
(Ya no es solo que “Lo viejo funciona, Juan”)
“¡Hi-Yo, Silver!”, gritaba el Llanero Solitario. En Argentina ese grito se convertía en “Jaio Silver” que se traduce como Arre Plata con que el enmascarado azuzaba su caballo. Hoy, ese grito no es nostalgia, es una proclama de soberanía y, por qué no, de rebeldía de los veteranos.
La generación silver, personas de más de 50 años, hasta 80 o 90, ha dejado de ser una estadística demográfica para convertirse en un actor político disruptivo del siglo XXI. Lejos de los estereotipos de fragilidad y retiro pasivo, esta cohorte de baby boomers y generación X está impugnando la idea tradicional de vejez.
No aceptan el rincón del olvido ni el papel de sujetos tutelados. Se saben jóvenes de espíritu, independientes y, sobre todo, plenamente vigentes. Han transformado el autocuidado y la salud mental en actos de resistencia frente al edadismo, manteniendo mentes y cuerpos en una ofensiva constante contra el estancamiento.

Y en el terreno de la política deben dar testimonio permanente de no ser menos de los que solamente por un tema etario y tener el dato efímero de la juventud, son preferidos. Su influencia trasciende el consumo; estamos ante una fuerza electoral y social dominante. No son meros usuarios digitales, sino ciudadanos que utilizan la tecnología para organizar, aprender y exigir.
Para 2030, 1.400 millones de personas integrarán este bloque global y en nuestro país rondarán los 18 millones de habitantes. Son, sin duda, un peso político específico, pueden definir elecciones y son quienes poseen la experiencia crítica para liderar instituciones y quienes tienen el tiempo para ocupar el espacio público.
Ignorar a la generación silver es un error estratégico fatal para cualquier proyecto de poder. No se conforman (no nos conformamos) con mirar desde afuera los grandes temas de la sociedad. Son (somos) la vanguardia de una longevidad activa que puede sumar al dictado de la agenda del futuro.
Porque “lo viejo” no es un estado de obsolescencia, es un grado de maestría. Lo viejo no solo funciona: lo viejo decide, gobierna y puede marcar el rumbo de la historia.
Surge un cambio de paradigma, debido a esta nueva configuración demográfica aumentada en gente mayor, en virtud del mayor tiempo de vida, y en ese espacio la experiencia de la veteranía ocupa importantes casillas y no es solo un fetiche del pasado, es un sujeto político importante, es un activo estable en un mundo volátil.

En muchos países ha ocurrido y en el nuestro también que, por respetar lo que suponíamos eran reglas vigentes de la naturaleza, dejamos espacios de decisión y de conducción a los jóvenes como si ese único dato pudiese primar sobre otras calidades que necesitan las trazas institucionales y la vida partidaria, y en verdad no han sido mejorados esos ámbitos.
Erróneamente, descartamos para no quedar como “antiguos”, valores mucho más importantes que la edad, como la inteligencia, la honestidad, la creatividad política, la experiencia militante, la sabiduría y marchamos detrás de “falaces renovaciones generacionales” que nada cambiaban, empeoraban lo existente y fracasaban con regularidad en lograr resultados positivos. Algunas provincias argentinas son cabal ejemplo de esto.
Pues bien…¡basta! No queremos correr maratones ni jugar al fútbol, nuestro aporte puede no servir para la práctica deportiva intensa, pero sí y sin duda alguna, es útil para la vida política, el estudio de los problemas argentinos y las tareas institucionales que requieren madurez y experiencia.
Podemos dar fe que en la juventud aprendemos y en la veteranía, entendemos y que todos conocemos políticos, de todos los partidos, que son recontra viejos a los 30 años, así que…¡Mostrar el DNI…ni a la cana!
Osvaldo Mario Nemirovsci. Generación silver/plata (con orgullo) diputado Nacional mc – Río Negro.