Pedro Almodóvar, en el rodaje de 'Amarga Navidad'. (©El Deseo, fotos de Iglesias Mas)

Después de su primer largometraje en inglés, La habitación de al lado, que le valió el León de Oro en el Festival de Venecia, regresa Pedro Almodóvar a España con Amarga Navidad, una película profundamente ‘metacinematográfica’ en la que el director reflexiona en torno a los límites de la creación.

Lo hace partiendo de uno de los relatos que compusieron El último sueño (Reservoir Books), una antología en la que se encontraba la historia de una mujer aquejada por una terrible jaqueca (en la ficción, Bárbara Lennie), que la conduce por un estado de perpetua desazón a lo largo de una serie de días en los que se relacionará con algunas personas a su alrededor.

Sin embargo, este solo es el germen de una historia que se pliega en sí misma para hablar del poder de las ficciones y de cómo los creadores se nutren de su alrededor para vampirizar a las personas que les rodean. Así, la segunda parte de Amarga Navidad nos muestra los engranajes del artificio, el de un director (interpretado por Leonardo Sbaraglia) que, tras intentos fallidos de hacer un buen guion, encuentra en el dolor ajeno la fórmula para conseguir sus propósitos.

En este segundo acto, encontramos al mejor Almodóvar en años, quizás desde Hable con ella, por su capacidad para aunar un conjunto de capas y texturas incómodas que terminan en una de las conversaciones más explosivas de su cine, la que tiene el creador (barra Almodóvar) con la mujer que le ha acompañado a lo largo de su carrera (interpretada por Aitana Sánchez-Gijón), que le recriminará su falta de escrúpulos a la hora de apropiarse del material de su vida para hacer una película.

-Pregunta: ¿Es el director en esta película un villano?

-Respuesta: Es el personaje que más me representa, con el que más tengo en común, es decir, que no he tenido que documentarme. Quizás por eso he tratado de no ser clemente con él, sino al contrario. Toda la diatriba final con el personaje de Aita es voluntaria, es una especie de autoagresión.

Y no es que a mí me vaya la marcha, pero encontré cierta delicia en poder ir en contra de mí. Lo que más me atrajo, según iba escribiendo el guion, es que me iba llevando por territorios que no me esperaba en absoluto y que me interesaban mucho. Y me refiero a lo ‘metacinematográfico’, porque hay un momento en el que la película se comienza a cuestionar a sí misma desde dentro.

Encontré en esa parte de Aitana, que le reprocha todo lo humano y lo divino, un ejercicio ‘pirandelliano’ donde podía hablar de mí mismo a través de otros personajes, y eso para mí, como autor, me dio vértigo, porque nunca lo había probado.

-P: Es una versión del director como ser ‘totémico’ que no suele ser habitual.

-R: Los autores somos una especie de pequeños dioses a los que todo el mundo obedece. Se les tiene respeto y eso nos da un poder descomunal. Y eso, a veces, lleva a pedir cosas que no son legítimas y que pueden hacer daño. En este caso, el personaje se encuentra en una sequía creativa y, si encuentra un filón, le da igual el dolor de las personas cercanas; se convierte en un ser egoísta. Solo piensa en la idea y en cómo desarrollarla, no piensa en la persona que está al otro lado y que quiere. Los autores somos egoístas, aunque yo intento no hacer daño a nadie, porque tengo claros los límites de la ‘autoficción’ de acuerdo a la sensibilidad moral.

Bárbara Lennie y Milena Smit en 'Amarga Navidad', de Pedro Almodovar. (El Deseo. Distribuye Warner)

-P: Pero sí que hay personajes que le inspiraron para esta película.

-R: Sí, pero en todo momento sabían dónde estaba el terreno de la realidad y la ficción, y que esto era un artificio, una obra cinematográfica. Yo tengo una enorme capacidad de disociarme y me ha ocurrido incluso en más ocasiones de mi vida, como en Dolor y gloria. Desde luego, en la escritura, absolutamente. En el momento en que empiezo a escribir, empiezo a distanciarme y, si algo está basado en mí, me alejo.

-P: ¿Ha sufrido con esta película un bloqueo creativo similar al de Leonardo Sbaraglia en Amarga Navidad?

-R: Afortunadamente, no he tenido todavía una crisis creativa, una sequía. No ha llegado, pero le tengo terror (ríe). Me da mucho miedo, sí. Y lo que haría sería lo que hace él, no parar de escribir hasta que encontrara algo.

El miedo a repetirse

-P: También se habla en la película del miedo a repetirse como autor, que es algo que le ha ocurrido incluso a los más grandes.

-R: Sí, también es algo de lo que intento huir, por eso en cada película intento hacer algo diferente. Pero no quiero caer en el cliché. Por ejemplo, a mí me parece estupendo que ahora exista un audiovisual sano en la industria española; lo que pasa es que para mí, como autor, lo último que quiero hacer es un original para una plataforma [lo dice refiriéndose a uno de los comentarios de la película]. Si alguien me dijera que mi trabajo es como una TV-movie, lo consideraría un insulto.

-P: ¿Qué postura tiene entonces sobre las plataformas?

-R: Están dando mucho trabajo y eso es ponderable. Solo que ahora se hacen las cosas de una forma que no las hace la gente, digamos, de cine. Directores a los que les han encargado una película y no se amoldan a lo que quieren, y eso es muy feo. Es gente que viene de otras ramas, de márketing, de televisión, no del cine propiamente dicho. No en todos los casos, hay que decir.

-P: En ese sentido, ¿sigue escribiendo y dirigiendo con libertad absoluta desde El Deseo?

-R: Creo que soy más libre cuando escribo que en la vida real. Te diría que las decisiones que tomo en mi vida son más cobardes que las que tomo sobre el papel. Pero no podría trabajar sin eso. En la película le preguntan a Sbaraglia: “¿Caiga quién caiga?” Me interesaba mucho ese debate moral con respecto a los límites personales. ¿Hasta qué punto todos los temas son viables? Pienso, por ejemplo, en El odio, de Luisgé Martín. Creo que tiene que ver con la intimidad, con cosas en las que se puede entrar y otras en las que no. Hasta cierto punto, creo que los creadores somos villanos en potencia. Lo decía Emmanuel Carrère en una entrevista: “Una familia con un escritor dentro va a tener muchos problemas”. Pues es verdad». Los autores somos peligrosos.

Victoria Luengo, Pedro Almodóvar, Patrick Criado y Bárbara Lennie en una imagen promocional de 'Amarga Navidad'. (El Deseo)

-P: Antes hablábamos de la libertad creativa. ¿Qué cree que está ocurriendo en la actualidad? Muchos autores no pueden hablar de política, como ha ocurrido en el Festival de Berlín.

-R: A mí me parece terrorífico lo que ha ocurrido, sobre todo en un festival que no en vano está en Alemania y que está aliado con Estados Unidos en esa actitud frente a las guerras. No resulta casual. Me alegro mucho de haber escuchado a mi querida Tilda Swinton leyendo un manifiesto en contra del jurado. ¿Cómo se le va a quitar el derecho a un artista a dar su opinión de lo que está pasando en estos momentos en la sociedad? Decir que el autor no debe manifestarse políticamente es de pronto cortarle un brazo a alguien. Es más, en muchos casos son ciudadanos más cultos y más preparados para hablar.

-P: ¿Qué piensa del momento político que estamos viviendo? Porque usted nunca se ha callado al respecto.

-R: Por fin parece que las izquierdas quieren que nos pongamos todos de acuerdo otra vez para hacer frente a la ultraderecha que, sin hacer nada, sube como la espuma. Que parte de los jóvenes piense que no les importaría vivir bajo la dictadura de Franco me parece para echarse a temblar.

Y que parece que no estamos haciendo nada. Yo digo, porque yo me lo pregunto muchas veces: ¿qué podría hacer? Y no se me ocurre nada. Solo sé que nos encontramos en una situación ‘peligrosísima’. Que recuerde, desde los últimos 50 años, yo creo que es la situación más peligrosa que la sociedad española está viviendo.

Pedro Almodóvar y Beatriz Martínez en la entrevista a propósito de 'Amarga Navidad' en El Deseo

-P: En los últimos años no ha parado de dirigir, ¿tiene eso que ver con el miedo a quedarse estancado?

-R: Creo que estoy haciendo más películas en los últimos cinco años que en los otros diez. Y eso porque el tiempo se me va. No es que piense en morirme ya, me encuentro bien de salud, pero noto que todo va muy rápido y no quiero parar. Tengo ya el guion para la siguiente. Chica, no puedo parar (risas).

-P: ¿Podría adelantarnos algo del próximo proyecto?

-R: Es una película donde sí se filtra de un modo patente el horror en el que estamos viviendo. Quiero ser optimista, pero el panorama no lo es. Pero se ha colado el mundo exterior, la atmósfera, que es bastante negativa y oscura. Pero estará llena de música y de canciones. De mi forma barroca de hacer cine, para no amargar a nadie.

-P: ¿Podría ser el sentido del humor un arma para combatir la intolerancia?

-R: Es lo que he intentado en esta siguiente película, que creo que es una comedia muy negra. El humor es una manera de liberarse de todo, eso siempre será así.