
Las frutillas esconden un pasado sorprendente. Un equipo internacional de científicos logró descifrar su historia evolutiva desconocida. El descubrimiento, publicado en la revista Horticulture Research, desafía las ideas tradicionales sobre el origen de Fragaria × ananassa, la especie que se consume en la actualidad en todo el mundo.
Investigadores del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y de universidades asociadas analizaron el genoma de la frutilla cultivada utilizando una herramienta innovadora. Según estos expertos, a diferencia de otras frutas, la frutilla posee un genoma octoploide, es decir, cuenta con ocho copias de cada cromosoma. Este rasgo es resultado de la fusión de varias especies a lo largo de más de cuatro millones de años. “El análisis permitió distinguir cuatro subgenomas diferentes dentro de los cromosomas de Fragaria × ananassa”, detalló el equipo científico.

El estudio identificó tres grandes eventos de fusión genómica en la evolución de la frutilla. El primero se produjo hace entre 3,1 y 4,2 millones de años, cuando dos genomas ancestrales se unieron. Un segundo evento ocurrió entre 1,9 y 3,1 millones de años atrás, con la llegada de un nuevo linaje. Finalmente, hace entre 0,8 y 1,9 millones de años, se completó la secuencia evolutiva que dio origen a la frutilla actual.
Para descifrar este complejo entramado, los científicos recurrieron a los retrotransposones con repeticiones terminales largas (LTR-RTs), fragmentos de ADN capaces de insertarse en diferentes puntos del genoma. Estos elementos funcionan como “marcas de tiempo evolutivas incrustadas en los genomas de las plantas”, según el estudio.

La herramienta clave es la matriz de similitud serial (SSM), que compara los patrones de retrotransposones entre los cromosomas de la frutilla. Si varios cromosomas comparten secuencias similares, se puede deducir que provienen de un mismo ancestro. Así, el método permite reconstruir la historia evolutiva de la planta incluso cuando los progenitores originales ya no existen o no han sido identificados.
Linajes desconocidos y nuevas preguntas
El análisis reveló que dos de los subgenomas actuales están claramente relacionados con especies vivas conocidas, Fragaria vesca y Fragaria iinumae. Los otros dos subgenomas no se corresponden con ninguna especie moderna documentada. Esto sugiere que parte del ADN de la frutilla proviene de linajes extintos o aún no identificados. “Los resultados indican que parientes extintos o no muestreados probablemente contribuyeron a la formación del genoma de la frutilla, lo que destaca la complejidad de la evolución poliploide”, indicó el informe del USDA.

El estudio también revisó teorías previas que atribuían la formación de la frutilla a la combinación de cuatro especies diploides concretas. Los nuevos datos no respaldan ese modelo y señalan una historia mucho más intrincada.
Más allá de lo evolutivo, este avance tiene consecuencias prácticas para la agricultura y la ciencia. La mayoría de los cultivos de relevancia mundial —como el trigo, el algodón o la caña de azúcar— también presentan genomas poliploides complejos. Comprender la estructura interna de estos genomas facilita el desarrollo de variedades más resistentes y adaptadas.

“Este método proporciona una nueva y poderosa lente para estudiar los cultivos poliploides”, sostiene uno de los autores principales. La matriz de similitud serial permite identificar subgenomas sin depender de especies parentales conocidas, abriendo nuevas vías para investigar la biodiversidad y la evolución de las plantas.
El estudio resalta la importancia de analizar los elementos móviles del ADN como testigos del pasado biológico. Herramientas como la matriz de similitud serial representan un salto en la reconstrucción de historias genómicas en ausencia de fósiles o especies vivas que sirvan de referencia. El caso de la frutilla confirma que hasta los frutos más familiares pueden ocultar historias evolutivas tan ricas como desconocidas.