La jefatura comunista quiere transacción no transición (REUTERS/Alexandre Meneghini)

La dictadura de Cuba ha logrado burlar a la comunidad internacional por 67 años. Los presidentes Carter, Clinton y Obama dialogaron y fueron engañados. Con Trump y Rubio no existe plan B. Entregan el poder por las buenas o por las malas.

En 1977 el presidente Jimmy Carter buscó diálogo con Fidel Castro, eliminó algunas restricciones de viajes y estableció las Secciones de Intereses entre ambos países. El régimen de Cuba siguió reprimiendo y enviando mercenarios al África y Centroamérica.

Fidel Castro se burló de la buena voluntad de Carter. La dictadura abrió las cárceles, enviando a Estados Unidos algunos presos políticos pero sobre todo delincuentes comunes, enfermos mentales y espías. Unas 125 mil personas llegaron en el éxodo del Mariel.

Clinton y su diálogo con el régimen de Fidel Castro. En 1993, el demócrata Bill Clinton llega al poder con una posición pragmática. La dictadura respondió derribando dos aeronaves de los cubanoamericanos Hermanos al rescate. Un crimen sin castigo.

Clinton fue contradictorio con Cuba. Firmó la Ley Helms Burton y reforzó sanciones, pero después flexibilizó el envió de remesas y abrió un diálogo migratorio que estableció la iniciativa Pies secos pies mojados. La dictadura siguió reprimiendo y asesinando.

El presidente Clinton flexibilizó el comercio con el régimen de Fidel Castro, alimentos, medicamentos e incluso donaciones humanitarias. Fidel Castro por su parte se encumbró en el poder con brutal represión y mano de hierro.

Obama lo dio todo a Cuba a cambio de muy poco. Se abrieron embajadas en ambos países y viajó a La Habana para estrechar la mano del dictador Raúl Castro. El tirano se burló en su cara y dijo que no había un solo preso político en la isla.

Con Obama, la dictadura recibió todo tipo de concesiones comerciales, culturales, políticas y aun así siguieron reprimiendo y encarcelando. Durante esos años mataron al dirigente Oswaldo Payá y Harold Cepero. Alegaron que fue un accidente.

La llegada del presidente Trump y el secretario Marco Rubio lo cambian todo. Por primera vez se habla claro: puede ser una toma amistosa o forzosa. Las pláticas con el régimen giran en torno a esos cambios. Nada más.

La pregunta no es si la dictadura va a caer sino cuándo. Si será una salida pacífica o una extracción quirúrgica al estilo Nicolás Maduro. Lo cierto es que el estatus quo o las concesiones al estilo Obama no están en la mesa. Eso se acabó.

La jefatura comunista quiere transacción no transición. En Cuba no puede haber un acuerdo similar al de Venezuela, porque la dictadura no tiene nada que ofrecer. Solo queda una transición pacífica y pronta. Con democracia y sin medias tintas.

Las declaraciones de Miguel Díaz Canel fueron casi una nota de capitulación. Mientras leía, el nieto de Raúl Castro, Raúl Rodríguez Castro alias “el Cangrejo”, parecía mover sus labios dictando cada letra y cada adjetivo escogido con mucho cuidado.

El gobierno comunista espera con ansias una posible victoria del partido demócrata en el Congreso. Desde ya hay voces que piden levantar sanciones y regalarle al régimen otros 67 años más. Imperdonable pero no imposible.

El tiempo es fundamental. Lo que sea que Estados Unidos tenga que hacer para alcanzar la libertad de Cuba, tiene que suceder antes que cambie el Congreso. Este es el tiempo perfecto para derribar los cimientos de la dictadura más antigua y criminal de las Americas.

*Arturo McFields es periodista exiliado, exembajador ante la OEA y exmiembro del Cuerpo de Paz de Noruega (FK). Es exalumno del Seminario de Seguridad y Defensa del National Defense University y el curso de Liderazgo de Harvard.