En 1910, Argentina se encontraba entre los países con mayor PBI per cápita del mundo.

Hacia 1910, mientras Argentina celebraba el Centenario de la Revolución de Mayo, el país no solo era una promesa, sino una realidad económica contundente. Según los registros históricos de “Our World in Data” y el Proyecto Maddison, se ubicaba en el puesto 8 del ranking mundial de Producto Bruto Interno (PBI) per cápita. Con un ingreso por habitante de USD 6.100 (medido en dólares internacionales de 1990), superaba a naciones que hoy son referentes de desarrollo, como Canadá (USD 5.860), Alemania (USD 5.140), Francia o Italia. En aquel entonces, el país competía directamente en la cima del bienestar global, solo por debajo de un puñado de potencias como Estados Unidos, el Reino Unido y Suiza.

Poco más de un siglo después, la fotografía es drásticamente distinta. De aquel octavo lugar, el país descendió hasta el puesto 88 en el ranking global de riqueza por habitante, según los datos más recientes procesados por el Banco Mundial. Este retroceso de 80 posiciones no es el resultado de un evento fortuito, sino de un largo proceso de más de un siglo que ha llevado a la Argentina a una desconexión profunda con los estándares de vida de las economías más avanzadas.

El contraste con el podio actual

A propósito del gráfico de “Our World in Data”, el codirector ejecutivo de la entidad, Esteban Ortiz-Ospina resaltó que “muestra los diez países más ricos del mundo en 1910, según estimaciones de PBI per cápita realizadas por historiadores económicos”.

Y continuó: “Según este criterio, Argentina se encontraba entre los países más ricos del mundo en 1910, por delante de varios países de Europa occidental, incluidos Alemania y Francia. También superaba claramente a sus pares de América Latina en ese momento”.

“Sin embargo, a lo largo del siglo XX, las economías de Europa occidental crecieron mucho más rápido, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, y Argentina quedó rezagada. Una perspectiva de largo plazo permite ver cuánta diferencia puede generar el crecimiento económico en tan solo unas pocas generaciones”, detalló Ortiz-Ospina.

La brecha que separa hoy a la Argentina de los líderes globales es síntoma de este declive. El ranking actual del Banco Mundial muestra en la cima a países como Mónaco (USD 288.001 per cápita), Liechtenstein (USD 206.781) y Luxemburgo (USD 137.781). Incluso potencias continentales como Estados Unidos, situadas en el puesto 12 con USD 84.534, mantienen una enorme distancia con el desempeño argentino.

Según la mencionada lista, Argentina está en el puesto 88, con un PBI per cápita de 13.970 dólares.

El descenso destaca especialmente cuando se analiza qué hicieron aquellos países que lograron permanecer o ascender en la lista. De acuerdo con análisis de la consultora Focus Economics, las historias de éxito económico comparten un compromiso con la creación de entornos favorables para la inversión. Esto incluye niveles mínimos de corrupción, estabilidad política y, fundamentalmente, seguridad jurídica. Mientras las naciones del “top” apostaron por la apertura comercial y la integración al mundo, la trayectoria argentina de las últimas décadas muestra un patrón de cierre comercial y volatilidad que asfixió la productividad.

La caída reciente

El deterioro no es solo una cuestión de historia antigua; la tendencia se ha agudizado en el siglo XXI. Según un informe de la consultora Economía & Energía, todavía en 2011 Argentina ostentaba el PBI per cápita más alto de América Latina. Sin embargo, trece años después, el país ha sido desplazado por vecinos como Chile, Uruguay y Panamá.

Entre 2011 y 2024, el ingreso por habitante en la Argentina se redujo un 9,8%, regresando a niveles de riqueza similares a los que el país tenía en 2007. Este dato adquiere una dimensión más crítica al observar la comparativa regional: desde 2011, solo el PBI por habitante de Haití ha caído más que el de la Argentina. Mientras que el resto del continente buscaba vías de crecimiento, la economía local entró en un ciclo de estancamiento y retroceso que la posicionó entre las de peor desempeño en el hemisferio.

La inestabilidad fiscal y los nueve defaults

Uno de los pilares que explican la decadencia económica argentina es la incapacidad crónica del Estado para equilibrar sus cuentas. El desorden fiscal ha sido la norma y no la excepción. De acuerdo con registros históricos, desde 1960 hasta la fecha, la Argentina solo logró alcanzar un superávit fiscal financiero en 8 oportunidades. Esto significa que, en más de seis décadas, el país gastó sistemáticamente más de lo que ingresó, financiando ese bache con emisión monetaria o deuda.

Milei asegura que

Esta gimnasia financiera derivó en una inflación persistente, que se ubica entre las más altas del mundo desde hace décadas, y en la pérdida de acceso al crédito. La Argentina ostenta el triste récord de haber atravesado nueve defaults a lo largo de su historia. Cada cese de pagos no solo representó una ruptura con los mercados internacionales, sino que destruyó la moneda local y desalentó la inversión de largo plazo, motor indispensable para que el PBI per cápita vuelva a crecer.

En este contexto, el presidente Javier Milei subrayó recientemente en la Bolsa de Comercio de Córdoba la correlación entre las reglas de juego y el bienestar: “Aquellos países que son más libres crecen el doble, tienen un PBI per cápita 12 veces más grande; tiene 25 veces menos de pobres en formato estándar y 50 veces menos en el extremo”.

La fórmula de la prosperidad vs. la realidad local

El análisis de los países más ricos del mundo arroja lecciones que contrastan con la experiencia argentina. Según Focus Economics, las naciones que han sido exitosas en el últimos siglo realizaron inversiones masivas en capital humano, enfocándose en la educación y el desarrollo de habilidades para conformar una fuerza laboral altamente productiva. Además, mantuvieron una política económica orientada al futuro, centrada en la innovación y la diversificación.

Pese a algunos indicadores económicos positivos, la industria argentina sigue dando señales de deterioro.

Por el contrario, la Argentina ha enfrentado crisis fiscales recurrentes que obligaron a priorizar la urgencia sobre el desarrollo. El informe de Economía & Energía destaca que, si bien se han registrado meses de recuperación en la actividad económica general, los niveles industriales y de construcción siguen mostrando signos de fragilidad frente a años anteriores. La falta de un sistema legal transparente y eficiente, sumado a la inestabilidad de las reglas de juego, ha impedido que el país aproveche sus recursos naturales y humanos para revertir la caída en el ranking mundial.

La trayectoria que llevó a la Argentina del puesto 8 al 88 es un caso de estudio global sobre cómo la desatención de los fundamentos económicos puede erosionar la riqueza de una nación. Lo que en 1910 era un estándar de vida superior al de las potencias europeas, hoy es una lucha por recuperar niveles de ingreso de hace casi dos décadas.