
El 28 de febrero de 2026 quedará señalado en los calendarios astronómicos como una de las fechas más esperadas de la década: el cielo nocturno ofrecerá el espectáculo poco común de una alineación planetaria grande.
Seis planetas, acompañados por la Luna, compartieron una misma franja del firmamento al caer la tarde y pudieron observarse simultáneamente, en los lugares donde las condiciones meteorológicas lo permitieron.
La NASA confirmó que este fenómeno no volverá a repetirse hasta el año 2040, lo que convierte a este evento en una cita ineludible tanto para astrónomos aficionados como para quienes desean descubrir el cosmos.

Venus, Júpiter, Saturno y Mercurio brillaron con intensidad suficiente para ser identificados a simple vista, distribuidos entre el oeste y el sur. Urano y Neptuno, en cambio, requerieron binoculares o telescopios debido a su bajo brillo, pero integraron la misma franja celeste, completando la alineación.
En simultáneo, la Luna mostró una fracción creciente de su superficie iluminada y acompañó el fenómeno, desplazándose cada noche.
El desfile planetario 2026 no solo representa una oportunidad visual sino también pedagógica: la coincidencia de tantos cuerpos celestes visibles facilita la observación y el reconocimiento de los planetas, acercando la astronomía al público general.
¿Qué es una alineación planetaria?

La alineación planetaria es uno de los fenómenos más llamativos de la mecánica celeste y, al mismo tiempo, uno de los menos comprendidos en su esencia. Existen dos maneras principales de definir este evento.
Por un lado, se trata de la aproximación de varios planetas a un mismo lado del Sol, una configuración que, vista desde arriba del Sistema Solar, ilustra cómo las órbitas de los planetas se agrupan en determinados sectores.
“Algunas personas piensan que los planetas del Sistema Solar pueden formar una línea recta vistos desde el Sol. Sin embargo, los planetas no pueden lograr una alineación completa en tres dimensiones. Incluso una agrupación más flexible en un cuadrante (un sector de 90 grados) es extremadamente rara: todos los planetas se reúnen en un cuadrante solo 7 veces en el milenio actual”, explican desde la NASA.

Por el otro, la definición más utilizada entre los observadores terrestres es la de una coincidencia visual: cuando varios planetas aparecen juntos en un sector del cielo, vistos desde la Tierra, y pueden ser apreciados en la misma región durante un lapso breve de tiempo.
Cuanto más estrecho es el sector, más espectacular resulta la alineación. Este tipo de fenómeno no implica que los planetas estén en línea recta en el espacio, sino que sus posiciones relativas, proyectadas sobre el fondo celeste, los agrupan en un mismo plano visual. A lo largo de la historia, la posibilidad de una alineación completa de todos los planetas fue materia de especulación y fascinación. Sin embargo, la ciencia desmitificó los supuestos efectos extraordinarios de estas configuraciones.
“Incluso cuando varios planetas se alinean aproximadamente en un mismo lado del Sol (visto desde arriba del plano del Sistema Solar), este raro evento —llamado una sizigia— es completamente inofensivo. Ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia sin consecuencias negativas”, completan desde NASA.

Los únicos objetos que influyen gravitacionalmente en la Tierra de forma apreciable son la Luna y el Sol, responsables de las mareas más intensas. El resto de los planetas, debido a su distancia y masa, no ejercen una influencia relevante sobre nuestro planeta, más allá del atractivo visual y científico que provocan.
Las alineaciones planetarias se clasifican según la cantidad de cuerpos involucrados. Una mini alineación reúne tres planetas, una pequeña incluye cuatro, una grande agrupa cinco o seis, mientras que la gran alineación, mucho más infrecuente, convoca a todos los planetas del Sistema Solar en un mismo sector.
El evento de 2026 pertenece a la categoría de alineación grande, por la cantidad de planetas agrupados y la facilidad de su visibilidad en horario nocturno temprano. El registro de estos fenómenos permite a la astronomía precisar la dinámica de las órbitas y la regularidad de sus repeticiones, como la prevista para 2040, cuando cinco planetas volverán a encontrarse en el cielo.

La ventana de observación más favorable se extendió durante aproximadamente una hora, a partir de los treinta minutos posteriores al ocaso.
En ese momento, el cielo tuvo la suficiente oscuridad para distinguir los astros más brillantes, aunque Mercurio y Venus permanecieron bajos sobre el horizonte oeste y desaparecerán aproximadamente cincuenta minutos después del atardecer.
La secuencia de visibilidad fue dinámica: Saturno pudo observarse durante una hora y media y Júpiter permaneció brillante hasta casi las 4:30 de la madrugada y la Luna acompañó el fenómeno desde una posición creciente. Urano y Neptuno, por su bajo brillo, estuvieron cerca del cúmulo de las Pléyades y de Saturno, respectivamente.

Desde México pudo ser observado en todo el territorio y los especialistas recomendaron mirar el firmamento a partir de los 30 o 60 minutos posteriores a ocultarse el sol, en el atardecer.
La hora exacta para poder empezar a ver esta alineación de planetas fue entre las 18:42 y 19:12 hora local. En Perú, el fenómeno también pudo verse en la misma franja horaria.

La observación simultánea de tantos planetas en una sola noche es inusual y, por ello, motiva la atención de astrónomos y divulgadores. El evento, además de su atractivo visual, tiene valor pedagógico ya que permite comprender, por ejemplo, por qué los planetas nunca se alinean perfectamente.
“Los planetas, en cualquier momento del año, siempre se encuentran -aparentemente- cerca de una línea imaginaria llamada ‘eclíptica’. La eclíptica es el camino aparente que recorre el Sol a lo largo del año. Si bien cada tanto los planetas cruzan la eclíptica nunca lo hacen todos en el mismo momento. De por sí, al estar cerca de la eclíptica, jamás podrían ordenarse en una línea recta, ya que la eclíptica sobre el horizonte es un arco. Y si a eso le sumamos que no se encuentran sobre la eclíptica, ni siquiera pueden formarse en una línea curva”, agregaron desde Planetario Galileo Galilei.
La diferencia entre perspectiva visual y realidad geométrica es una de las enseñanzas que deja este tipo de fenómenos. Cada observador, según su posición geográfica y las condiciones locales, vieron una versión particular del desfile.

“No todas las partes del mundo tienen la misma vista de las alineaciones planetarias”, explican los astrónomos, ya que la latitud, la altitud y la transparencia atmosférica afectan la visibilidad de los planetas.
El evento de febrero de 2026 se suma a otras alineaciones menores previstas para ese año, pero destaca por su magnitud y por la posibilidad de observarla en horario vespertino. Según el calendario astronómico, habrá configuraciones similares el 18 de abril, el 12 de junio, el 12 de agosto y el 14 de noviembre, aunque ninguna igualará el despliegue del mes de febrero.
La noche del 28 de febrero fue, para muchos, la puerta de entrada al conocimiento directo del sistema solar, una experiencia que combina emoción, aprendizaje y la certeza de estar presenciando un fenómeno que no se repetirá hasta 2040.