
El régimen cubano ha rechazado “categóricamente” cualquier cambio en su sistema político pautado desde Estados Unidos, después de que el presidente Donald Trump asegurase que tendría “el honor” de “tomar o liberar Cuba”, y ha abierto la puerta al establecimiento de una relación cordial entre Washington y La Habana siempre y cuando esta no implique cambios en el régimen político de la nación caribeña.
“Puedo confirmar categóricamente que el sistema político de Cuba no es negociable, y por supuesto ni el presidente ni el cargo de ningún funcionario en Cuba están sujetos a negociación con Estados Unidos”, afirmó el viceministro de Relaciones Exteriores cubano, Carlos Fernández de Cossio, en una rueda de prensa recogida por la Agencia Cubana de Noticias (ACN).
Fernández de Cossio ha puntualizado que no descartan que las dos naciones puedan alcanzar “determinados acuerdos de interés mutuo” como ya ha ocurrido en “experiencias anteriores”, al tiempo que ha apuntado a la existencia de otros “asuntos de repercusión para los dos países que pueden incluirse de forma prioritaria en las negociaciones”. Por ejemplo, cuestiones relacionadas con la cooperación regional en materia de seguridad nacional y lucha contra el narcotráfico.
En este contexto, el representante cubano de Exteriores ha lamentado la “agresividad” y el “carácter despiadado” de Estados Unidos hacia Cuba, “que ya dura casi siete décadas y provoca daños de toda índole, sobre todo en la vida cotidiana de los cubanos”.
No obstante y pese a la “incapacidad (…) del poder estadounidense de reconocer y aceptar el derecho de la mayor de las Antillas a su soberanía y autodeterminación”, ha apostillado el ministro, “Cuba no es enemiga de Estados Unidos ni representa una amenaza para la nación norteña”.
Estas declaraciones llegan después de que Trump afirmara el lunes pasado que él podría ser quien tenga “el honor” de “tomar Cuba” en referencia a su intención de forzar un acuerdo con las autoridades de La Habana o, de lo contrario, impulsar una intervención más directa.
El magnate neoyorquino se refirió entonces al país caribeño en términos de “nación fallida” y “muy debilitada” y se mostró confiado de poder “hacer cualquier cosa que quiera” con la isla, que este mismo lunes sufrió un apagón total en su red eléctrica. Las autoridades cubanas achacaron estas dificultades al bloqueo energético impuesto por Estados Unidos, que en enero amenazó con aranceles a cualquier país que venda o suministre petróleo a la isla.
Por su parte, este viernes el secretario de Estado Maro Rubio calificó este viernes al régimen de Cuba como un “desastre” en su administración de la isla. Al salir junto a Trump de la Casa Blanca rumbo a Florida, Rubio sostuvo ante la prensa que “Cuba es un desastre, y se debe a su gobierno comunista”. El jefe de la diplomacia estadounidense indicó que el rumbo que buscan las autoridades cubanas “no funciona” y añadió: “Hoy no tengo ninguna novedad para ustedes al respecto, salvo que esto lleva ocurriendo desde hace seis o siete años: son un desastre”.
Estados Unidos ha iniciado un diálogo con Cuba tras la captura del ex dictador Nicolás Maduro en Caracas, el pasado 3 de enero, en una operación estadounidense. Según el Departamento de Estado, el acercamiento busca explorar “vías diplomáticas” para aliviar la crisis humanitaria, aunque las autoridades estadounidenses han descartado solicitar la renuncia inmediata de Miguel Díaz-Canel o exigir la salida de la familia Castro del poder.
Rubio desmintió que el Gobierno de Trump haya pedido a sus interlocutores cubanos la renuncia del dictador Díaz-Canel, e insistió en que no se han exigido cambios inmediatos en la estructura del régimen comunista. Por su parte, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, Francis Donovan, declaró el jueves ante el Congreso que el Ejército estadounidense no está realizando preparativos para una eventual intervención en Cuba. Donovan especificó que Washington solo desplegaría tropas en caso de una “amenaza a la seguridad” de la Embajada estadounidense o de la base de Guantánamo, con el objetivo de “defender a los estadounidenses”.
Cuba atraviesa una de sus peores crisis eléctricas desde la llegada al poder de los revolucionarios liderados por Fidel Castro hace 67 años. El lunes pasado, el Ministerio de Energía informó una “desconexión total” de la red nacional, tras semanas de apagones frecuentes, lo que dejó a toda la isla sin suministro eléctrico. La mayor parte de la electricidad en el país se produce a partir de petróleo, y durante casi tres décadas, el suministro procedente de Venezuela fue fundamental. Sin embargo, en enero, la administración de Trump ordenó la suspensión de estos envíos tras la captura de Nicolás Maduro. Posteriormente, México también interrumpió sus despachos bajo presión estadounidense. Hasta la fecha, ningún otro país ha cubierto el déficit de petróleo en la isla.
(Con información de Europa Press)