador del diario local El País.

El Loco de la Bandera, de Pablo Londinsky

Esta historia es reconstruida en el libro El Loco de la Bandera. El caso Paladino: los crímenes del nazi que aterrorizó a Uruguay, de Pablo Londinsky. A partir de expedientes judiciales y entrevistas, el periodista vuelve sobre un personaje que cruzó una enfermedad mental, fanatismo ideológico y fallas de un Estado que nunca atendió las señales que advertían sobre lo que podía pasar.

Londinsky escuchó esta historia siendo adolescente como un relato oral transmitido de generación en generación. El caso se había convertido en un tema tabú y los caminos para acceder a información estaban bloqueados. Se sabía poco de lo que pasó ese día.

Héctor Paladino, el neonazi que aterrorizó Uruguay al salir de una sede judicial (El Loco de la Bandera)

“Todo esto me empezó a movilizar porque era una historia que estaba condenada al olvido. Eso me rebelaba porque había dos víctimas mortales, dos familias tremendamente afectadas y un hombre que había colgado una bandera nazi. Eso no podía perderse ni quedar librado al olvido”, contó Londinsky en diálogo con Infobae.

La bandera nazi estuvo colgada en la casa de Paladino durante mucho tiempo. Su casa fue la portada del diario La Hora dos meses antes de que cometiera los asesinatos. También hubo una advertencia de la propia colectividad judía, pero en el Código Penal uruguayo no existía la figura del delito de odio ni la apología del nazismo, que hoy sí están incorporadas.

Dos meses antes de los crímenes, el diario La Hora publicó en su tapa que en el barrio Palermo vivía en nazi. Las alertas no fueron advertidas

¿Quién era Héctor Paladino?

Paladino se había ido de la casa de sus padres a estudiar notariado, pero abandonó la carrera. Incursionó en la política en una agrupación del histórico Partido Colorado (el que más gobernó en la historia del país), que lo expulsó al conocer sus ideas radicales. “Él era un fanático del terrorista de Estado argentino Ramón Camps, lo idolatraba”, contó Londinsky, en referencia al ex jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires durante la dictadura argentina.

Pablo Londinsky y Martín Aguirre, en la presentación del libro

Paladino era también un aficionado de los medios de comunicación, no solo porque pasaba horas consumiéndolos sino también porque era un intermediario en la venta de la publicidad. Además, dedicaba mucho tiempo a leer sobre teorías conspirativas e ideología nazi.

La colocación de una bandera no era lo único que permitía vincularlo al nazismo. En su auto había banderines, por ejemplo. El neonazi difundía sus ideas a través de volantes caseros, que imprimió semanas antes de cometer los asesinatos y distribuyó en Montevideo y localidades del interior.

La casa en el barrio montevideano Palermo de Héctor Paladino (El Loco de la Bandera)

Paladino tenía una patología diagnosticada, por la que había sido internado en varios hospitales psiquiátricos.

Sembró muchas advertencias en el camino que fueron omitidas o ignoradas, y que terminaron con ese corolario del fatídico 21 de diciembre del 87, cuando toma una escopeta de caño recortado y sale a asesinar a representantes de medios de comunicación e integrantes de la colectividad judía”, contó el escritor.

Una de esas señales había ocurrido solo unos días antes. Paladino vio que unos jóvenes merodeaban su casa y salió a buscarlos con un revólver para preguntarles qué hacían ahí. Si bien fue denunciado, el caso no avanzó a nivel judicial.

Un neonazi uruguayo con una enfermedad mental había dado varias señales de lo que se podía mentir (El Loco de la Bandera)

Paladino tenía una “obsesión” por la comunidad judía, a la que consideraba una “enemiga de la humanidad”, según Londinsky. Además, tenía un odio particular hacia los medios de comunicación porque entendía que lo difamaban al atacar su pensamiento.

Paladino había crecido en una familia que vivía en Shangrilá, en el departamento de Canelones, a 35 minutos de Montevideo. De la investigación realizada por Londinsky surge que sus padres se mostraron “desesperados” por ayudar a su hijo a dejar atrás su patología psiquiátrica. En su casa, Paladino fue capaz de romper un vidrio y pegarle a sus hermanos. Su madre intentaba diluirle la medicación en el café para que él la tomara, pero la situación los sobrepasó.

“Uno ve esos intentos de no abandonarlo y de acompañarlo a clínicas públicas y privadas, pero evidentemente no resultó suficiente”, dijo el periodista.

Héctor Paladino fue declarado inimputable tras dos homicidios especialmente agravados

El pasatiempo cuando salió en libertad

Después de cumplir la condena por los homicidios, Paladino volvió a la vida en sociedad y evitó referencias a su pasado. Se dedicó a algo completamente distinto: comenzó a hacer videos en YouTube. Fue, en cierto modo, un precursor de los streamers. Se dedicaba a transmitir música, sintonizaba radios y dejaba publicadas horas y horas de contenido. A veces la cámara quedaba filmando, pero ni siquiera había nadie en la habitación.

Hay cerca de 400 horas registradas en la plataforma.

Por lo que se veía en esos videos, Paladino parecía haber dejado atrás su viejo fanatismo, aunque hay una imagen que a Londinsky le quedó resonando: en un video hizo el gesto de gatillar un arma.

Archivo inédito: Héctor Paladino, tras quedar en libertad; murió en 2023

“A mí me impresionó mucho eso: era el dominio de un arma de fuego representado en un video de YouTube, sin ninguna mención a su pasado”, dijo el autor.

Paladino vivía de una pensión por discapacidad que le pagaba el sistema previsional uruguayo, pero no le alcanzaba. Sus vecinos le tenían que colaborar para darle agua y alimentos.

Paladino murió solo. Nadie se enteró de su muerte hasta varios días después, cuando la Policía tiró abajo la puerta de su casa y vio que su cuerpo estaba siendo comido por ratas.

Héctor Paladino, un neonazi uruguayo que mató dos personas en la década del 80 (El Loco de la Bandera)

Las alertas que se repiten

El caso Paladino tuvo varias señales de alerta que, atendidas a tiempo, podrían haber cambiado la historia. Esta fue una de las motivaciones del escritor para escribir el libro: con el paso de los años hubo otro episodio similar y en 2026 hay otras alarmas que también se encienden sobre el antisemitismo.

El violento episodio con dos jóvenes que merodeaban el barrio, los afiches con sus ideas extremistas que estaban en poder de la Policía y su historia clínica son solo tres de los elementos que pueden interpretarse como señales de alerta previas a los asesinatos.

Julio María Sanguinetti, dos veces presidente de Uruguay, en la presentación del libro El Loco de la Bandera (difusión)

“Acá había una cantidad enorme de advertencias, de señales de alarma que estaban encendidas y que por un motivo u otro no llevaron a una acción que previniera este desastre de dos asesinatos y un muchacho herido”, reflexionó Londinsky.

“Esto que pasó en el 87 no se tenía que volver a dar. Fue la primera vez que en un abierto acto antisemita y nazi un hombre asesinó a dos personas –un integrante de la comunidad y otro que no lo era–. Lo que pasó no tenía que volver a repetirse en este país y se repitió en 2016”, agregó, en referencia al asesinato del comerciante David Fremd.

Pablo Londinsky, autor de

El autor dijo que en 2026 se dan las mismas señales de alerta, aunque adaptadas a la época. Como aquellas que Paladino había sembrado antes de salir a matar. Esto, según Londinsky, se ve reflejado en los discursos de “sectores encumbrados de la sociedad” y también con datos objetivos: según una encuesta de Opción Consultores hay un aumento del antisemitismo en Uruguay.

Londinsky planteó una pregunta que le queda como reflexión y a la que no le encuentra respuesta: “¿Quién me puede asegurar a mí que esto no se va a repetir en 2026?”.