
“El peronismo tiene que perdonarse. Mirar el pasado y reflexionar que cualquier gobierno peronista es mucho mejor que este gobierno que nos está gobernando a los argentinos y nos está mandando a la miseria. Dejar de hablar del pasado, de los errores que hemos cometido, y empezar a mirar el presente y el futuro, y la necesidad de construir una propuesta junto al centro nacional para ganar las elecciones”.
El mensaje pertenece a Miguel Ángel Pichetto, el actual diputado nacional que forma parte de Provincias Unidas, donde convergen el peronismo cordobés y un sector del radicalismo. Un espacio con el que una parte del peronismo cree que se debe forjar una alianza electoral. El rionegrino fue un estandarte histórico del peronismo en el Senado y terminó protagonizando una disruptiva candidatura presidencial junto a Mauricio Macri. En los últimos meses volvió a mimetizarse con las bases del justicialismo, anudado a la figura de Guillermo Moreno.
El legislador y el ex secretario de Comercio hace tiempo que tienen sintonía fina. Si bien conviven con aspiraciones propias de cara al 2027, el objetivo central de sus apariciones políticas en conjunto tiene que ver con la necesidad de dinamizar la discusión del peronismo, inmerso en una tediosa disputa en la provincia de Buenos Aires, y atestado de dirigentes que quieren construir un proyecto nuevo pero no se mueven demasiado para impulsarlo.
Pichetto y Moreno trabajan en tándem para movilizar la construcción de una propuesta nueva justicialista. Claro está que ellos, como figuras, no expresan lo nuevo. Lo que hacen es empujar ese debate desde una terminal del peronismo. Levantan la mano, proponen que la discusión se expanda, reclaman que haya más compromisos de todos los sectores y advierten sobre la necesidad de levantar un esquema político más amplio para enfrentar a Milei. Para eso, creen, hay que saber perdonar. Menos acusaciones de traición y más abrazos de perdón. Como Cristina Kirchner y Sergio Massa hicieron en el 2019, antes de la creación del Frente de Todos.

El martes pasado Pichetto visitó a Cristina Kirchner. Fue un encuentro cálido en el que empezaron a saldar algunas heridas del pasado. Llevaban mucho tiempo sin verse. El rionegrino fue jefe de la bancada peronista en el Senado durante los dos primeros gobiernos kirchneristas. Un leal consciente de que la verticalidad del peronismo condiciona cualquier postura personal. Un crítico de las ideas más progresistas del kirchnerismo, que quiere trabajar de articulador de voluntades. Un rol que siempre le quedó cómodo.
“Ahora viene la etapa más fácil que es elegir un candidato. Solo nos falta que nos pongamos de acuerdo en elegir el hombre o la mujer que sea capaz de entender que es un proyecto colectivo, que tiene doctrina, que tiene un plan de gobierno. Tenemos que hacerlo entre todos”, dijo Moreno en el plenario que protagonizaron en el centro porteño. El ex secretario de Comercio asegura que el eje de la construcción tiene que ser “la producción y el trabajo”. Y es con todos adentro
Moreno asoció a Pichetto a la tarea de “volver a las bases peronistas”, como suele decir en sus actos. Ambos tienen una posición distante del armado de Axel Kicillof que, hasta ahora, es el principal precandidato que tiene el peronismo y el único que se mueve, decididamente, en esa dirección. El Gobernador tiene la intención de correrse de la interna bonaerense, pero los tironeos constantes con el cristinismo se lo impiden. Él también, por acción u omisión, a veces quiere jugar ese juego.
En las primeras horas del viernes Kicillof perdió una de las tantas batallas que dio contra La Cámpora. El sector de Cristina Kirchner se quedó con la vicepresidencia primera del Senado bonaerense. Pudo imponer al intendente, en uso de licencia, y actual senador por la primera sección electoral, Mario Ishii. Era un lugar que el kicillofismo no estaba dispuesto a negociar y que, después de una semana de conversaciones, terminó perdiendo.

El Gobernador quería que ese lugar fuera para la senadora de Bahía Blanca Ayelén Durán, pero no lo logró. Entendía que la línea sucesoria tenía que quedar en su poder. Sobre todo pensando en una eventual licencia si llega a ser candidato a presidente. Pero el cristinismo se plantó, peleó hasta el final, y le bloqueó esa posibilidad. “Cristina le dio la línea de sucesión a Macri y a Milei cuando fueron presidentes. Y ahora La Cámpora se la arrebató a Axel”, se quejó un dirigente de primera línea del kicillofismo. La diferencias son muchas. En lo máximo y en lo mínimo.
El esquema político del Gobernador jugó a fondo como sucedió en las discusiones por el PJ y el desdoblamiento. Pero esta vez se chocó con la derrota. O, visto desde otra óptica, con el triunfo de los Kirchner. El resultado abrió una hilera de reproches y acusaciones. En el kicillofismo aseguran que el cristinismo “rompió el acuerdo” de los lugares, ya que el vicepresidente primero anterior, Néstor Vivona, hombre de Leonardo Nardini, había tenido el aval de Kicillof. En el toma y daca, en La Plata dejan entrever que en esta vuelta no hubo una devolución de gentilezas.
“Hay un sector minoritario del MDF que siempre está buscando la ruptura e invalidando todo tipo de acuerdo. Siempre hablan de ganadores y perdedores”, indicaron en el entorno de la ex presidenta de la Nación. Los apuntados tienen nombre y apellido: Carlos Bianco y Andrés “Cuervo” Larroque. En el sector de CFK hay un enojo profundo con el Jefe de Gabinete bonaerense. Nunca lo quisieron demasiado, pero desde que aseguró que había que cumplir con los pedidos de Kicillof “sin chistar”, directamente pasó al grupo de los peores enemigos internos.
En paralelo a las batallas con el camporismo, Kicillof sigue sumando ladrillos a su construcción presidencial. Este sábado un conjunto de agrupaciones que están dentro del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) realizarán un primer plenario en el barrio porteño de Flores, con el objetivo de centralizar y consolidar el armado del Gobernador en la Ciudad de Buenos Aires.

En la articulación de ese esquema político, que derivará en la presentación del MDF porteño en un lapso breve, está el ministro de Producción bonaerense, Augusto Costa, amigo y hombre de extrema confianza de Kicillof. Costa creó una agrupación llamada Kilómetro 0 que, junto a Primero la Patria, liderada por el “Cuervo” Larroque, trabajan en la construcción del kicillofismo en la capital.
La idea que tienen es que para la presentación del MDF, Kicillof haga su desembarco oficial como precandidato presidencial en CABA. Ese cúmulo de agrupaciones tienen un plan paralelo e institucional. Quieren ganar terreno dentro del PJ Porteño para poder competir en las próximas elecciones, que se realizarán este año. “Hay que fortalecer las bases de quién va a ser el próximo presidente de la Argentina”, fue la sentencia anímica de una de las armadoras del esquema territorial en suelo porteño. La tribu axelista está decidida a avanzar con mayor decisión en el 2026.
El peronismo está en movimiento. Hay algunos acercamientos, unas cuantas grietas, divisiones marcadas y varios dirigentes que tratan de gestionar un debate interno que dé lugar a una nueva propuesta electoral. Sumas y restas. Casi todo el tiempo. Cuentas que se dan en un año donde el peronismo tiene que encontrar un camino que los lleve a mimetizarse, nuevamente, con las mayorías. Ese gran amor que tuvo varias separaciones en los últimos diez años.