Meteorólogos internacionales prevén que el “Súper El Niño” podría intensificarse a fines de 2026 y elevar las temperaturas globales a niveles récord (Imagen Ilustrativa Infobae)

El sistema climático global enfrenta un escenario de máxima atención ante la posibilidad de la llegada del fenómino denominado “Súper El Niño” durante la segunda mitad de este año y a lo largo de 2027.

Meteorólogos de distintos centros internacionales, así como informes recientes del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), coinciden en que la probabilidad de desarrollo de este fenómeno alcanza niveles elevados y que su intensidad podría llevar las temperaturas globales a valores nunca antes registrados, con un impacto que ya genera alerta en sectores productivos, científicos y organismos de gestión del riesgo climático.

Las proyecciones presentadas por la NOAA estiman un 62 % de probabilidad de que el fenómeno se desarrolle entre junio y agosto, con potencial para intensificarse hacia el final de la temporada de huracanes, en noviembre.

Se estima un cambio en la temperatura de las aguas del Pacífico Ecuatorial en algún momento del invierno boreal. Sería el puntapié inicial de un nuevo Niño (NOAA)

Investigadores de AccuWeather, por su parte, otorgan un 15% de probabilidades de que el episodio alcance la categoría de “intenso” en ese mismo período, mientras que el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas señala en un informe reproducido por The Washington Post que “el sistema climático actual, afectado por la acumulación de gases de efecto invernadero, podría no lograr disipar el calor generado por el fenómeno, lo que incrementaría el impacto global”.

”El Niño” representa la fase cálida de la Oscilación del Sur de El Niño (ENSO), un fenómeno oceánico-atmosférico que altera la circulación normal del aire y se manifiesta con señales o teleconexiones a miles de kilómetros del Pacífico, modificando los períodos húmedos o secos en distintos países.

Cuando las aguas del Pacífico ecuatorial se mantienen por encima del promedio durante varios meses, se activa “El Niño”, mientras que el enfriamiento sostenido da lugar a “La Niña”. Actualmente, el sistema climático se encuentra bajo la influencia de “La Niña”, pero los indicadores muestran que su fase está próxima a concluir, lo que prepara el terreno para el desarrollo de un episodio cálido.

Qué es un “Súper El Niño” y por qué ahora preocupa más que nunca

El fenómeno ENSO modifica el clima global al calentar las aguas del Pacífico ecuatorial, lo que genera lluvias intensas y eventos extremos en todo el planeta (Imagen Ilustrativa Infobae)

El concepto de “Súper El Niño” se utiliza para describir a los episodios de “El Niño” que superan un umbral de intensidad definido por la temperatura en la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial. Cuando el desvío de temperatura respecto del promedio supera los +2°C durante varios meses se considera que el fenómeno alcanza la categoría más intensa.

“Un ‘Súper El Niño’ se produce cuando la temperatura de la superficie del mar alcanza al menos 2 °C por encima del promedio a largo plazo”, explican los informes técnicos. El último episodio de estas características ocurrió entre 2015 y 2016, mientras que el registrado entre mayo de 2023 y marzo de 2024 estuvo muy cerca de alcanzar ese nivel, pero no lo hizo el tiempo suficiente.

Uno de los aspectos principales del posible “Súper El Niño” es la magnitud de sus efectos. Zeke Hausfather, científico climático y analista de sistemas energéticos, advierte que El Niño está próximo a manifestarse.

El experto sostuvo que elevaría su estimación de las temperaturas globales para 2026, aunque sigue siendo improbable que supere a 2024 como el año más cálido, y haría que 2027 fuera muy probablemente el año más cálido registrado, dado el desfase histórico entre ENSO y la temperatura de la superficie.

El fenómeno, de concretarse en su variante más intensa, podría elevar la temperatura media global a niveles récord y potenciar la frecuencia y gravedad de eventos extremos como sequías, incendios forestales, lluvias intensas e inundaciones.

Un “Súper El Niño” ocurre cuando la temperatura del Pacífico supera los 2 grados centígrados por encima del promedio durante varios meses seguidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

“El Niño” tiende a intensificar la actividad de huracanes en el Pacífico central y oriental, mientras reduce su ocurrencia en el Atlántico, lo que modifica la dinámica de riesgos en ambas cuencas.

Además, la alteración de patrones atmosféricos puede provocar olas de calor extremo, déficit de lluvias en regiones como el oeste de Estados Unidos y precipitaciones por encima de lo normal en el sur del país, especialmente durante el invierno del hemisferio norte.

Los especialistas advierten que las proyecciones todavía deben confirmarse, ya que este tipo de fenómenos “se caracteriza por su comportamiento irregular y por la dificultad para predecir con exactitud su evolución”.

“El Niño” se presenta en intervalos variables, generalmente entre dos y diez años, y cada episodio tiene características propias. Por ese motivo, la vigilancia sobre el comportamiento del océano Pacífico resulta clave para anticipar el posible impacto.

El impacto sobre Sudamérica y el campo argentino

La acumulación de gases de efecto invernadero podría impedir disipar el calor del fenómeno, amplificando su impacto global según expertos europeos (Freepik)

El análisis regional pone el foco en Sudamérica, donde el ENSO históricamente influye sobre el ciclo de lluvias, la humedad de los suelos y la productividad agrícola.

Las proyecciones climáticas internacionales coinciden en que, si se consolida el escenario de “Súper El Niño”, la Cuenca del Plata y las zonas agrícolas del centro-este y noreste argentino podrían registrar un importante aumento de las precipitaciones durante la primavera y el verano austral. Las áreas bajo mayor atención incluyen Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, el norte de Buenos Aires, la Mesopotamia y la región chaqueña.

El cambio en el patrón de lluvias podría resultar beneficioso para las zonas que atraviesan déficit hídrico, ya que permitiría recuperar humedad en los suelos y mejorar las perspectivas de siembra y cosecha en sectores que arrastran varios ciclos climáticos de irregularidad hídrica.

Sin embargo, la otra cara del fenómeno plantea riesgos de anegamientos rurales, demoras logísticas, complicaciones en caminos y afectaciones a la campaña gruesa. Los especialistas subrayan la importancia de monitorear la evolución de la situación hídrica y atmosférica para que los productores agropecuarios puedan tomar decisiones preventivas y ajustar su planificación ante un contexto cambiante.

La fecha de inicio del fenómeno resulta determinante en la magnitud de sus impactos. Si “El Niño” se desarrolla durante el invierno austral, la primavera posterior suele registrar un aumento significativo de las lluvias, lo que incrementa el riesgo de eventos de precipitación intensa y tormentas severas.

Las últimas proyecciones muestran que hacia la primavera de 2026 el calentamiento en la región Niño 3.4 podría superar los +2°C, lo que ratifica la hipótesis de un evento excepcionalmente intenso.

A nivel global, el informe del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas destaca que la acumulación de gases de efecto invernadero podría agravar el impacto del fenómeno, ya que el sistema climático tendría menos capacidad para disipar el exceso de calor. Esta combinación de forzantes naturales y antrópicas refuerza la preocupación por la posibilidad de batir nuevos récords de temperatura y de enfrentar eventos extremos más frecuentes y severos.

Científicos advierten que 2027 podría registrar la temperatura global más alta debido a la interacción entre ENSO y el cambio climático (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los principales centros climáticos internacionales anticipan que en la segunda mitad de 2026 y durante 2027, el mundo podría vivir un nuevo episodio de “El Niño” con intensidad sin precedentes.

“La intensidad es incierta, pero existe la posibilidad de que se produzca un fenómeno de ‘El Niño’ de moderado a posiblemente fuerte este otoño e invierno”, expresó Paul Pastelok, meteorólogo y principal pronosticador de AccuWeather. La NOAA, por su parte, otorga una probabilidad de uno en tres a que surja un “El Niño” fuerte entre octubre y diciembre, aunque describe su posible intensidad como “muy incierta”.

En este contexto, productores rurales, autoridades y comunidades científicas mantienen la atención puesta en la evolución de los indicadores oceánicos y atmosféricos.

El monitoreo constante, el acceso a información actualizada y la capacidad para ajustar estrategias resultan imprescindibles para enfrentar los desafíos y aprovechar las oportunidades que ofrece el ciclo ENSO.

El fenómeno de “El Niño”, aunque responde a la variabilidad natural del sistema climático, se ve intensificado por el calentamiento global, lo que incrementa la magnitud de sus efectos. La experiencia reciente muestra que la interacción entre estos factores puede redefinir los límites de lo que consideramos “normal” en términos de clima y meteorología.

Mientras se monitorea la posible llegada del “Súper El Niño”, los expertos insisten en la necesidad de fortalecer los sistemas de alerta temprana, promover la cooperación internacional y avanzar en políticas de adaptación y resiliencia.

El futuro inmediato presenta un desafío complejo, donde la ciencia, la gestión y la sociedad deben trabajar de manera coordinada para anticipar y mitigar los riesgos de un fenómeno que podría transformar el clima global y la vida en Sudamérica en los próximos años.