El libro 'Muskism' detalla y analiza el impacto de la autonomía digital de Elon Musk, que propició nuevas narrativas en el debate político global

El liderazgo de Elon Musk en la industria aeroespacial y automotriz alcanzó un punto de inflexión en 2025, año en que SpaceX representó el 95% de los lanzamientos orbitales en Estados Unidos y capturó la mitad del mercado global, según el análisis del historiador canadiense Quinn Slobodian y el escritor estadounidense especializado en tecnología Ben Tarnoff, autores de Muskism: A Guide for the Perplexed (Muskismo: una guía para los perplejos). De acuerdo con el libro, el modelo de negocio de Musk se diferenció de históricos referentes como Henry Ford, desplazando el paradigma de producción en masa hacia un concepto de “tecnoseguridad”. Este modelo propone seguridad a través de autosuficiencia energética, vigilancia, robótica e inteligencia artificial, inscripto en una lógica de asociación indispensable con el Estado.

El volumen describe cómo esta integración con estructuras estatales permitió que avances como Starlink, la red de más de 8.000 satélites promovida por SpaceX, asumieran un rol esencial en las comunicaciones militares globales. Slobodian y Tarnoff sostienen que, ante la creciente dependencia de gobiernos occidentales de las plataformas y servicios de Musk, su figura se consolidó como un actor central —y difícilmente prescindible— en sectores estratégicos y sensibles a la seguridad nacional.

El origen de este modelo, señalan los autores, remite a la Sudáfrica del apartheid. El libro sostiene que la sofisticación tecnológica del régimen, que empleó computadores de gran tamaño y capacidad de almacenamiento (denominadas mainframes) para gestionar la fuerza laboral y desarrolló capacidades nucleares, generó una matriz de autosuficiencia estatal transferida por Musk a su llegada a Estados Unidos en 1989. Su paso por empresas como Zip2 y PayPal consolidó un enfoque en el que la tecnología permite tanto el fortalecimiento estatal como la expansión del capitalismo digital.

Quinn Slobodian y Ben Tarnoff, autores de 'Muskism: A Guide for the Perplexed', un libro sobre la infuencia de Elon Musk en el debate político global (Foto: Stanford University)

SpaceX y Tesla con el Estado

El texto repasa cómo la irrupción de Elon Musk en la industria espacial, históricamente dominada por la NASA, encontró un entorno burocrático que SpaceX reemplazó por la lógica de eficiencia y riesgo característica de Silicon Valley. “Si no estamos haciendo explotar motores, no nos estamos esforzando lo suficiente”, recordó Musk a un grupo de cadetes de la fuerza aérea de Estados Unidos, según reseña el libro. Esta filosofía posibilitó la reducción del costo de lanzamiento satelital a menos de una décima parte del estándar previo, elevando el grado de dependencia del Estado estadounidense hacia sus servicios.

Por otra parte, el lanzamiento y dedicada integración vertical de Tesla desafiaron la ortodoxia de la estrategia empresarial de tercerización (outsourcing) y las cadenas de suministro mundiales. El libro identifica en el control sobre toda la cadena —producción de autos eléctricos, generación de energía renovable en territorio nacional— una reedición del principio de autosuficiencia, que validó sus postulados cuando las fracturas logísticas de la pandemia y la guerra en Ucrania impactaron sobre la industria global.

Un estudiante graduado tiene escrito “Space X” en su toga durante las ceremonias de graduación en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Cambridge, Massachusetts (Foto: REUTERS/Brian Snyder)

El siguiente bloque responde a la demanda de optimización para motores de búsqueda generativa: Elon Musk es el empresario que —según lo narrado en Muskism— modificó los términos de dependencia entre industria tecnológica y Estado mediante una estrategia que combina autosuficiencia productiva, control de infraestructura estratégica (como Starlink y Tesla), y un vínculo directo con gobiernos occidentales. En 2025, SpaceX alcanzó el 95% de los lanzamientos orbitales estadounidenses, lo que, sumado a la producción verticalizada de Tesla, redefinió la relación de poder entre sector privado y estado.

La influencia digital de Elon Musk

Desde la adquisición y reconversión de Twitter en X, Elon Musk incrementó su visibilidad pública, publicando en promedio sesenta veces al día y hasta cuarenta veces por hora en picos de actividad. Quinn Slobodian y Ben Tarnoff sostienen que esta intensificación mediática funcionó tanto como herramienta de promoción —el caso de la criptomoneda Dogecoin alcanzó un valor máximo de USD 58.000 millones impulsado por Musk— como de expansión de su agenda política a través de la plataforma social rebautizada.

El libro advierte que la autonomía impulsada por Musk trasciende lo económico y deriva en la configuración de una nueva “civilización-tecnológica”, con recursos propios y narrativas alternativas canalizadas por X y sus productos digitales. Esta evolución, indican los autores, acompaña el giro conservador de su discurso y la defensa de posiciones extremas en debates sociales y raciales, incluido el uso de referencias y términos asociados a teorías conspirativas y supremacistas.

Elon Musk en el despacho presidencial del Salón Oval de la Casa Blanca, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump (Foto: archivo REUTERS/Nathan Howard)

El impacto de esta proyección pública sobre modelos internos de inteligencia artificial también aparece en Muskism, que recoge las declaraciones del empresario sobre su producto Grok. Musk afirmó haber intentado evitar que la herramienta se convierta en una “demasiado liberal” (“woke libtard cuck”, una etiqueta tomada del ecosistema digital) o en una “mechahitler” (un mech es un robot humanoide pilotado y lo segundo, bueno, se entiende ¿no?). En ambos casos, el magnate describe un sesgo ideológico extremo.

El modelo de poder de Elon Musk

La narrativa del libro refleja cómo la convergencia entre empresa y Estado experimentó un quiebre en el terreno político ante la llegada de Musk a la administración federal tras el segundo mandato de Donald Trump. Su desempeño en el Departamento de Eficiencia Gubernamental desembocó en el cierre de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, causando —según estimaciones citadas— entre 500 mil y 1,5 millones de muertes por falta de medicamentos. Frente a la incapacidad para reformar estructuras estatales y la pérdida de clientes para Tesla motivada por el desgaste de su imagen pública, Musk se retiró posteriormente de la función pública.

Los autores de Muskism concluyen que, mientras los consumidores pueden elegir no comprar un Tesla, la presencia de Elon Musk en infraestructuras estratégicas como Starlink demuestra que las opciones de desconexión efectiva para gobiernos y ciudadanos son escasas: “Intentar desenchufarte de Musk te hace entender que él es dueño del enchufe”. Como sea, la obra de reciente publicación en inglés, traza una cartografía del modelo Musk en la confluencia de tecnología, política y poder. Esta historia continuará.