Cristina Alberó durante el ensayo general de Doradas (Crédito: Mauricio Cáceres-Teatro Nacional Cervantes)

Doradas, la obra teatral de José María Muscari desarrollada con inteligencia artificial, será la primera vez en el Teatro Nacional Cervantes de Buenos Aires para cinco figuras icónicas de la escena argentina y para su director. El proyecto, creado con IA por Muscari con la colaboración artística de Cristian Morales, explora la fama y el paso del tiempo mediante monólogos interpretados por actrices de extensa trayectoria: Cristina Alberó, Marta Albertini, Judith Gabbani, Carolina Papaleo y Ginette Reynal.

Teleshow conversó con Cristina Alberó a horas del estreno oficial (ayer hubo un ensayo general con público). La actriz, reconocida protagonista de telenovelas como Trampa para un soñador compartió su visión sobre el proceso creativo de la obra que se presentará en la sala Luisa Vehil del emblemático teatro de jueves a domingo, desde este 19 de marzo hasta el 24 de mayo. Escrita a partir de confesiones personales, el director explicó que la obra surge con el propósito de “verlas a ellas nuevamente refulgentes”. El diseño de vestuario estuvo a cargo de Verónica de la Canal, la iluminación es de Eli Sirlin y la escenografía de Martín Roig.

Alberó trabajará con Muscari por cuarta vez luego de La Casa de Bernarda Alba, La Casa Valentina y Derechas.

Doradas: Cristina Alberó, Carolina Papaleo, Judith Gabbani, Ginette Reynal y Marta Albertini (Crédito: Mauricio Cáceres-Teatro Nacional Cervantes)

La experiencia de Doradas según Alberó

“Él citó a cada actriz por separado y todas las declaraciones que hemos hecho las metió en la inteligencia artificial y armó monólogos para cada una”, relató Alberó. La intérprete detalló cómo el director indagó en la personalidad de cada artista y, sin escribir personajes ficticios, las invitó a protagonizarse a sí mismas sobre el escenario: “Nos juntó, grabó y fue armando este espectáculo que, como casi todos los espectáculos de Muscari, son muy corales. Tiene realmente mucho laburo”.

Alberó subrayó el carácter autobiográfico del material: “No hacemos personajes, somos nosotras. Yo soy Alberó, Papaleo es Papaleo. Albertini es Albertini y así…. Somos lo que somos”. Para ella, la motivación fundamental es la conexión con el público: “Yo necesito espiritualmente trabajar. Si yo estoy en un escenario y escucho la risa del público, yo grito ‘gol’”. Nosotras arriba del escenario sentimos la emoción del público. No es solamente la risa o el aplauso. Siempre dijimos que el teatro no puede morir”. Estas palabras, recogidas por Teleshow, evidencian el valor que otorga la artista al vínculo con los espectadores.

Cristina Alberó durante su monólogo de Doradas, dirigida y escrita por José María Muscari (Crédito: Mauricio Cáceres-Teatro Nacional Cervantes)

Anécdotas y recuerdos de una trayectoria compartida

Durante la entrevista, Alberó compartió anécdotas sobre su relación con el elenco. “Con Gabbani hicimos un vodevil en Mar del Plata. Estaba Arturo Maly. Y la única que podía recibir mascotas era yo, así que perro que encontraba Gabbani me lo mandaban a mí. De ahí me quedó un perro que se llamó Arturo por Arturo Maly”, recordó.

Al repasar su carrera, Alberó evocó colaboraciones con Papaleo, Reynal y Albertini: “Con Papaleo hicimos una telenovela de Migré para Canal 9”, detalló. “Con Ginette, La Casa de Bernarda Alba, con Muscari. Y Marta Albertini me dijo que hicimos algo hace muchos años con Carlitos Perciavalle”. “En Uruguay, una vez, hicieron un programa sobre cosas que yo había hecho y cuando veo todo lo que hice, digo: ‘¿Cuándo? ¿En qué momento?’”, se ríe.

José María Muscari con el elenco de Doradas: Judith Gabbani, Carolina Papaleo, Cristina Alberó, Marta Albertini y Ginette Reynal (Instagram)

José María Muscari y su aporte al teatro

Consultada sobre la industria argentina y la singularidad de Muscari en el panorama teatral, Alberó fue concluyente sobre las actrices experimentadas que suele elegir el creador de Doradas, cuyo antecedente se puede ubicar en otra obra exitosa como fue Extinguidas, pero no atribuye esa elección a una cuestión de años: “No es un tema de edad, es un tema de mercado. Nosotros tuvimos una industria de la televisión y hacíamos novelas que se emitían por toda América. Ahora no está más esa industria, porque era una industria”. Y añadió: “La vez pasada yo leí unas declaraciones de Carlitos Rottemberg, que decía ‘El problema que se les presenta ahora a los empresarios es que generalmente en los últimos años llevaban como figuras al teatro a figuras de la televisión. Y ahora no están’. No son palabras mías, pero Rottemberg es un tipo al que respeto mucho. Y es verdad, me parece. Yo lo llamé y le dije: “Muy bien, lo tenés claro”. Porque las temporadas de Mar del Plata se armaban con los éxitos de la tele».

Su reflexión dio pie para preguntarle por el ingreso de otra icónica actriz de telenovelas, como Andrea del Boca (con quien trabajó en Siempre Celeste), en el formato de Gran Hermano, y si ella hubiera aceptado. Con claridad, primero se excusó de opinar sobre Del Boca, al decir que “yo no juzgo a las personas, y menos a una colega”, pero fue enfática al señalar que “nunca entraría a la casa de Gran Hermano ni a cualquier lugar donde no tenga la libertad de entrar y salir cuando quiera. Yo a mi libertad no la negocio”.

Una escena de Doradas, con Ginette Reynal, Judith Gabbani, Cristina Alberó, Carolina Papaleo y Marta Albertini (Crédito: Mauricio Cáceres-Teatro Nacional Cervantes)

Luego, la charla regresó a Doradas, y reconoció al director por su enfoque: “Muscari trabaja mucho más con mujeres. Y no le va mal”. En cuanto al vínculo profesional, la actriz manifestó: “Yo creo que lo entiendo. Lo respeto además, mucho, y lo quiero”. Luego, profundizó sobre el perfil artístico de Muscari, definiéndolo como un creador arriesgado: “Es un creador. Toma riesgos. ¿No? Y el público le dice que sí”.

El proceso de preparación de Doradas reforzó esta percepción: “Hemos hecho ensayos con los técnicos, con acomodadoras, con gente de la técnica. Y se ríen. Si se ríen o disfrutan, la cosa está bien hecha, porque ellos están hartos de ver espectáculos. Porque además es comedia, es divertida”.

Para Alberó, el humor es esencial en la experiencia teatral: “Yo trabajé cinco años con Juan Carlos Mesa, que era un humor muy familiero. Muy blanco. Y aprendí que el humor es distinto en todas partes”.