Volodímir Zelensky anunció este martes que tres equipos de especialistas en defensa antiaérea partirán esta semana hacia Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita para ayudar a esos países a hacer frente a los ataques con drones que Irán lleva a cabo en la región desde que EEUU e Israel iniciaron sus bombardeos contra la República Islámica a finales de febrero. Un primer equipo ya viajó a Jordania junto con drones interceptores para proteger las bases militares estadounidenses allí desplegadas, según reveló el mandatario ucraniano el lunes en una entrevista con The New York Times.
El asesor presidencial Dmitró Litvin precisó que los expertos enviados a Jordania tienen como misión específica la defensa de la base que EEUU mantiene en ese país, uno de los principales aliados de Washington en Oriente Medio y blanco de represalias iraníes por los bombardeos a la República Islámica. Según EFE, el equipo ucraniano partió al día siguiente de recibir la solicitud formal de Washington, aunque la Casa Blanca no ha confirmado públicamente el despliegue.
El operativo no es gratuito. Zelensky lo enmarcó en una lógica de intercambio: Kiev reclama misiles PAC-2 y PAC-3 para sus sistemas Patriot, imprescindibles para derribar los misiles balísticos rusos. “Si nos dan misiles PAC-3, les daremos interceptores de drones”, resumió el mandatario ucraniano. El presidente había propuesto un acuerdo similar a Donald Trump hace más de un año, sin que Washington mostrara interés en concretarlo.

La demanda ucraniana se inscribe en una escasez estructural. Lockheed Martin fabrica alrededor de 600 misiles PAC-3 al año, cifra muy inferior a lo que hoy necesitan juntas Ucrania y las potencias del Golfo. En los últimos cuatro meses, Kiev consumió 700 misiles Patriot, superando ya la producción anual del fabricante. La escalada agudiza ese déficit: en menos de una semana tras los bombardeos del 28 de febrero, Irán disparó más de 1.400 drones y 800 misiles contra objetivos regionales.
Frente a esa presión, la experiencia ucraniana resulta difícilmente replicable. Desde la invasión rusa a gran escala de 2022, las fuerzas armadas de Ucrania llevan cuatro años neutralizando oleadas nocturnas de Shahed —el mismo dron que Irán emplea en el Golfo— y perfeccionaron un sistema que combina guerra electrónica, grupos móviles de fuego e interceptores de bajo costo. Según el asesor presidencial Aleksandr Kamyshin, Ucrania derriba el 90% de los Shahed rusos sin recurrir a misiles convencionales. La asimetría económica explica el interés de los socios: un interceptor ucraniano cuesta entre 1.000 y 5.000 euros frente a los tres o cuatro millones de un PAC-3.
Zelensky confirmó que recibió once solicitudes de países europeos, de Medio Oriente y de EEUU. La experta Dara Massicot, en un análisis para la Fundación Carnegie, advirtió que las soluciones de bajo costo desarrolladas por Kiev no se han replicado en el Golfo ni en el contingente militar estadounidense en la región. La guerra en Irán ha convertido a Ucrania en exportador de conocimiento estratégico. El precio de ese conocimiento se mide en misiles Patriot, lo que revela hasta qué punto la experiencia de un frente puede reconfigurar alianzas cuando dos conflictos comparten el mismo armamento y el mismo adversario.