El economista especializado en desarrollo económico y comercialización estratégica analizó los avances y desafíos del actual modelo económico para la segunda mitad de gestión de Javier Milei, y anticipó los factores clave para consolidar un escenario de estabilidad y crecimiento.
— ¿Considera que el plan del equipo económico alcanzó un límite en su capacidad para reducir la inflación mensual, o estamos ante un proceso de ajuste de precios relativos que está cerca de completarse, especialmente en tarifas públicas?
— De ninguna manera. Creo que tuvimos una demora de ocho meses debido a las elecciones de medio término. En medio de una muy sucia campaña electoral, sumada a la presión de los devaluacionistas, lograron generar un temor que hizo que los argentinos dolarizaran casi el 50% del M2, es decir, de los pesos en circulación, más los depósitos, cajas de ahorro, etc. Esa caída brutal de la demanda de dinero obligó al Gobierno a secar el mercado, con altísimos encajes, provocando una suba desmesurada de las tasas de interés que frenaron la economía.
Una vez que Milei ganó las elecciones de octubre, el índice de riesgo país se desplomó junto con las tasas de interés, y paulatinamente volveremos a la tendencia a la baja en la inflación y a recomponer el crecimiento. Pero la disrupción del año pasado dejó costos y heridos.
Ahora iremos volviendo a la tendencia anterior y todavía falta terminar la fase final del ajuste de precios relativos, particularmente en tarifas y algunos servicios regulados. Cuando ese proceso termine, la inflación tenderá a converger hacia niveles internacionales mucho más bajos que los actuales.
“Una vez que Milei ganó las elecciones de octubre, el índice de riesgo país se desplomó junto con las tasas de interés, y paulatinamente volveremos a la tendencia a la baja en la inflación”
La clave sigue siendo mantener el superávit fiscal, la disciplina monetaria y la recomposición de reservas y del balance del Banco Central. Si esos pilares se sostienen, la desaceleración inflacionaria va a continuar.
— ¿Es posible, en el contexto argentino actual, compatibilizar simultáneamente una baja de la inflación, acumulación de reservas y aumento de la actividad, o existe un “trilema” que obliga a priorizar alguno de estos objetivos?
— No creo que exista un trilema estructural. Sí existen tensiones en el corto plazo, porque el proceso de reformas estructurales todavía está a mitad de camino, lo mismo que la reforma monetaria y cambiaria. Además, es inevitable que el cambio de sistema económico deje heridos, reestructuraciones de todo tipo y empresas que quiebren durante la transición. Una vez que ese proceso termina, las tres cosas son compatibles.
Argentina se encamina hacia el crecimiento sostenible, un Banco Central sólido e inflación bajísima, una vez que mejore la credibilidad y aumente la demanda de dinero, facilitando la acumulación de reservas. A su vez, eso generará las condiciones para la recuperación del crédito y la actividad de la construcción, que se sumará a otros sectores que ya están en expansión como el agro, la ganadería, la energía, el sector financiero y la economía del conocimiento.
El problema aparece cuando falta credibilidad o crece la incertidumbre en períodos electorales, por el temor racional a que vuelva el kirchnerismo. En ese caso sí hay tensiones. Pero con superávit fiscal y normalización monetaria, los objetivos van a converger.
Lecciones internacionales y el debate sobre dolarización
— Según la experiencia internacional en países con desequilibrios macroeconómicos comparables, ¿Qué estrategias han resultado más efectivas para estabilizar la economía y cuáles podrían trasladarse al caso argentino?
— La experiencia internacional muestra tres elementos comunes: disciplina fiscal sostenida, anclas monetarias claras y reformas estructurales pro-mercado. Lo vimos en Israel en los 80, en Europa del Este en los 90 y en varios emergentes en las últimas décadas. Lo que se puede trasladar a la Argentina es justamente eso: equilibrio fiscal permanente, reglas monetarias previsibles, apertura, desregulación y reformas que aumenten la productividad.
“No hay atajos; salvo la adopción de una moneda fuerte, como es el caso del euro, todos los países con economías inflacionarias y déficits fiscales crónicos se vieron enormemente beneficiados al dejar sus monedas”
No hay atajos; salvo la adopción de una moneda fuerte, como es el caso del euro, todos los países con economías inflacionarias y déficits fiscales crónicos se vieron enormemente beneficiados al dejar sus monedas. Italia, Francia, España, Grecia, Portugal e Irlanda eliminaron las liras, los francos, las pesetas y las dracmas y adoptaron el euro. La inflación cayó por debajo del 2% anual y sus tasas de interés se desplomaron, multiplicando el crédito a largo plazo.
En nuestro caso, sería un acuerdo monetario con Estados Unidos. para usar el dólar, pero eso no se ve en el horizonte cercano.

— ¿Cuáles son los riesgos y ventajas de que el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo anuncien públicamente que esperan una tasa de inflación inferior al 1% mensual a partir de agosto?
— La ventaja es que refuerza el anclaje de expectativas si el programa es consistente. El riesgo es que, si se percibe como demasiado ambicioso, pueda generar frustración si no se cumple exactamente en los plazos anunciados.
En general, la comunicación económica funciona mejor cuando combina metas claras con prudencia en los tiempos. Pero en este caso, si el ajuste de precios relativos termina y se mantiene la disciplina macro, no es una meta descabellada. Creo que efectivamente en algún momento del segundo semestre veremos la tendencia a una tasa de inflación que comience con cero por ciento.
Estanflación, actividad y perspectivas sectoriales
Instituciones y consultoras especializadas han señalado un contexto de estanflación, pero el EMAE marcó récord en diciembre y habría mantenido ese nivel en los meses siguientes. ¿Cómo interpreta esta aparente contradicción entre actividad y precios?
— Tuvimos un breve período de estanflación por lo que comentamos durante la campaña electoral. Pero creo que ya estamos viendo una recuperación gradual que se verá más fuerte a partir del segundo trimestre gracias a una buena cosecha de soja, maíz y girasol. La inflación todavía es alta porque arrastra la inercia del año pasado, pero la tendencia mensual retoma la trayectoria descendente, fundamentalmente porque vemos un balance del Banco Central que cada mes es un poco más sólido, la reducción del gasto público.

La baja de la inflación permitirá una reducción de las tasas de interés, lo cual es esencial para volver a crecer.
— Frente al conflicto en Medio Oriente, Argentina es protagonista en la producción energética y de alimentos, pero vulnerable ante la inflación. ¿Qué impactos prevé sobre la economía local y la política internacional?
— La guerra es siempre incierta porque es difícil predecir las acciones, sobre todo cuando el enemigo es un fanático religioso dispuesto a suicidarse. Dicho eso, nuestro escenario base es que la guerra será corta y el impacto neto será positivo para nuestro país. Irán amenaza al estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. Pero eso afecta fundamentalmente a China, a la India y a los países árabes, y a todos ellos les conviene que la guerra sea corta. También a Donald Trump le interesa porque tiene elecciones en noviembre y, si se extiende el conflicto, el consumidor americano se verá afectado por el aumento de la gasolina, que ya creció un 19 por ciento.
En cuanto a Argentina, tiene una posición relativamente favorable. El aumento del precio del petróleo mejora nuestras cuentas externas porque tenemos un saldo energético positivo, salvo en invierno. Nos pega en la urea que importa el campo, pero, por suerte, es un año donde ha tenido una excelente cosecha de trigo y se viene una buena cosecha gruesa entre marzo y junio. En el neto, posiblemente mejore en unos USD 2.000 millones, pero puede ser bastante más.
“A largo plazo, el efecto de la guerra en Medio Oriente es muy positivo porque Argentina se consolida como un proveedor de alimentos, energía y minerales, que está alejado de los escenarios de conflictos bélicos”
La parte negativa se da en un impacto inflacionario de corto plazo vía combustibles y logística, que se revertirá más adelante; puede ser un incremento algo superior a un punto anual. A largo plazo, el efecto es muy positivo porque Argentina se consolida como un proveedor de alimentos, energía y minerales, que está alejado de los escenarios de conflictos bélicos.
Cierre de empresas, inversiones y destrucción creativa
— El cierre de empresas en algunos sectores contrasta con nuevas inversiones en minería, energía y grandes marcas. ¿Observa una tendencia generalizada al cierre, o debe analizarse sector por sector?
— Claramente hay que analizar sector por sector y empresa por empresa. Hay sectores que estaban artificialmente protegidos o dependían de distorsiones macroeconómicas que hoy necesitan una reconversión y algunos no sobrevivirán. Pero también depende de las decisiones empresarias: si apostaron a la devaluación o a reconvertirse. Otros sectores están creciendo con fuerza.
Claramente estamos atravesando una transformación que es un “proceso de destrucción creativa”, como la famosa definición de capitalismo de Joseph Schumpeter. Al liberarse la economía se reasignan los recursos a los sectores más productivos y eso aumenta la riqueza del país y de sus habitantes.
— El equipo económico implementó una política cambiaria gradual (fases) para la salida del cepo. ¿Esto indica falta de una única estrategia, y debemos esperar modificaciones relevantes en el tipo de cambio?
— No indica falta de estrategia, sino que se eligió un camino de gradualismo pragmático en la salida del cepo, con discrecionalidad, hasta que el balance del Banco Central sea tan sólido que se animen a avanzar a la libertad cambiaria y monetaria como corresponde. Creo que este es el año de la acumulación de reservas, mientras seguirá bajando la inflación y se recuperará el crecimiento.
— Pese al superávit fiscal, estabilidad monetaria y reducción de la deuda pública, los mercados reclaman más instrumentos de anclaje para mejorar expectativas y reducir el riesgo país. ¿A qué atribuye esta exigencia adicional?
— A la historia argentina. Diversos gobiernos han estafado a los ahorristas sistemáticamente: varias hiperinflaciones, Plan Bonex, corralito, corralón, pesificación asimétrica, estafa permanente a los jubilados, confiscación de las AFJP… y también a los inversores externos con una decena de defaults. Los mercados miran no solo los datos actuales, sino la sostenibilidad en el tiempo.
“Se requiere ver acumulación de reservas y reformas estructurales avanzando, cosa que está ocurriendo. Pero permanece latente el riesgo de que retorne el kirchnerismo”
El Gobierno por eso debe sobreactuar el superávit fiscal, pero además se requiere ver acumulación de reservas y reformas estructurales avanzando, cosa que está ocurriendo. Pero permanece latente el riesgo de que retorne el kirchnerismo. Ese es el principal escollo. Por eso, cuando gane Milei el año próximo -cosa que creo va a ocurrir- vamos a ver una rápida caída del índice de riesgo país a 300 puntos básicos y luego paulatinamente hasta 100 puntos básicos.
— Los datos oficiales muestran mayor proporción de depósitos canalizados a préstamos para empresas y familias, pero persiste la percepción de estancamiento del crédito. ¿Cómo explica esta aparente desconexión entre datos y expectativas?
— Por un lado, partimos de niveles extremadamente bajos. Segundo, nuevamente el impasse por las elecciones del año pasado. A medida que bajen las tasas de interés y aumente la estabilidad, el crédito se expandirá más claramente. Va a ser uno de los principales motores del crecimiento durante la próxima década.
— La economía genera unos 250.000 empleos al año, aunque cae el empleo asalariado privado registrado. ¿La nueva legislación laboral permitirá reducir la informalidad en el corto plazo?
— Puede ayudar, pero no es inmediato y lamentablemente no se completó todo lo que era necesario. La formalización dependerá del crecimiento, la estabilidad y, sobre todo, de seguir reduciendo los costos laborales no salariales y los impuestos.
— ¿Qué variable o factor considera clave para monitorear la evolución económica argentina en los próximos meses?
— El equilibrio fiscal y el índice de riesgo país. Pero creo que también hay que monitorear la morosidad: hay que digerir las altas tasas de interés del año pasado, que impactaron muy fuerte sobre el consumo y sobre las pyme.
— Considerando el segundo semestre, ¿qué proyecta de inflación anual y crecimiento para 2026 bajo el escenario más probable?
— Veo inflación en torno al 20% anual y crecimiento del PBI superando el 4 por ciento.
Riesgos inesperados y percepción pública de la economía
— ¿Cuál sería el “cisne negro” o evento inesperado que podría alterar dramáticamente el escenario económico actual?
— Que se extienda la guerra generando una crisis internacional severa o una implosión de lo que tal vez sea una burbuja en las empresas relacionadas con la inteligencia artificial.
“Se subestima también la importancia de invertir en la primera infancia y en liberar el sistema educativo para que se adapte a la rápida transformación del mundo por la tecnología”
— ¿Qué cree que el debate público sobre la economía subestima o sobredimensiona respecto a los desafíos actuales?
— Subestima la importancia de las reformas estructurales y sobredimensiona los movimientos de corto plazo. Creo que se subestima también la importancia de invertir en la primera infancia y en liberar el sistema educativo para que se adapte a la rápida transformación del mundo por la tecnología.

— ¿En qué momento y bajo qué condiciones la población podría percibir en su bolsillo una mejora tangible derivada de la política económica?
— Creo que se va a ver muy claramente a partir de 2028, cuando la inflación ya esté en un dígito anual, las tasas de interés sean muy bajas, crezca la construcción y se consolide la recuperación del empleo y del crédito. La sorpresa va a ser la escasez de mano de obra, en especial de mano de obra calificada.