
El cantante y compositor salvadoreño Marito Rivera celebra 55 años de carrera musical en El Salvador, un recorrido que lo llevó de las aulas universitarias de odontología a los principales escenarios del país y el extranjero. Rivera, líder de Grupo Bravo, compartió en el programa “Corre Corre”, con Diana Verónica y Tony, que su historia profesional comenzó en la infancia, en su natal San Miguel, marcada por la disciplina familiar y una pasión que terminó por imponerse a cualquier otra vocación.
Según relató durante la entrevista, su primer acercamiento a la música ocurrió a los tres años, cuando observaba a su padre, Mario Rivera, ensayar con el grupo Los Diamantes Rojos. “Me prepararon desde pequeño, no era casualidad. A los cinco años ya tenía clases de piano, de canto y hasta de expresión”, recordó Rivera, quien subrayó que la exigencia era una constante en su hogar. El propio Rivera confesó que, pese a su amor por la música, su padre siempre alentó el estudio de una segunda disciplina. Así, tras culminar el bachillerato, inició estudios de odontología en la Universidad Evangélica de El Salvador y luego en la Universidad Alberto Masferrer (USAM), aunque las giras y compromisos musicales empezaron a dificultar su vida académica.
“Llegó un momento en que un profesor me dijo: ‘Mejor dedícate a la música, aquí no podés estar jugando así’”, contó Rivera durante la conversación. El consejo fue definitivo: “Ese mismo día tomé la decisión”, dijo. El cambio no estuvo exento de tensiones familiares, pero con el tiempo la familia se volcó de lleno a la agrupación musical.

El salto profesional de Marito Rivera y su Grupo Bravo llegó en 1983, cuando el artista impuso la condición de invertir en grabaciones de alta calidad y ampliar la presencia del grupo en San Salvador. “No quería que siguiéramos siendo un grupo solo de oriente”, relató Rivera, quien logró convencer a su padre para grabar en Discesa, el estudio más prestigioso de la región en aquel momento. El resultado fue el primer gran éxito: “Ven a bailar conmigo”, una cumbia que, según Rivera, surgió tras el aliento de su abuela, quien reconoció el potencial de la canción.
La agrupación, que en sus inicios interpretaba pop, rock y funk, viró hacia los géneros tropicales a partir de ese hito. Rivera destacó que la sencillez de sus composiciones ha sido clave en su conexión con el público: “Lo sencillo es lo que más llega al corazón”. Canciones como “Morena tropical”, “Carnaval de mi tierra” y “El baile del ejó” consolidaron el repertorio del grupo y marcaron una nueva etapa para la música bailable en El Salvador.
Una de las señas de identidad más reconocibles de Grupo Bravo es el grito “y con furia, bravo”, surgido, según narró Rivera, durante una etapa de frustración en la que sentía que el grupo no terminaba de despegar. “Me sentí furioso y comencé a meterle ese grito a las canciones, como quien dice: ‘Estoy enojado, apóyenme, esto no es juego’”. El distintivo se incorporó primero en la canción “Sabrosa cumbia” y, con el tiempo, se volvió la marca de la agrupación en conciertos y grabaciones, donde el público responde coreando “bravo”.

El nombre artístico también tiene su historia. Rivera explicó que al principio la agrupación se llamaba “Marito Rivera y su Órgano Rítmico”, pero al crecer y profesionalizarse adoptaron “Grupo Bravo”. El apodo “Marito” persistió, en parte para evitar confusiones con otro músico de nombre similar y en parte por la costumbre nacional de usar diminutivos como muestra de afecto.
Durante la entrevista, Rivera repasó los momentos más difíciles del proyecto familiar, entre ellos la crisis durante la adolescencia y la guerra civil salvadoreña. “Mi papá nos dijo: ‘Esta cosa no da, vean a ver qué hacen’”, comentó. Finalmente, la perseverancia y la fe en el proyecto lograron consolidar al grupo. Rivera enfatizó que vivir de la música ha sido una lucha constante, tanto en El Salvador como fuera del país.
En cuanto al impacto internacional, Rivera mencionó presentaciones en países como Estados Unidos, donde las giras coincidieron con etapas clave de su vida, y en Taiwán, donde participaron en el Festival del Café ante veinte mil asistentes.

El repertorio de Marito Rivera y su Grupo Bravo incluye éxitos como “La Malévola”, “Mentiras”, “Zapatos de tacón” y “El mar y el cielo”. Sobre esta última, Rivera contó que fue una recomendación de un colega y que la arregló a partir de una versión original de los Hermanos Hill. Rivera calcula que el 75 % de sus grabaciones son composiciones propias, aunque ha sabido incorporar clásicos a su estilo.
A sus 62 años, Rivera continúa liderando la empresa familiar, que genera alrededor de 35 empleos por evento y ha promovido el relevo generacional con sus hijos y sobrinos, quienes también se dedican a la música o la producción. “La música no es fácil, pero las satisfacciones son grandes”, afirmó el músico, quien prepara la celebración de sus 55 años de carrera con un espectáculo especial en teatro y artistas invitados.