
La especie de rana ecuatoriana vinculada en reportes internacionales con la muerte del opositor ruso es la Epipedobates anthonyi, conocida comúnmente como rana dardo de Anthony. Este anfibio, nativo del suroeste de Ecuador y del norte de Perú, pertenece a la familia Dendrobatidae, grupo célebre por albergar algunas de las especies más tóxicas del planeta. La relevancia internacional de esta rana no radica únicamente en su biología, sino en la presencia en su piel de un alcaloide extremadamente potente: la epibatidina, una neurotoxina cuya síntesis artificial ha sido objeto de estudio en laboratorios de química orgánica desde la década de 1990.
La rana dardo de Anthony habita principalmente en bosques secos tropicales y zonas de transición andina en provincias ecuatorianas como El Oro, Loja y Azuay. Es un anfibio pequeño, de apenas tres a cuatro centímetros de longitud, con patrones de coloración que combinan tonos verdes, marrones y rojizos, utilizados como advertencia visual frente a depredadores. Como otras ranas dardo, no produce directamente su toxina; la obtiene de su dieta, compuesta por hormigas, ácaros y otros artrópodos que contienen precursores alcaloides. En cautiverio, cuando se modifica su alimentación, estos ejemplares pierden su toxicidad, lo que confirma el origen dietario del compuesto.
El alcaloide asociado a esta especie fue aislado científicamente en 1974 y recibió el nombre de epibatidina. Investigaciones posteriores determinaron que actúa como agonista potente de los receptores nicotínicos de acetilcolina en el sistema nervioso central y periférico. Su potencia analgésica resultó ser cientos de veces superior a la morfina en modelos experimentales; sin embargo, su margen terapéutico es extremadamente estrecho. Dosis apenas superiores a las que producen analgesia generan convulsiones, parálisis muscular y depresión respiratoria. Por esa razón, nunca fue aprobada como medicamento y su interés se mantuvo en el ámbito experimental, donde se sintetizaron análogos menos tóxicos para estudiar mecanismos neurofarmacológicos.

La epibatidina puede ser sintetizada completamente en laboratorio mediante procesos de química orgánica avanzada. Desde la publicación de su estructura molecular, múltiples equipos académicos han desarrollado rutas de síntesis total, lo que significa que no es necesario extraerla directamente de la rana para obtenerla. Este punto resulta clave en el debate actual, pues la presencia de la sustancia en un caso criminal no implicaría necesariamente tráfico biológico de anfibios ecuatorianos, sino la utilización de un compuesto reproducible con infraestructura química especializada.
En febrero de 2026, gobiernos europeos —entre ellos Reino Unido, Francia y Alemania— divulgaron resultados de investigaciones forenses sobre la muerte en prisión del opositor ruso Alexéi Navalny, ocurrida el 16 de febrero de 2024. Según esos informes, análisis toxicológicos practicados a muestras biológicas habrían detectado epibatidina, sustancia que, de confirmarse judicialmente, explicaría un cuadro compatible con parálisis progresiva y fallo respiratorio. Las autoridades rusas rechazaron públicamente estas conclusiones y sostuvieron que el fallecimiento se debió a causas naturales, mientras que gobiernos occidentales calificaron el hecho como un presunto asesinato con agente neurotóxico no convencional.
La epibatidina no figura entre los agentes clásicos de guerra química como los organofosforados tipo Novichok, pero su uso deliberado con fines letales plantearía interrogantes bajo la Convención sobre Armas Químicas, que prohíbe el empleo de sustancias tóxicas como método de asesinato o represión. Especialistas en control de armas han señalado que, aunque la molécula es conocida desde hace décadas, su manipulación segura requiere capacidades técnicas avanzadas debido a su altísima toxicidad.
Mientras continúan las disputas sobre la responsabilidad en la muerte del opositor ruso, la evidencia científica disponible confirma que la epibatidina es real, extremadamente potente y perfectamente sintetizable en laboratorio. Lo que permanece en debate es el uso específico que se le habría dado y la cadena de responsabilidades en torno a un caso que mantiene enfrentadas a Rusia y varios gobiernos europeos.
En Ecuador, la especie sigue siendo estudiada como parte del patrimonio biológico nacional y como ejemplo de la riqueza química que albergan los ecosistemas tropicales. Su nombre vuelve hoy a titulares internacionales no por su ecología, sino por el poder letal de una molécula que, nacida en la piel de una rana andina, se ha convertido en objeto de una disputa global.