
El vino argentino atraviesa un momento clave en su proyección internacional. Si bien las exportaciones mostraron en febrero una recuperación en volumen, ese alza no se tradujo en mayores ingresos en dólares por esas ventas.
Un análisis de Centro Cepa detectó una tendencia que complica al sector: el vino argentino pierde terreno en el segmento premium, mientras se vuelca cada vez más al vino a granel, un formato menos elaborado y de menor valor agregado. El resultado de esta situación es un incremento en exportaciones en volumen, pero con un menor nivel de ingresos.
Cepa se basó en los últimos datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). De acuerdo con la entidad, en febrero de 2026 el volumen total de vino exportado creció 8,5% interanual en febrero, mientras que los despachos de mosto concentrado aumentaron 12,7 por ciento.
El motivo principal fue el fuerte avance de las ventas a granel, con un alza del 55,7% interanual en volumen, que compensó la caída de los despachos fraccionados, especialmente los vinos de mayor valor, que retrocedieron 7,7 por ciento.

Es por eso que el valor en dólares de esas exportaciones cayó 7,6% respecto al año pasado. Según el INV, los envíos al exterior totalizaron unos USD 45,9 millones en febrero, frente a los USD 49,7 millones en el mismo mes del año pasado.
El segmento de granel, tradicionalmente asociado a productos de menor valor y escaso valor agregado, explica el grueso de la recuperación en volumen. Los vinos blancos a granel se dispararon un 168,8% y los de color, un 42,9%, mientras que en la modalidad fraccionada la caída afectó tanto a blancos como a tintos. Como resultado, el precio promedio de exportación se resintió y, si bien se vendió más, se ganó menos.
Primarización y pérdida de posicionamiento
El vuelco hacia el vino a granel implica una “comoditización” del perfil exportador, sostiene el informe. Los productos que lideraron el salto en volumen son, en buena parte, vinos sin mención varietal a granel, que aumentaron más de 600% interanual, y varietales a granel que también crecieron (19,4%), en tanto sus pares fraccionados cayeron.
Históricamente, el posicionamiento internacional de la Argentina se basó en la calidad y el valor agregado, con marcas y varietales icónicos como el Malbec.
Entre los destinos, Reino Unido lidera los envíos, especialmente como receptor y reexportador de granel, y se suman mercados como Estados Unidos (cuya participación en el total exportado saltó del 14% al 22% en solo un mes), Brasil, Canadá y Alemania. Pero mientras algunos países compran vino argentino para embotellarlo localmente o usarlo en mezclas, la competencia se endurece para el vino de calidad fraccionado y embotellado con marca de origen nacional.
Más volumen, menos ingresos
El sector vitivinícola atraviesa un escenario complejo. A esta caída en el valor de las exportaciones, se le suman los elevados costos productivos y logísticos y la falta de una demanda interna robusta —el mercado doméstico absorbe cerca del 70% de la producción pero no muestra señales de recuperación— siguen recortando los márgenes del sector.
El deterioro del valor exportado se da, además, en un contexto delicado para la vitivinicultura argentina. El sector viene de registrar uno de sus peores desempeños exportadores en casi dos décadas, afectado tanto por factores locales como internacionales.
Según datos del INV, en 2025 las exportaciones de vino alcanzaron 1,93 millones de hectolitros, una caída de 6,8% frente al año anterior. Se trató del volumen más bajo desde 2004, cuando los despachos al exterior habían totalizado 1,55 millones de hectolitros.
En términos de valor, las ventas externas sumaron USD 661 millones, con una baja interanual del 7,2%. Fue el nivel más bajo desde 2009, cuando el sector había exportado por USD 553 millones.