
¿Qué relación hay entre Borges y El Eternauta? El escritor Martín Hadis lo estudió con minuciosidad y llegó a grandes conclusiones. El producto de esa investigación se titula Borges y el Eternauta: el origen secreto de la gran odisea espacial argentina y lo publicó Editorial Claridad.
El 30 de marzo a las 19 horas se presentará en el Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, sobre la Avenida Las Heras, en la Ciudad de Buenos Aires. El encuentro contará con la participación de Hadis, quien conversará con Héctor Pavón, Pablo Capanna y Andrés Racket, bajo la coordinación de José María Gutiérrez. La entrada es libre y gratuita.
Según el propio Hadis en su obra, H. G. Oesterheld poseía una formación académica en ciencias naturales y un extenso dominio de antiguas literaturas, mitologías y religiones, lo que sumaba a su condición de lector apasionado de Jorge Luis Borges. Esta confluencia intelectual, explica el autor, revela que El Eternauta contiene dimensiones filosóficas y literarias hasta ahora inadvertidas, que permiten una redefinición integral de la célebre historieta.
Doctor en Humanidades (UPF-Barcelona), Martín Hadis obtuvo una maestría en Media Technology del MIT y en Antropología en la Universidad de North Texas. Cursó estudios de posgrado de literaturas germánicas medievales y religiones comparadas en la Universidad de Harvard. Publicó libros como Borges profesor, Siete guerreros nortumbrios y Memorias de Leonor Acevedo de Borges.
Escribió el prólogo de la traducción al inglés de El Eternauta, lanzada en los Estados Unidos en 2015, publicó junto a Mariano Chinelli Más allá de Gelo, la antología de cuentos de ciencia ficción de Oesterheld, y estudió lengua, cultura y literatura japonesa por más de veinte años. A continuación, tres fragmentos del libro de Hadis.

Del prólogo del libro
[…] Por su extensión, complejidad y temática, El Eternauta es una novela de ciencia ficción, pero es, a la vez, mucho más que eso. Su autor, Héctor Germán Oesterheld, nacido en 1919, fue al mismo tiempo un científico y un sabio un hombre de vastas lecturas, conocimientos enciclopédicos e intelecto agudísimo. Fue, asimismo, un devoto lector de la obra de Jorge Luis Borges. Como explicaré y demostraré en las próximas páginas, Borges tuvo una enorme influencia sobre Oesterheld y sus huellas se encuentran a lo largo de El Eternauta. En el relato de Juan Salvo confluyen además muchas otras vertientes, algunas antiguas, otras modernas, que le proveyeron a Oesterheld diversos materiales y contribuyeron al desarrollo de su marco narrativo. Es importante señalar que, al inspirarse en todas estas lecturas, Oesterheld no se limitó a incorporar ideas: las reconfiguró y entretejió de manera que su presencia no resulta en absoluto evidente. Esto se debe a que éstas surgían, sin duda, espontáneamente de su memoria, en muchos casos sin que él mismo fuera consciente de ello. La siguiente descripción que J.R.R. Tolkien formula acerca del proceso de creación de su obra, El Señor de los Anillos es también, probablemente, la mejor explicación de cómo se gestó El Eternauta:
Historias como ésta crecen como semillas en la oscuridad, alimentándose del humus de la mente: todo lo que uno ha visto o pensado o leído y que ha olvidado hace tiempo. (Tolkien 1977:126).
H.G. Oesterheld escribió El Eternauta entre 1957 y 1959, y para entonces contaba ya con varias décadas de lecturas intensas. Lo hizo con una visión profundamente humanista, combinando sus vastos conocimientos científicos y literarios con una excepcional sensibilidad poética. Pero lo que distingue a El Eternauta y lo eleva por encima de la ciencia ficción tradicional es su marco metafísico: los combates en la Tierra instancian un enfrentamiento entre fuerzas cósmicas, y reverberan, a su vez, en una red que conecta a todas las civilizaciones del Universo. Oesterheld creó para El Eternauta una cosmología propia, cuyos elementos resuenan con distintas religiones del Cercano y Lejano Oriente (entre ellas: el zoroastrismo, el daoísmo y el budismo). Combinó esto con las narraciones de La Odisea y La Guerra de los Mundos, de H. G. Wells. La influencia de la antigua Grecia recorre El Eternauta: además del marco narrativo homérico, hay asimismo ecos de Platón y Pitágoras, y también huellas del teatro de Sófocles. Todo esto converge en un formidable relato de ciencia ficción que, a la vez, se eleva –por su dimensión espiritual y literaria– por encima de los clásicos del género. No es una simple historia de aventuras sino una obra épica y mítica, una exploración de la identidad y la memoria y una reflexión sobre el lugar del ser humano en el cosmos. En otras palabras, El Eternauta es una obra profundamente borgeana: tanto en su concepción como en su ejecución.
Todo esto explica, asimismo, tanto su vigencia a lo largo del tiempo como su proyección mundial. Han pasado casi setenta años desde su primera publicación, y el número de lectores no hace más que aumentar. El Eternauta ha sido traducido al griego, al croata, al finlandés, al chino, al italiano, al portugués, entre muchas otras lenguas, y tiene seguidores en todas partes del mundo […].
Del capítulo 4: “La influencia de Borges en El Eternauta”
Las ruinas (semi)circulares. En un episodio de El Eternauta, Juan Salvo, Franco, Favalli y otros sobrevivientes se hallan en Plaza Italia, en el barrio de Palermo. Los invasores les tienden allí una nueva trampa: los rodean con enormes llamas. Juan y sus amigos las divisan desde lo alto de un edificio; este, repentinamente, comienza a derrumbarse. Afortunadamente, todos logran escapar -excepto Favalli, que queda atrapado bajo las ruinas-. La escena se vuelve acuciante porque las llamas se acercan a toda velocidad. Eventualmente, el fuego rodea Plaza Italia por entero. Favalli sigue pidiendo ayuda pero Juan no tiene manera de salvarlo: el fuego ha alcanzado ya las ruinas que lo aprisionan.
Aun cuando la conexión no es evidente a primera vista, este episodio de El Eternauta está directamente inspirado en el cuento de Borges titulado “Las ruinas circulares”. El protagonista de ese relato de Borges es un mago que llega a las ruinas de un templo circular dedicado al dios del fuego, oculto en la espesura de una selva, en algún punto indefinido de la India, a orillas de un río. En el centro de las ruinas hay un pedestal, y sobre él, una efigie de ese dios con forma de tigre o caballo, tallada en piedra.
El mago se acuesta a dormir. Su objetivo es traer al mundo un hijo pero no por medios naturales, sino mediante el poder de sus sueños A tal fin invoca la ayuda del dios. Este le responde que aceptará darle vida a ese hijo soñado con la única condición de conferirle un don: el de ser siempre inmune a su elemento, el fuego. Así, el hijo soñado por el mago se hace corpóreo. El mago lo envía a otro templo idéntico, río abajo, dedicado al mismo dios del fuego.
Años o lustros más tarde, le llegan noticias de “un hombre mágico” que vive río abajo y que es capaz de atravesar el fuego sin quemarse. Se trata, evidentemente, de su hijo soñado, a quien no dañan las llamas.

A estos pensamientos está entregado el mago cuando, de repente, nota una humareda lejana: en la selva se ha desatado un incendio y pronto las llamas rodean las ruinas del templo. El mago atraviesa las llamas; éstas, en vez de dañarlo, “lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión”. El mago comprende entonces que él, como su hijo, ha salido del sueño de otro; los dos han recibido la vida del mismo dios del fuego.
Las llamas que rodean a los sobrevivientes en El Eternauta están directamente inspiradas en el fuego que rodea a las ruinas circulares de ese antiguo templo. Plaza Italia presenta notables semejanzas con el templo del relato de Borges. No es circular sino semicircular. Recordemos sin embargo que Borges señala en su relato que en el centro del templo hay un pedestal y sobre éste, una estatua con la forma de un tigre o de un caballo. Pues bien, en Plaza Italia hay un pedestal similar, sobre el que se yergue también un caballo: se trata de la estatua ecuestre de Giuseppe Garibaldi. Ésta, además, se halla en medio de un círculo demarcado por postes de hierro unidos entre sí con cadenas; en esto, la correspondencia con las ruinas circulares es exacta.
En el cuento de Borges, el mago acepta su muerte. Pero en El Eternauta, como hemos visto, Favalli pide ayuda una y otra vez; Juan quiere salvar a su amigo, pero sabe que si intenta acercarse, él también perecerá entre las llamas. Sin embargo, al rato nota algo extraño: los escombros bajo los que se encuentra Favalli han pasado ya un tiempo considerable bajo las llamas; para ese entonces, Favalli ya debería haber muerto. Y sin embargo, no solo está vivo, sino que sigue pidiendo auxilio. Ante esto, el eternauta sospecha y reflexiona en voz alta: “Estas llamas no deben ser tan mortales como parecen” (E: 201). Reacciona, entonces, igual que el mago del cuento de Borges: en vez de huir del fuego, corre hacia él. Y así como el mago de “Las ruinas circulares” descubre, sorprendido, que las llamas “lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión” (OC1: 455); Juan Salvo nota esas mismas características en las llamas que lo rodean: no lo queman, ni generan calor (E: 201), y acude a rescatar a su amigo.

Como puede verse, en este episodio Oesterheld invierte los planos de realidad y apariencia que Borges plantea en su cuento. En “Las ruinas circulares”, los hombres son ilusiones y el fuego es real; en esta escena, los hombres son reales y el fuego es ilusorio. Como en los cuentos de Borges, la pregunta de qué es real y qué es imaginario o ficticio se plantea una y otra vez a lo largo de El Eternauta. Este cuestionamiento alcanza su cima al final de El Eternauta, cuando el narrador (muy borgeanamente) termina preguntándose si la obra entera que viene de relatar será real o una mera alucinación.
Del Capítulo 6: “La influencia de El Eternauta en los cuentos de Borges”
Oesterheld y El Eternauta dejaron huellas notables en la narrativa que Borges produjo en los años que siguieron al primer encuentro entre estos dos creadores. Nos consta, por declaraciones de su esposa Elsa, que H. G. Oesterheld le contó a Borges la historia de El Eternauta y que a éste “le encantaba que la ciencia ficción sucediera en Buenos Aires”. Lo que probablemente ocurrió fue que Oesterheld le leyera El Eternauta en voz alta, ya que Borges estaba ya ciego. Pero además, y por la misma razón, Oesterheld no solo parece haberle leído los textos, sino también haberle descrito las ilustraciones, ya que hay en los cuentos de Borges hay ecos detectables no solo del guion de El Eternauta sino también de los dibujos de Solano López. Resulta en todo caso evidente que varios elementos y escenas de El Eternauta conmovieron singularmente a Borges, ya que él mismo los recreó luego en varios de sus cuentos […].