
La historia de Apple Inc. abarca medio siglo y presenta una de las trayectorias empresariales más singulares de la era tecnológica. Actualmente, la empresa fundada por Steve Jobs y Steve Wozniak en 1976 alcanza una valoración cercana a USD 4 billones (trillion en inglés; cuatro billones en español), resultado de una evolución nunca lineal que incluyó períodos de crisis, reinvención y consolidación.
El libro Apple: The First 50 Years (Apple, los primeros cincuenta años), escrito por David Pogue —colaborador de la revista especializada Macworld, The New York Times y de la cadena pública PBS—, ofrece una mirada integral a cómo la compañía superó fracasos, aprovechó oportunidades imprevistas y cambió para siempre la relación de la sociedad con la tecnología.
El relato de Pogue se distancia de la mitología habitual en torno a Apple y desglosa tanto los aciertos como los productos que fracasaron o las decisiones corporativas erráticas que casi llevaron a la quiebra. Entre los episodios menos recordados, el libro detalla cómo la década del ’80 y los ’90 estuvieron marcadas por la sucesión de proyectos truncos y luchas internas, antes del regreso de Jobs en 1997. Uno de los momentos más críticos ocurrió cuando la compañía, incapaz de desarrollar un sistema operativo moderno para reemplazar al Mac, tuvo que adquirir NeXT —la empresa fundada por Jobs tras su salida— forzando así el regreso de su cofundador.
La historia de Apple
Los inicios de Apple coincidieron con un Silicon Valley aún dominado por huertos y un ambiente lejos del perfil corporativo que asumiría la empresa. La combinación de la habilidad técnica de Wozniak y la intuición comercial de Jobs impulsó la primera gran apuesta: ofrecer computadoras ensambladas y presentadas en carcasas plásticas amigables, una novedad destinada a quienes nunca considerarían armar un equipo por piezas.
Mientras la Apple II consolidaba su éxito, Jobs y el equipo —donde se destacó también Jef Raskin— tomaron inspiración en el laboratorio de innovación Xerox PARC para concebir una nueva experiencia de usuario basada en interfaces gráficas y el uso del mouse. Antes de la irrupción del Macintosh, la empresa lanzó la computadora Lisa, dotada de ventanas pero demasiado costosa y rápidamente descartada por el mercado. El Mac, con un diseño que Jobs reconfiguró como una versión simplificada de Lisa, debutó en 1984 en un comercial dirigido por Ridley Scott durante el Super Bowl, marcando un antes y un después en la percepción sobre el uso de computadoras personales.
No obstante, aquellos logros iniciales ocultaban problemas técnicos. Sin embargo, el éxito de ventas del Mac encubrió la incapacidad de Apple para competir con sistemas multitarea más avanzados, lo que, subraya Pogue en el diario estadounidense The Wall Street Journal, derivó en la necesidad de comprar NeXT para acceder a la tecnología que requerían. A esa crisis se sumó la exclusión de Jobs en 1985 por parte del director general que él mismo había contratado, dando paso a una larga etapa de inestabilidad.

Durante esos años, la base de usuarios de Apple se restringía a nichos muy específicos, fundamentalmente universidades y los departamentos de arte y diseño de algunas empresas. La estrategia global que permitió expandir el alcance de la compañía empezó solo tras la reintegración de Jobs en 1997. Una de las primeras medidas fue lanzar la iMac, con un diseño translúcido y formas curvas, que revitalizó el flujo de ingresos y preparó el terreno para la transformación definitiva orientada a un público masivo.
De la iMac al iPhone
El retorno de Jobs no fue el único punto de inflexión. El lanzamiento del iPod en 2001 —según narra Pogue— surgió de la coincidencia con un fabricante de discos duros en miniatura que nadie sabía cómo aplicar. Jon Rubinstein, entonces ejecutivo de hardware de Apple, recordó en diálogo con el diario estadounidense The Wall Street Journal haber pensado que “un disco duro del tamaño de una galleta Oreo”. Este desarrollo abrió la puerta a segmentos de mercado totalmente nuevos, atrajo clientes a las recién inauguradas tiendas propias y relanzó las ventas de computadoras Mac.
El iPod motivó la diversificación inmediata del catálogo —con variantes como el iPod mini, nano y shuffle— y condujo a Jobs a imaginar un Apple enfocado en dispositivos de mano. Esta visión desembocó en la creación del iPhone, presentado en 2007 y aún el eje del negocio de la compañía. Apple presentó el iPhone en 2007, producto que combinó distintos proyectos paralelos; entre ellos, el desarrollo de una interfaz táctil pensada originalmente para una tablet, y optó finalmente por prescindir del teclado físico, decisión arriesgada dada la prevalencia de dispositivos BlackBerry. Los ingenieros enfrentaron repetidos fracasos intentando crear teclados virtuales que satisficieran las exigencias de Jobs, hasta que lograron una versión aceptable: “Cualquier usuario del iPhone moderno que se frustra al escribir vería con horror algunos de los primeros intentos”, comenta Pogue.

El resultado fue el crecimiento continuado a partir del iPhone y el lanzamiento posterior del App Store, con lanzamientos anuales que impulsaron aún más la cuota de mercado y las ganancias.
La era Tim Cook
Avanzando hacia el presente, David Pogue indica que las anécdotas directas sobre el detrás de escena se reducen: Apple, bajo la conducción de Tim Cook, se volvió mucho más reservada, y muchos de los protagonistas clave siguen activos dentro y fuera de la empresa. No obstante, el autor logró entrevistas a empleados actuales, hazaña inusual dada la cultura hermética de la firma, aunque destaca que sus testimonios aparecen filtrados por años de entrenamiento en relaciones públicas.
El periodo que siguió a la muerte de Steve Jobs en 2011 queda identificado por la consolidación de productos introducidos en sus últimos años, como la iPad —que permanece como el estándar de las tabletas más de quince años después— y los AirPods, que pasaron de ser percibidos como un formato poco habitual a convertirse en la referencia para usuarios de auriculares inalámbricos.
La etapa de Tim Cook destaca por la búsqueda constante de eficiencia y la expansión de los servicios por suscripción, estrategias que fortalecieron las finanzas sin necesariamente aportar nuevas historias de desarrollo de productos relevantes. Según Pogue en el diario estadounidense The Wall Street Journal, muchos de los relatos sobre la creación de nuevos productos, como el Apple Watch, el Vision Pro o la evolución del grupo de diseño de chips propio, probablemente se conocerán solo cuando sus responsables abandonen la compañía.
La narrativa de Apple
Apple: The First 50 Years propone una biografía de la empresa y no solo de sus fundadores o productos estrella, aportando una visión completa de la diversidad de vidas que atravesó la organización. Los capítulos dedicados a los años ’70 y principios de los ’80, aunque familiares para quienes leyeron otras historias sobre Apple, son esenciales para entender sus cimientos, como señala Pogue en el diario estadounidense The Wall Street Journal.