
En medio de la discusión por la reforma laboral en el Congreso, que ya tiene media sanción del Senado pero que será modificado en la Cámara de Diputados tras el debate generado por el artículo sobre las enfermedades, el viceministro de Economía, José Luis Daza, publicó un extenso texto para explicar por qué considera que la flexibilidad adquiere un valor central en contextos de alta incertidumbre y apeló a la “lección de los dinosaurios” para remarcar que en un mundo incierto no necesariamente sobreviven los más fuertes, sino aquellos que logran adaptarse a shocks inesperados.
El número 2 de Luis Caputo estructuró su planteo alrededor de un desarrollo teórico que ubicó en 1976. Según detalló, ese año los economistas norteamericanos Myron Scholes, Fischer Black y Robert Merton desarrollaron una fórmula que permitió cuantificar el valor de la flexibilidad en los mercados financieros. El funcionario señaló que ese modelo sustenta actualmente más de USD 200 trillones en contratos y que su aporte central demuestra que el principal determinante del valor de una opción es la incertidumbre.
En su explicación, Daza sostuvo que cuando el futuro resulta predecible la rigidez tiende a ser eficiente, porque la flexibilidad tiene escaso valor económico. En cambio, cuando la incertidumbre aumenta, la posibilidad de adaptación adquiere una relevancia mayor. Según su planteo, esta lógica no se limita al universo financiero, sino que describe dinámicas de la economía real y de la toma de decisiones en general.
“La fórmula Black-Scholes-Merton demuestra algo profundo: el principal determinante del valor de la flexibilidad es la incertidumbre. Lo podemos medir. Sin incertidumbre: la flexibilidad no vale casi nada. Si el futuro es predecible, la rigidez es eficiente”, dijo el economista en su cuenta de la red social X, en momentos en que la reforma laboral está siendo profundamente discutida, con un llamado a un paro nacional por parte de la CGT para el día -aún incierto- en que Diputados tratará el proyecto.

Dentro de ese marco conceptual, Daza introdujo el campo de las opciones reales, que traslada herramientas de valoración financiera a decisiones productivas y organizacionales. En ese punto mencionó que el presidente Javier Milei es especialista en ese enfoque. La idea central consiste en interpretar decisiones económicas como opciones que se activan o se descartan según evoluciona el entorno.
Un mundo incierto
El funcionario describió el escenario actual como un mundo atravesado por una elevada incertidumbre. Enumeró una serie de interrogantes: qué industrias dominarán dentro de cinco o diez años, cómo impactará la inteligencia artificial, qué empleos desaparecerán, cuáles surgirán y cuáles serán las consecuencias económicas de los cambios geopolíticos. Bajo ese diagnóstico, planteó que la capacidad de adaptación resulta un factor decisivo para sostener la actividad económica.

A partir de esa premisa, definió la flexibilidad como una “opción” sobre los empleos del futuro. Según su explicación, la rigidez busca preservar ocupaciones asociadas a estructuras productivas del pasado y tiende a fallar cuando esas actividades pierden relevancia. En mercados rígidos, indicó, el trabajador queda atado a su última especialización o a su último puesto, incluso si ese sector pierde viabilidad. Si la industria cae, el trabajador cae junto con ella.
En contraste, describió a los mercados laborales flexibles como entornos donde trabajadores y empresas pueden reinventarse frente a nuevas oportunidades. Bajo esa lógica, el trabajador no posee un puesto fijo, sino una cartera de opciones potenciales que puede activar según cambian las condiciones económicas. Esa movilidad facilita la reasignación de recursos humanos hacia actividades emergentes.
Para reforzar su argumento, el viceministro mencionó ejemplos internacionales que vinculó con dinamismo laboral y menor desempleo. Señaló a Dinamarca, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Hong Kong y Singapur como economías con mercados laborales más flexibles. En el extremo opuesto ubicó a la Argentina, a la que describió como poseedora de una legislación laboral rígida y obsoleta, con un empleo formal que, según indicó, permanece estancado desde hace 15 años.
Daza enumeró tres efectos que, a su entender, producen los mercados laborales flexibles cuando permiten desplazamientos rápidos entre sectores. Primero, reducen el desempleo estructural al bajar costos de contratación. Segundo, aceleran la adaptación a nuevas tecnologías, lo que mejora productividad e ingresos. Tercero, incrementan la transferencia tecnológica entre industrias y favorecen el aprendizaje colectivo.
El funcionario afirmó que, en contra de una percepción extendida, la flexibilidad funciona como un seguro frente a la desaparición de industrias completas. La posibilidad de cambiar de empleo o sector opera como un mecanismo de protección ante transformaciones económicas profundas, porque permite ajustar decisiones laborales a entornos cambiantes.
La lección de los dinosaurios
Como recurso ilustrativo, Daza presentó lo que denominó la “lección de los dinosaurios”. Señaló que en un mundo incierto no necesariamente sobreviven los más fuertes, sino aquellos que logran adaptarse a shocks inesperados. Según su analogía, los dinosaurios representaban a los animales más poderosos de su tiempo, pero no contaron con la capacidad de adaptación suficiente para enfrentar cambios abruptos. Utilizó esa comparación para describir la importancia de estructuras económicas capaces de reconfigurarse.
El hilo incluyó además la formulación matemática del modelo Black-Scholes-Merton, que expresa el valor de una opción financiera: C = S₀ N(d₁) − K e^(−rT) N(d₂)d₁ = [ln(S₀/K) + (r + σ²/2)T] / (σ√T)d₂ = d₁ − σ√T
El planteo se insertó en la discusión legislativa sobre la reforma laboral, donde distintos sectores analizan el equilibrio entre protección de derechos adquiridos y mecanismos que faciliten la movilidad ocupacional.