Por segunda noche consecutiva, los cubanos salieron a las calles este sábado en al menos 10 a 15 municipios de La Habana y sus alrededores para protestar contra los extensos apagones y exigir el fin del régimen comunista, en lo que constituye una de las oleadas de manifestaciones más extendidas en la isla en los últimos años.
En el municipio de Regla, al este de la capital, vecinos encendieron fogatas en plena calle al grito de “¡Libertad!”, según registros difundidos en redes sociales y confirmados por activistas dentro de la isla.
La noche anterior, el mismo clamor había resonado en el barrio habanero de Jesús María, donde se escuchó el grito de “¡Abajo el comunismo!” entre el estruendo de los cacerolazos.
Las manifestaciones, que comenzaron de manera espontánea en la madrugada del viernes, se han ido extendiendo geográficamente a lo largo de las últimas horas. Activistas y periodistas independientes reportaron protestas simultáneas en múltiples puntos de la capital y en la provincia de Matanzas, al oeste del país.
El detonante inmediato fue el colapso de la central termoeléctrica Antonio Guiteras, la mayor del país, ocurrido el miércoles pasado, que provocó una reacción en cadena que desestabilizó la red eléctrica nacional. Según la estatal Unión Eléctrica, 10 de las 16 unidades de generación termoeléctrica del país están fuera de servicio por averías o mantenimiento, y los motores de diésel y fueloil —responsables del 40% del suministro— permanecen detenidos desde enero por falta de combustible.
El resultado es una crisis sin precedentes recientes: el viernes, el mayor apagón programado del día dejó simultáneamente a más del 68% de la isla sin electricidad, la peor cifra desde que existen registros. En algunas provincias, los cortes superan las 20 horas diarias. Según reportó EFE, los hospitales apenas cubren servicios mínimos tras cancelar consultas y operaciones, las gasolineras están desabastecidas, el transporte público ha desaparecido y los mercados estatales cuentan con cada vez menos productos.

El contexto es el de una economía que arrastra años de deterioro: Cuba ha perdido el 15% de su producto interno bruto en los últimos cinco años y el 20% de su población, y enfrenta el bloqueo petrolero de Washington, que le impide importar los dos tercios de sus necesidades energéticas que no cubre con producción propia.
El presidente estadounidense Donald Trump afirmó este sábado que Cuba se encuentra “en sus últimos momentos de vida tal como es ahora”, y aseguró que él y su secretario de Estado, Marco Rubio, están “negociando” con el gobierno cubano. La Habana nunca ha reconocido esos contactos, aunque hace semanas que tampoco los desmiente.
Desde Washington, la congresista cubanoamericana María Elvira Salazar expresó su apoyo a los manifestantes y lanzó una advertencia directa al régimen: “No se vayan a meter en contra de ellos, ellos tienen derecho a salir a las calles y a decir lo que quieran”.
El gobierno de La Habana ha implementado un plan de contingencia que incluye la instalación de 5.000 pequeños equipos solares donados por China y el aprovechamiento de combustible importado por empresas privadas, pero los analistas coinciden en que estas medidas resultan insuficientes frente a la magnitud del déficit energético.
Las perspectivas de una solución a corto plazo son escasas. Y con cada nueva noche de apagones, la calle cubana parece dispuesta a seguir respondiendo con fuego y cacerolas.