Benoit Richaud, entrenador y coreógrafo francés de 38 años, se ha convertido en una de las figuras más comentadas de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina 2026. Su imagen ha circulado ampliamente en redes sociales debido a una particularidad logística: tuvo que cambiarse de chaqueta hasta 13 veces en una misma jornada, cada una correspondiente a la nacionalidad del atleta al que acompaña en la pista.
Richaud, ex patinador juvenil francés, orientó su carrera hacia el entrenamiento después de no alcanzar la máxima categoría como deportista. Actualmente, supervisa la preparación y coreografía de 16 atletas provenientes de 13 países, entre ellos Francia, Alemania, Georgia, Estados Unidos, Canadá, México, Japón, Corea del Sur, China, Suiza, Italia, Bulgaria y Estonia. La diversidad de nacionalidades obliga al entrenador a adaptar su vestimenta al país que representa cada uno de sus pupilos en cada presentación.
“Es una organización, va a ser rápido. Normalmente pongo todo en el vestuario del patinador. Normalmente no me dejan entrar. Pero me dejaron meter algunas cosas. Son muy amables. Si no, siempre tenemos un jefe de equipo o el entrenador de la selección nacional que guarda las chaquetas y me las dan”, relató Richaud a BBC.
Este peculiar sistema de cambios de vestuario ha generado que, durante el torneo, Richaud se haya visto obligado a usar trece chaquetas distintas, algunas veces en sucesión inmediata. La escena, repetida a lo largo de la competencia, le ha valido el apodo de el chico de la chaqueta en redes sociales. Incluso, se ha documentado que en apenas catorce segundos logra quitarse la chaqueta blanquirroja de Georgia, recorrer el lateral de la pista y enfundarse la plumas celeste de Estados Unidos antes de que comience la música en la pista.
Richaud acompaña a cada uno de sus patinadores hasta el banco donde esperan la puntuación de los jueces. “Sé que algunos entrenadores abogan por usar siempre ropa neutra. Yo lo hacía y me criticaban por ir siempre de negro. Pero los Juegos Olímpicos son algo diferente, un momento especial en el que se ha de apreciar las singularidades de cada deportista. Cada país, además, tiene una cultura concreta y diferente. Me gusta respetar esa riqueza. Es lo que trato de mostrar cuando salgo en pantalla junto a mis patinadores”, explicó.
Entre los nombres que dirige figuran los individuales Stephen Gogolev (Canadá), Maxim Naumov (Estados Unidos), Adam Siao (Francia), Nika Egadze (Georgia), Kao Miura (Japón), Tomàs Guarino (España) y Donovan Carrillo (México); las patinadoras Kaori Sakamoto (Japón), Mariia Seniuk (Israel), Alexandra Feigin (Bulgaria), Livia Kaiser (Suiza) y Maria Pavlova (Hungría); y las parejas Anastasiia Metelkina y Luka Berulava (Georgia), así como Minerva Hase y Nikita Volodin (Alemania). De hecho, Metelkina y Berulava, de Georgia, lograron la medalla de plata bajo su dirección.
Richaud diseña los programas de competición y la música de todos sus atletas. “Tan pronto como pisan el hielo, sé que van a hacer algo mágico y boom, ya estoy en su mundo. Tenerlos frente a mí me hace reconectarme con lo que van a hacer y cambiar emociones rápidamente. Hay muchos videos de mí cambiándome de chaqueta, pero también me muevo con mis patinadores. Quieres darlo todo por ellos. Tienes todas estas cosas que guardas en lo más profundo de ti. Hace unos años no estaba acostumbrado a tantas emociones contradictorias. Tenía un gran momento y luego iba a ducharme y empezaba a llorar sin ningún motivo. Me di cuenta de que era una forma de disipar esa emoción. Es un proceso. Ahora estoy más acostumbrado, con tantos patinadores y estas emociones”.
La logística detrás del trabajo de Richaud requiere que, entre rutina y rutina, regrese rápidamente al borde de la pista con la chaqueta correcta para la siguiente presentación. “Llego a la pista con más de diez chaquetas y parezco un idiota con todas ellas sobre los hombros o en las manos. Las guardo en un pequeño armario”, detalló. Cuando la organización lo permite, deja algunas prendas en la zona técnica; de lo contrario, cuenta con la ayuda de responsables de equipo para obtenerlas a tiempo.
La convivencia de atletas de diferentes nacionalidades, lejos de generar conflictos, fomenta un ambiente de comunidad. “No hay ningún tipo de envidia entre ellos. En definitiva, somos una comunidad; los patinadores incluso almuerzan juntos aquí en la Villa Olímpica; diría que incluso se apoyan mutuamente. Hay confianza; si no la creen, nuestra colaboración no funcionará”.
Richaud, que ha sido reconocido como el mejor coreógrafo del mundo por la federación internacional durante dos años consecutivos, destacó la necesidad de que su trabajo vaya más allá del deporte. “No estaré satisfecho si mi trabajo como coreógrafo es solo hacer la coreografía. Necesitamos intentar aportar algo que esté por encima del simple deporte. Tiene que ser espiritual. Siempre intento contar historias. Siempre intento que la gente sienta emoción”.