El proyecto de pasarela en Cuyín Manzano: el emplazamiento fue elegido estratégicamente a 800 metros aguas arriba del antiguo puente destruido

Desde hace más de tres décadas, los vecinos del paraje Cuyín Manzano, en el sur de Neuquén, viven aislados cada vez que el río crece. El pueblo, rodeado por la geografía imponente de la Patagonia, perdió en los años noventa el único puente que lo conectaba con el resto de la región cuando una crecida extraordinaria del río lo arrasó. Desde entonces, cruzar sus aguas se volvió una odisea: familias enteras dependen de improvisados botes, precarios vadeos o caballo, siempre expuestos al peligro, especialmente en invierno o durante las lluvias.

La situación llegó a ser crítica. Niños y docentes debían recorrer kilómetros para llegar a la escuela rural Nº 11, muchas veces arriesgando su integridad en medio de corrientes rápidas y bajas temperaturas. Ante cada emergencia médica, la falta de un puente multiplicaba la incertidumbre y el temor. “Lo más doloroso es ver a los chicos cruzar con el agua a la cintura”, relataba en marzo pasado Mariana Ferranti, docente de la escuela. Laura Cornelio, vecina del paraje, describía la angustia generalizada de los vecinos: “Vivir así es estar siempre a la espera de que algo malo pase. Cada crecida nos corta la vida”.

Ese aislamiento complicaba además el acceso a alimentos, insumos y servicios básicos, y obligaba a los habitantes a planificar cada movimiento según el clima y el caudal del río. Las historias de accidentes y situaciones límite se acumularon con los años, marcando la vida cotidiana con una mezcla de resignación y esperanza de que alguna vez llegara la solución.

Entonces, esa situación tomó estado público y a partir de la visibilidad nacional que logró el reclamo tras la publicación del caso en Infobae, la respuesta comenzó a materializarse. Tras la nota, el proyecto de una nueva pasarela peatonal sobre el río Cuyín Manzano obtuvo dictamen favorable y avanzó en todas las instancias provinciales, pero quedó meses trabado a la espera de una autorización de Nación, indispensable por tratarse de una obra dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi.

Cuyín Manzano es un pequeño paraje y caserío rural ubicado en el departamento Los Lagos, al sur de la provincia de Neuquén. Se encuentra inmerso en la estepa patagónica, dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi

La travesía de pasar por el río

El permiso

Este viernes, finalmente, la provincia de Neuquén anunció en su página oficial que ya cuenta con la autorización nacional necesaria para comenzar la obra. La firma del acta entre la Subsecretaría de Recursos Hídricos, la Dirección Provincial de Vialidad y la Administración de Parques Nacionales fue el paso formal que durante meses demoró el arranque de las obras. Ahora, con financiamiento provincial garantizado y el proceso licitatorio avanzado, la construcción de la pasarela está lista para empezar apenas se pueda movilizar maquinaria y personal.

El trabajo demandará una inversión de más de 1.400 millones de pesos, será financiada íntegramente por la Provincia y tiene un plazo estimado de ejecución de nueve meses desde el inicio. La estructura metálica, reticulada en acero de alta resistencia, tendrá una longitud total de 105 metros, fundaciones profundas de hormigón armado, calzada antideslizante y barandas de seguridad, todo calculado para resistir las condiciones extremas de la cordillera y cumplir los requisitos ambientales del área protegida.

Mapa de ubicación del puente

A pesar de la noticia, en Cuyín Manzano reina la cautela. “Seguimos igual, nada ha cambiado”, decía días atrás Laura Cornelio, reflejando la desconfianza acumulada tras años de promesas y esperas en vano. También contó que este año, como el anterior, no hubo crecidas significativas del río Cuyín, lo que hubiera permitido avanzar con la obra sin sobresaltos climáticos: “Tenían todo el tiempo del mundo para haber hecho la pasarela. No hubo crecida, ni mucha nieve, ni deshielo. Nos manejamos bien, pero si llega a nevar este invierno, no sabemos cómo será la cosa”.

Cornelio le aseguró a Infobae que la comunidad no pretende una obra lujosa, sino una solución firme y segura: “Lo que queríamos nosotros era, aunque sea, era una tabla firme para cruzar el río, no pretendemos puro lujo. La pasarela es muy linda, enorme… Los vecinos habíamos conseguido cables de acero y gente para arreglar algo, pero no nos lo permitieron. Todos quieren abarcar, pero no hacen nada. Lo único que hay que hacer es algo bien hecho, firme y seguro para pasar y para que pasen los chicos”, reclamó.

Mientras tanto, la rutina de las familias es igual que desde 1992 porque saben que todo llevará bastante tiempo. “Seguimos siendo las mismas veinticuatro familias, cada vez quedan menos, porque los chicos que terminan la secundaria se van a buscar trabajo a otros lados. Vivimos a la espera y nada cambia”, lamentó Laura.

En la actualidad

La voz de la escuela

A Mariana Ferranti, docente de la secundaria N° 91, le toca ver la situación desde la perspectiva de sus estudiantes y describe cómo el aislamiento atraviesa la vida cotidiana de las familias: “La gente se sigue manejando de la misma manera, como hace treinta años. Desde que el río se llevó este puente, todos los pobladores que viven en la otra margen del río tienen que cruzar como pueden. Ahora que estamos en verano, pueden hacerlo a caballo o incluso caminando”.

También se lamentó por las trabas burocráticas. “El invierno pasado fue seco, no llovió mucho ni tampoco nevó mucho. Supuestamente, estos meses de verano son las mejores fechas para poder iniciar una obra. Pero queda solo marzo… En abril ya arranca nuevamente la lluvia, después viene la nieve, y en primavera viene el deshielo. Son muy poquitos los meses en los que se puede trabajar”. Por eso, estima que aunque todo ya esté de acuerdo a la ley para comenzar, no verán los resultados este año.

El paredón que quedó tras la caída del viejo puente

En la zona hay mucho aislamiento, más allá del puente. “No tienen ni línea de celular donde viven. Lo único que tienen es Radio Nacional Bariloche, y a veces ni siquiera eso. Te comunicás con ellos a través de la radio: dos veces al día pasan las novedades de los vecinos. Si hay que suspender clases o avisar algo, se lo informa por radio”, dice y recuerda a situaciones vividas hace más de 50 años.

Por eso, destaca el esfuerzo que deben hacer los y las estudiantes: “Salen de su casa a las 9:00, cruzan el río a caballo o caminando los cuatro kilómetros hasta donde los busca la Traffic; pasan la tarde en la escuela y a las 18:30 vuelven para Cuyín Manzano. Es un esfuerzo enorme para ellos”.

A pesar del avance administrativo, Ferranti insiste en la cautela: “La noticia que salió hoy está buenísima, pero ahora ya es complicado iniciar la obra. No es que se lo autoriza y empieza mañana… La empresa tiene que movilizar toda su maquinaria, sus empleados, sus materiales, y es difícil poder avanzar. No se sabe cuándo arrancarán… Pero bueno, algo es algo. Por lo menos, el permiso ya está. Ojalá que el año que viene esté hecho, si es que se puede comenzar, y que no hay que renovar todo; quizás se pueda avanzar con algo este año”.

El proyecto prevé que el tablero de la pasarela estará compuesto por 219 metros cuadrados de losetas de hormigón pretensado y contará con barandas y pasamanos de más de 4.500 kilos de acero pintado y anticorrosivo

El proyecto

La firma del permiso nacional significa un paso decisivo, pero no la meta final. La pasarela peatonal sobre el río Cuyín Manzano será una estructura metálica reticulada en arco, de 105 metros de longitud, diseñada específicamente para resistir las condiciones extremas de la cordillera neuquina. El proyecto prevé dos laterales de vigas de acero unidas sobre macizos de hormigón armado, con una calzada de losetas pretensadas antideslizantes y barandas de seguridad en ambos lados. El emplazamiento fue elegido estratégicamente a 800 metros aguas arriba del antiguo puente destruido, en un punto de estrechamiento natural del río donde el afloramiento rocoso permite fundaciones seguras y minimiza el impacto ambiental.

La obra incluye la ejecución de 40 m3 de fundaciones de hormigón armado, con armaduras de barras de alta resistencia encastradas al menos 1,5 metros en el macizo rocoso de ambos márgenes del río. Sobre estas bases se montarán más de 80 toneladas de superestructura metálica, diseñada bajo un esquema tipo viga Warren para garantizar estabilidad frente a crecidas y fuertes vientos. El tablero de paso se conformará por 219 metros cuadrados de losetas de hormigón pretensado, mientras que las barandas y pasamanos totalizarán más de 4.500 kilos de acero pintado y tratado contra la corrosión.

El acceso a la obra implica desafíos logísticos considerables: la empresa contratista deberá trasladar maquinaria pesada, módulos habitacionales y todos los materiales necesarios hasta el paraje, en una región de difícil acceso donde solo enero, febrero y marzo ofrecen condiciones óptimas para trabajar a orillas del río. El plazo estimado de ejecución es de nueve meses, aunque la experiencia de la comunidad marca que cualquier retraso en permisos, lluvias o crecidas puede extender los tiempos previstos y prolongar la situación de aislamiento de las familias. Por eso, vecinos y docentes insisten en la importancia de avanzar sin más demoras y aprovechar las ventanas climáticas disponibles.

Una vez finalizada, la pasarela no solo garantizará el cruce seguro para las 24 familias residentes, sino que permitirá el acceso ininterrumpido a servicios de salud, educación y abastecimiento durante todo el año. El proyecto prevé señalización, accesos estabilizados y el cumplimiento de todas las exigencias ambientales propias del Parque Nacional Nahuel Huapi. La infraestructura busca dar una respuesta concreta y definitiva a una demanda histórica, consolidando la conectividad y el arraigo en una de las zonas rurales más postergadas del sur neuquino.