Un docente, identificado como Seba Chirola, decidió abandonar la docencia tras comprobar que, en el sistema educativo actual, el vínculo humano entre profesores y alumnos queda relegado ante las exigencias normativas y la presión por las calificaciones.

Después de tres años impartiendo clases en distintos colegios, relató que la desconexión emocional y la falta de espacio para la empatía definieron su experiencia. El punto de inflexión se produjo durante una clase de Educación Física, cuando la directora del centro lo retó públicamente por la pérdida de tres pelotas, lo que derivó en una reacción colectiva de apoyo de los estudiantes.

Durante la reprimenda, Chirola se esforzaba por mantener la compostura ante los niños, según su relato en TikTok. Mientras la autoridad escolar lo increpaba, los alumnos observaban en silencio, absorbiendo lecciones ajenas al programa académico.

“Mientras me gritaba, intentaba mantener la compostura, mientras algo se me rompía por dentro. Y los niños observando, aprendiendo, y entonces pasó algo que jamás olvidaré”, contó el docente español.

Al cabo de unos minutos, los propios estudiantes, sin distinción de edades ni jerarquías, se acercaron para abrazarlo. Esta reacción espontánea de los alumnos, que eligieron el consuelo frente a la autoridad, dejó una marca indeleble en su memoria.

Tras el reto público, el docente decidió renunciar, pero recibió un abrazo colectivo inesperado (TikTok)

Esta vivencia lo llevó a reflexionar sobre un sistema que, según su visión, exige a los alumnos excelencia académica y promueve el bienestar emocional, aunque las propias estructuras educativas impiden esa convivencia.

Chirola sostiene que el sistema impone la excelencia académica como norma, relegando el bienestar emocional al plano discursivo. Según su relato, se habla de respeto, valores y empatía, pero estos conceptos rara vez se traducen en acciones concretas.

En ese sentido, señaló en redes sociales: “Quería que me contaran sus problemas, sus historias, sus pequeñas batallas, que para ellos son gigantes… Pero luego llega la realidad”.

“El sistema te impone lo que tienes que enseñar. No es lo que uno quiere transmitir, sino lo que las normas establecen”, lamentó el exdocente. Y aseguró que muchos adultos ni siquiera se respetan a sí mismos, lo que pone en entredicho la coherencia del mensaje dirigido a los alumnos.

La secuencia de la reprimenda selló su decisión. “Llegué a casa ese día llorando, pero no por el grito ni la situación, sino porque me sentí muy defraudado, porque pensaba que nosotros, los que educamos, teníamos que ser un ejemplo diferente”, expresó.

Según su perspectiva, la escuela exige a los menores que no griten, mientras los adultos a veces hacen lo contrario, reclamando respeto sin ejercerlo en la práctica diaria.

Tras dejar la docencia, redirigió su experiencia hacia el entorno digital; actualmente es creador de contenido y director ejecutivo de un programa en el que reflexiona sobre educación e infancia en nuevas plataformas.