En Mendoza, la ONG Pacto Parental lanzó una propuesta para que padres, madres y tutores retrasen la introducción de dispositivos digitales en la vida de niños y adolescentes. La iniciativa plantea dejar de lado celulares, computadoras y consolas para incentivar el juego al aire libre y la interacción presencial tras la jornada escolar. El objetivo es que, luego del colegio, los chicos puedan reunirse, ir al parque o retomar actividades fuera de casa que la tecnología ha relegado.
Ignacio Castro, referente de la organización, dialogó con Infobae en Vivo Al Mediodía y expuso que la preocupación principal es el impacto negativo de la tecnología en el desarrollo cognitivo infantil. “La tecnología está generando serios problemas cognitivos en los chicos. Se ha hablado mucho del daño que provoca el celular en los chicos”, sostuvo.
El planteo central de Pacto Parental es que hasta los 14 años no haya entrega del primer dispositivo propio, hasta los 16 que no accedan a redes sociales, y fomentar un acuerdo colectivo entre familias para impedir que solo un niño quede excluido socialmente. “El pacto colectivo es importante para que todos los amigos estén en la misma sintonía y se evite aislar a quien no tiene teléfono”, remarcó.
El grupo defiende la importancia del aburrimiento en la infancia como motor de experiencias reales que contribuyen al desarrollo del cerebro. “Necesitamos que los chicos se aburran, porque ahí empiezan a resolver el aburrimiento y buscan otras actividades. Esas experiencias son fundamentales para el desarrollo”, subrayó Ignacio Castro.
También destacó el valor del juego no supervisado y el aprendizaje autónomo: “Hablo como padre, no como especialista. El juego no supervisado permite que el cerebro del chico se desarrolle a partir de experiencias que con las horas de teléfono se pierden”.
La experiencia de Pacto Parental en Mendoza
Castro relató que actualmente la comunidad de WhatsApp de la ONG nuclea a cerca de 2.000 padres y madres que comparten preocupaciones parecidas. El “pacto” se encuentra disponible en pactoparental.org para su descarga y adaptación a cada contexto familiar. “Nos gusta pensar en Pacto Parental como algo de código abierto, que cada familia lo ajuste a su realidad. Lo importante es tomar conciencia sobre lo que pasa alrededor de los chicos”, afirmó.

La iniciativa mendocina inspiró la creación de otros grupos similares, como Manos Libres en Buenos Aires, que promueven consensos familiares y escolares respecto al uso de dispositivos. El objetivo común es que niños y adolescentes recuperen hábitos como salir a la plaza, andar en bicicleta y socializar fuera del mundo virtual. “El chico aprendió que si necesita algo toma el teléfono de un adulto y llama. No necesitaba el celular propio”, ilustró Castro sobre la experiencia con su propio hijo menor.
Limitaciones y dinámicas escolares
El movimiento comenzó en la escuela de los hijos de Ignacio Castro, donde parte de la comunidad educativa respaldó la preocupación. “La directora de primaria y el director de secundaria entendieron la problemática. El director me dijo: ‘En los recreos los chicos son zombis, se ha perdido todo’. Decidió prohibir el uso de teléfonos para toda la jornada escolar, tanto en primaria como en secundaria”, señaló.
Actualmente, en Mendoza no existe una normativa provincial que regule el uso de dispositivos móviles en el ámbito escolar. No obstante, la ONG y docentes consideran que la problemática trasciende la regulación institucional y se centra en las prácticas cotidianas de las familias. “La evidencia indica que en lugares vulnerables los chicos usan el teléfono dos horas y media más por día que en sectores acomodados. Las escuelas y las familias están buscando alternativas para que los chicos recuperen la presencialidad y el juego no mediado por pantallas”, añadió.

Castro reflexionó sobre el acceso desigual a la tecnología: “El teléfono, que parecía un elemento de igualdad y ascenso social, puede terminar profundizando la desigualdad cognitiva. Los chicos de sectores acomodados están volviendo al papel, mientras que los más vulnerables acumulan más horas de pantalla y sufren problemas de atención”. Explicó que la ciencia advierte sobre la “desigualdad cognitiva” generada por el uso excesivo de tecnología en contextos de vulnerabilidad.
Herramientas, límites y participación adulta
El referente insistió en que la responsabilidad recae principalmente en los adultos: “El problema no es la tecnología, sino el uso que hacemos de ella. Los padres hemos entregado dispositivos sin conocimiento del daño. Pensamos que conectábamos al chico con el mundo y lo protegíamos de los peligros de la calle, pero lo expusimos a otros riesgos en la pantalla”.
En relación con la educación digital, expresó: “No podés pedirle a un chico de nueve años que maneje una herramienta diseñada por adultos para captar su atención. La ciencia dice que hasta los catorce años el cerebro no está preparado para tener su primer dispositivo. Hasta los dieciséis, no debería tener redes sociales. Cuando entrega su primer dispositivo a los catorce, el adulto debe acompañar el proceso, no abandonarlo”, remarcó.
Castro subrayó: “El padre debe ocupar los espacios de crianza, la escuela y el Estado no pueden coordinarlo por completo. Hay que involucrarse, los chicos necesitan experiencias del mundo real”.

Alertas y motivaciones: casos que marcan tendencia
Se presentaron en la comunidad escolar casos de distintos tipos de trastornos de ansiedad y situaciones de bullying asociadas al uso de WhatsApp en niños de diez años. “Cuando analizamos las estadísticas vimos que un chico de diez años puede recibir en promedio 150 mensajes de WhatsApp por día. Comienzan a armar grupos y a excluir compañeros, lo que genera daño desde la inocencia. Tuvimos que activar protocolos de bullying. Y esto fue un detonante para la organización del pacto parental», afirmó Castro.
Desde ese momento, la propuesta se extendió a toda la primaria, se sumaron otras escuelas, incluso algunas de otras provincias y Paraguay, e involucra a una cantidad creciente de familias que buscan retomar el control sobre la relación de los menores con la tecnología. “Entendimos que el problema atravesaba a muchos padres. Lo que parecía una locura, luchar contra la presión de dar un teléfono, en realidad tiene respaldo en muchas casas”, explicó Ignacio Castro.
El referente de Pacto Parental convocó a más familias a integrarse al movimiento y reflexionar sobre el uso de dispositivos en la infancia: “El pedido para todos es que tomemos conciencia. Veamos qué pasa cuando observamos cómo estamos todos encerrados en una pantalla, que ahí empieza el cambio”.
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