
El horario de verano consiste en adelantar los relojes 1 hora durante los meses cálidos para aprovechar la luz solar adicional, mientras que el horario de invierno implica retrasarlos 1 hora al finalizar la temporada estival. Estos cambios rigen en países como Estados Unidos, Canadá, gran parte de Europa, México, Australia y Nueva Zelanda, aunque no todas las regiones los aplican o han continuado con esta práctica.
El cambio al horario de verano se ha asociado con un aumento en los riesgos cardiovasculares y una reducción tanto en la cantidad como en la calidad del sueño, especialmente en la primera semana después de adelantar los relojes. Especialistas citados por la revista especializada National Geographic advierten que modificar el horario altera los ritmos biológicos y exige que el organismo se adapte de manera brusca.
Un estudio publicado en la revista médica JAMA Network Open detectó un incremento en los infartos agudos de miocardio durante los 7 días posteriores al cambio al horario de verano, fenómeno que no se observa tras el ajuste al horario de invierno. Esta diferencia se atribuye a la desincronización de los ritmos circadianos, dependientes de la luz solar, los cuales regulan funciones básicas como el sueño y la temperatura corporal.
Cambios de horario: efectos a corto y largo plazo
Durante los primeros días tras cambiar al horario de verano, se produce una disminución en la cantidad y calidad del sueño. Perder incluso 1 hora habitual de descanso puede modificar la presión arterial y aumentar la inflamación en el cuerpo, lo que eleva el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares, especialmente en quienes tienen antecedentes cardíacos.

Con el tiempo, la exposición continua a horarios irregulares y la pérdida de sueño pueden favorecer la aparición de trastornos como la hipertensión, la diabetes tipo 2 y las enfermedades coronarias. Este impacto resulta más evidente en personas con factores de riesgo previos o dificultades para dormir cada noche.
El impacto del horario de verano en el corazón
Diversas publicaciones científicas han investigado la relación entre el horario de verano y los eventos cardíacos, señalando un incremento en la incidencia de infartos de miocardio durante la semana posterior al cambio de hora. El análisis divulgado en la revista médica JAMA Network Open recopiló datos de varios países y verificó este efecto transitorio en la frecuencia de infartos agudos después del ajuste horario.
Otras investigaciones presentadas en revisiones sistemáticas de literatura científica coinciden en que el riesgo cardiovascular aumenta durante la 1ª semana después de la modificación del horario, mientras que no se identifican cambios significativos a largo plazo una vez que el organismo logra adaptarse. El ajuste al horario de invierno, que implica retrasar el reloj para ganar una hora extra de sueño, no se asocia con un incremento del riesgo cardíaco.
Influencia de la duración y regularidad del sueño
Dormir menos de 7 horas por noche o tener horarios de sueño irregulares eleva la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares. La falta de descanso altera la función endotelial, la presión arterial y los niveles de azúcar en sangre, factores que incrementan el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular.

Las personas que experimentan cambios bruscos en su rutina —como sucede tras la entrada en vigor del horario de verano— pueden sufrir un aumento en estos riesgos. Mantener una rutina con horarios fijos para acostarse y despertarse contribuye a la salud cardíaca. La regularidad del sueño permite que los procesos fisiológicos guiados por el ritmo circadiano permanezcan alineados, lo cual reduce la carga sobre el sistema cardiovascular.
El impacto del horario de invierno en el sueño y la salud
La transición al horario de invierno, que implica retrasar el reloj una hora, suele ser bien tolerada y no está vinculada a un aumento de infartos ni a eventos cardiovasculares graves, según los análisis realizados por Mayo Clinic. Este ajuste permite a la mayoría de las personas dormir un poco más, lo que puede traducirse en una mejor recuperación y menor fatiga durante los días posteriores al cambio.
Especialistas de Mayo Clinic destacan que este paso hacia el horario estándar favorece la sincronización de los ritmos circadianos con la luz natural, un factor clave para la calidad del sueño y el bienestar general. Además, remarcan que, a diferencia del horario de verano, el cambio en otoño no implica riesgos clínicos significativos ni alteraciones mayores en el descanso.
Desde la perspectiva de la University of Utah Health, retrasar el reloj en otoño facilita la adaptación de adultos y niños, ya que el horario estándar se ajusta mejor a las necesidades fisiológicas del organismo. Los expertos enfatizan que este cambio suele ser una transición suave y, en la mayoría de los casos, beneficia la calidad del sueño.

Investigadores de Vanderbilt University coinciden en que el horario de invierno ofrece ventajas para la salud, principalmente por la exposición a la luz matinal que ayuda a reforzar el ritmo biológico. Recomiendan priorizar el horario estándar en políticas públicas, ya que contribuye a un mejor funcionamiento cognitivo y emocional durante el día.
Consecuencias de la desalineación crónica del ritmo circadiano
La desalineación crónica entre el reloj biológico y el entorno —conocida como jet lag social, es decir, desalineación del ritmo circadiano por obligaciones sociales— puede ocasionar efectos negativos acumulativos sobre la salud.
Esta situación ocurre frecuentemente en trabajadores nocturnos o en quienes cambian de horario de manera recurrente. Estudios de calidad en salud ocupacional y epidemiología han revelado que estas poblaciones presentan tasas más elevadas de enfermedades metabólicas y cardiovasculares a lo largo de los años.
Para reducir los efectos del horario de verano en la salud, los especialistas sugieren implementar medidas que faciliten la transición y minimicen el impacto en el sueño. Algunas recomendaciones efectivas incluyen ajustar gradualmente la hora de acostarse en los días previos al cambio de horario, exponerse a la luz natural al comenzar la mañana y evitar dispositivos electrónicos antes de dormir.
Otras sugerencias abarcan mantener una rutina nocturna estable, no consumir cafeína o alcohol en las horas cercanas al descanso y priorizar la regularidad en los horarios de sueño. Existen recursos informativos, guías prácticas y materiales ofrecidos por organismos de salud y sociedades científicas para quienes deseen mejorar su calidad de descanso tras los cambios de hora.