La Colección Helft deslumbra con un recorrido por medio siglo de arte

La Colección Helft regresó a San Telmo en una muestra que no solo destaca la figura de Jorge y Marion Helft y su legado como mecenas del arte argentino, sino que también marca el regreso de un acervo emblemático a su histórica sede, que hoy es habitada por W-galería. .

Curada por Jimena Ferreiro, la exposición reúne obras fundamentales de más de 40 artistas nacionales e internacionales en un recorrido que toma las tres plantas del espacio al producirse exactamente un año del fallecimiento de Jorge Helft, “filántropo decisivo” y curador cuya influencia se proyectó en la Argentina y más allá, tanto desde la Fundación San Telmo en los años ochenta como en su papel en la Bienal de São Paulo de 1994 y 1996.

La exhibición se convierte así en un doble homenaje: a la historia de la colección, que recorre medio siglo, y a la vez refleja la mirada audaz de Jorge y Marion Eppinger, quienes apostaron por artistas en sus inicios, como De la Vega o Kuitca.

El edificio actual destinado a albergar la colección Helf fue construido en 1992, concebido específicamente para ese propósito. Hasta el año 2010, funcionó como espacio semipúblico: se trataba de una institución privada, pero el acceso a las obras no estaba restringido completamente, pues la política aplicada era la de “toco el timbre y paso”, relató Ferreiro a Infobae Cultura, por lo que el evento es un hito ya que la colección jamás se mostró de manera tan abierta, más allá del préstamos de obras para diferentes muestras.

La exposición reúne obras fundamentales de más de 40 artistas nacionales e internacionales en un recorrido que toma las tres plantas del espacio

Entre los artistas seleccionados figuran Antonio Berni, Líbero Badíi, Oscar Bony, Louise Bourgeois, León Ferrari, Marta Minujín, Julio Le Parc, Pablo Suárez, Clorindo Testa y figuras internacionales como Duchamp, Sophie Calle, Niki de Saint Phalle y Ben Vautier. La muestra propone un recorrido que abarca estilos tan diversos como la “figuración crítica”, las poéticas neo-dadá, el pop lunfardo o los conceptualismos, así como el protagonismo de los feminismos avant la lettre.

En total, la muestra presenta 129 obras distribuidas entre las dos sedes (una segunda parte relacionada al arte conceptual se presentará en W-archivo en Viamonte 452, donde funcionó el CAyC, Centro de Arte y Comunicación), lo que representa aproximadamente un catorce por ciento del acervo total, integrado por más de mil piezas, un número que se aproxima al promedio de exhibición de los grandes museos.

El criterio curatorial evitó la disposición tradicional de panelería de los noventa y optó por suspender las obras en el espacio, una decisión que responde tanto al deseo de articular los ejes temáticos como a la necesidad de otorgar mayor protagonismo a la singularidad de las piezas.

Los Helf ya tenían antecedentes en el ámbito cultural porteño como responsables de la Fundación San Telmo, una iniciativa que impulsaron entre 1980 y 1992 en el mismo barrio, formando así una “triangulación” de espacios de exhibición artística.

Jorge y Marion Helft posan para un retrato en blanco y negro en 1955

Ambos provenían de familias judías europeas —él, francés; ella, húngara— directamente impactadas por la Segunda Guerra Mundial. Las circunstancias del exilio marcaron su historia personal: “La familia de Jorge huyó de París con la invasión nazi, mientras Marion debió dejar su país cuando los nazis ocuparon la fábrica textil familiar y vivió un tiempo oculta”, explicó Ferreiro.

Marion se radicó directamente en Buenos Aires y Jorge, después de residir en Nueva York, también se estableció en la capital argentina. La curadora remarcó el modo en que las vivencias de desplazamiento y pérdida de patrimonio definieron un perfil de coleccionismo “ligado al trauma, la reconstrucción y la sensibilidad ante el contexto social”.

A partir de 1968 se inició la conformación sistemática de la colección, partiendo de la adquisición de una pieza de Le Parc. Antes de ese momento, existían compras dispersas —como piezas gráficas y pinturas modernas— que no llegaron a integrar el núcleo central del acervo.

Fue en los años setenta cuando la colección encontró un perfil definido asociado a la “figuración crítica monstruosa”, con obras que “representan cuerpos violentados o desgarrados, en resonancia con el trauma de la dictadura argentina y la condición de humanidad en crisis asociada a los exiliados y descendientes de la guerra”.

Fue en los años setenta cuando la colección encontró un perfil definido asociado a la “figuración crítica monstruosa”, con obras que “representan cuerpos violentados o desgarrados, en resonancia con el trauma de la dictadura argentina y la condición de humanidad en crisis asociada a los exiliados y descendientes de la guerra”.

Ferreiro destacó que, aunque nunca la totalidad de las obras de la colección Helf se exhibió en una sola institución, su política de préstamos generosos permitió la presencia constante de piezas en exposiciones clave del período.

Obras de artistas como Berni, De la Vega, Heredia, Grippo y Bony formaron parte de hitos como la primera Bienal del Mercosur de 1997, las muestras del Malba, el Museo Moderno y exhibiciones internacionales como Cantos paralelos y Utopías invertidas. Algunas piezas de la colección, en particular un Berni, tienen su par o “compañero” en el Museo de Bellas Artes de Houston, formando parte de grandes adquisiciones institucionales.

El rol de Mari Carmen Ramírez, curadora de arte latinoamericano del Bellas Artes de Houston y directora del Centro Internacional de las Artes de las Américas, fue central para introducir las obras de la colección Helf en circuitos internacionales y consolidar su prestigio, observa Ferreiro.

De este modo, la colección funcionó como puerta de entrada al conocimiento del arte argentino para especialistas, y como una referencia ineludible para el coleccionismo contemporáneo por su profundidad y compromiso sostenido con los artistas representados.

En el centro de la sala, entre otras, se observan piezas en pequeño formato de Renart, Paparella, y Grippo, como ejemplos de la “búsqueda constante de la colección por experimentación formal, portabilidad y reflexión conceptual”

El recorrido comienza en la planta baja, donde se ordenan las obras bajo el eje de la “figuración monstruosa”: representaciones inquietantes de cuerpos y rostros que expresan desgarro, exilio y pérdida, entre las que se encuentran obras tempranas de Berni (de la serie premiada en la Bienal de 1962), “assemblages” de la célebre serie Juanito Laguna, así como el Narciso de Suárez, y obras representativas de la nueva figuración de De la Vega y Deira de los años sesenta. También destaca la presencia de una Boîte-en-valise de Marcel Duchamp, “una pieza pionera de la crítica institucional”, que introdujo la noción de museo portátil y articula el diálogo entre vanguardias internacionales y producción local.

En el centro de la sala, entre otras, se observan piezas en pequeño formato de Renart, Paparella, y Grippo, como ejemplos de la “búsqueda constante de la colección por experimentación formal, portabilidad y reflexión conceptual”.

Al mismo tiempo, piezas como las Cajas de Camembert de Heredia y un dibujo sobre la escultura de Giacometti, que remiten a momentos bisagra en la historia del arte de posguerra y el surgimiento de nuevas corrientes.

En una sala del subsuelo, las obras vinculadas al arte pop y a la experimentación de los 60 y 90 incluyen piezas históricas de Delia Cancela, fragmentos originales de una obra de Marta Minujín de 1964, y esculturas de Juan Carlos Distéfano, adquiridas durante los años setenta y atravesadas por la impronta de la dictadura. En cuanto a la contemporaneidad, la colección incorpora una obra de Leandro Erlich de 1999, emblemática dentro de la evolución del artista.

Cruzando el pasillo, la expo reserva un espacio específico para la producción de artistas mujeres, con obras de Annette Messager, Sophie Calle, Liliana Porter, Louise Bourgeois, Ana Mendieta y Graciela Sacco, que representan momentos claves de la segunda ola del feminismo y nuevas búsquedas estéticas en la fotografía y el grabado. “Cuando revisé la base de datos de la colección noté la contundencia y la calidad de este núcleo femenino, que abarca desde los años setenta hasta los noventa”, puntualizó Ferreiro.

En la última sala, en el primer piso, se da cuenta “un poco la historia de la Fundación San Telmo”, que se creó con el “propósito de ser un espacio de exposición y de proyección de los artistas de diferentes generaciones”.

En una sala del subsuelo, las obras vinculadas al arte pop y a la experimentación de los 60 y 90 incluyen piezas históricas de Delia Cancela, fragmentos originales de una obra de Marta Minujín de 1964, y esculturas de Juan Carlos Distéfano

Allí, pueden observarse dibujos de Aída Carballo, cuyas piezas evocan historias de internas del hospital Moyano, obras de Berni de los años setenta, caracterizadas por una representación hipersexualizada, como varias obras tempranas de Kuitca, como Corona de espinas.

El diálogo entre obras y épocas se reitera en la integración de piezas como la escultura El manto final de Suárez, que formó parte de la exposición “Uno sobre otro” de 1996, considerada un homenaje de Suárez a colegas fallecidos por VIH-sida, en un contexto que coincidió “muy cercana a la muerte de Feliciano Centurión, previa a la de Liliana Maresca”.

La muestra incorpora obras de otros artistas paradigmáticos de la nueva figuración y el informalismo, como Deira y Testa, que permiten reconstruir el tránsito por distintas estéticas y preocupaciones poéticas recurrentes en el acervo.

*Colección Helft, en W-Galería, Defensa 1369, CABA. De martes a sábados, de 12:00 a 18:00 hs, con entrada libre y gratuita. Hasta el 13 de junio de 2026. El martes 31, a las 17 hs, se presentará el libro de la colección.